DIGNIDAD

miércoles, 17 de octubre de 2012

RUDRAKSHA


Amanece en el Ganges (en Benarés -o Varanasi-)

Bueno, ya estoy de vuelta de mi primer viaje de envergadura. He estado en India durante unos veinte días. En la India del Norte, que es preciso puntualizar eso, bien sabrá por qué quien lo conozca y quien quiera averiguarlo por Internet, por ejemplo.

Me ha resultado impresionante aquello. Aquellas gentes. No ha sido fácil ver malos gestos, malos rollos y no ha sido difícil ver dispares individuos con distintas inquietudes, intereses, intenciones… por palmo cuadrado, que es que allí, en India, la unidad de superficie, cuando se trata de medir densidad poblacional, es ésa, el palmo cuadrado.

Como es bien evidente, no aspiro a mostrar absolutos entendimiento y comprensión de la personalidad del individuo tipo de la India. Sólo pretendo dar a entender cómo interpreté aquello yo, cómo me afectó o cómo procesé lo que iba viendo.

Desde que llegué, todo fue un impacto continuo, un raudal de sensaciones, todas de gran calado, de mucha dimensión emocional, y todas seguidas, sin solución de continuidad. En medio de la vorágine cotidiana, se observa, uniforme, el sosiego, la tolerancia, la calma. Como manto común. Y un abigarrado conjunto de colores, como una eufonía colorista, un sinfín de todo. Cualquier sentido, los sentidos todos, son afectados y sufren una composición que subyuga, que se te lleva: miras, ves, hueles, oyes, tocas y gustas todo, y todo es nuevo y es viejo. Todo junto.

India te toca, te llega… y en seguida te atraviesa, te conmueve, se te cuela hasta todo lo hondo. Y te duele. Dolido te deja. Y dolorido. Todas las personas que he visto son las más amables y cordiales que jamás había conocido. Y generosas.

La mirada de esta gente es a los ojos. Es directa, ingenua y sincera. Y profunda, como observó Paquita, una de las compañeras de viaje.

No puedo, no es éste el lugar, explayarme ni concretar más. Y seguir dando a entender mis interioridades sólo serviría para repetir, aparentemente, cosas, lo que no resultaría sino tedioso.

Todo lo dicho vale para todo el recorrido que hicimos, que ha sido de más de 3.500 kms. Es imposible saber, o siquiera imaginar, cuántas personas, y de cuántas castas, clases sociales, religiones, sectas y cualquier otra clasificación grupal humana que se nos ocurra hacer, habré visto. Y, vuelvo a decirlo, todas, siendo evidentemente distintas en lo individual, se parecen en lo dicho, en eso que me ha conmovido de tal manera. Vuelvo aquí y me encuentro con tres, escrupulosamente tontos, que hablan de “españolizar”, de “catalanizar” y de que los huelguistas son de batasuna… y piensas, sin ánimo alguno de pretender mantener unido todo este personal que, ya hace siglos, se llama España –y no fue creado ni conformado por un decreto de anteayer, ni Cataluña, como parte del Reino de Aragón, fue ajena a su prístina formación, precisamente-, ni tampoco de disgregarlo, piensas, digo, si esos escrupulosos tontos no tendrán ganas de enfrentar, provocando a mansalva, o de ganar la poltrona que otorgan las elecciones -pues lo tenía crudo el Arturito, de no haber tocado la fibra nacionalista de uno y otro signo-. ¿Tan distintos y tan distontos somos, o nos hacen ver que somos, que nos es imposible vivir tres cuartos de hora sin discutir pretendiendo, no ya convencer, sino sólo ganar la disputa? Resulta tan aburrido, superficial y embustero todo esto, que ahora es cuando siento náuseas, no en la India.

Por cierto.

jueves, 30 de agosto de 2012

MIS CORRIDAS DE AGOSTO


Cavilando ante el panizo

El lunes pasado, por fin, tras quién sabe cuánto, volví a correr con Mateo. Me hube lesionado y, después de tanto tiempo, tiempo en el que él ha seguido entrenando y mejorando mucho, no se le ocurre otra cosa que “denostar mi folganza” por no escribir desde mayo. Me sentó mal. Puede que porque tenía razón, pero yo me defendí arguyendo que no se me ocurrían más que cosas que salían en todos los medios, feas o poco agradables y muy repetidas, así que yo sólo hubiera conseguido abundar, aburrir… y, quizás, amargar a quien quisiera u osara leer.

No obstante, le dije –y porque creo, insisto, que tenía razón y he decidido que vuelvo a escribir y ya está-, ya que te atreves a vilipendiarme, escribiré de lo que hablemos durante el recorrido por los caminos sin sol –por el humo que se interponía, proveniente del Moncayo- de Tauste, así que gasta cuidado.

Habló de Amparo Baró, que ha recibido un premio como actriz en Mérida, y yo recordé cuando estuve allí, hace dos años, viendo la representación de Lisístrata. Le dije acerca de mi indignación de las farsas vitales: los Borbones y su cohorte, que están todo el día representando sus pamemas, con buenos sueldos, y sin preguntar a nadie si queremos que sigan con sus monsergas. Que dan un pésame: “… manifestamos nuestro más hondo pesar…”, que dan un premio: “… queremos hacer llegar la más grande de las alegrías…” Joder, estas gentes han de ser los más en todo. Pero no se les ocurre irse lo más lejos que se pueda. A tomar pol culo o no, que me da igual, pero irse y lejos parece lo propio. Me dan vergüenza cuando los veo, a ellos y a los que se inmiscuyen en la pantomima que representan, poniendo “caricas”, haciendo gestos protocolarios… en fin, dándose importancia y dando importancia a las zarandajas más sublimes: haciendo lo que mejor hacen, el ridículo. Son ridículos. Aparte de unos sinvergüenzas. Y la gente, jodida, sin ganas de levantarse muchos días de la cama. ¡Se creen importantes, trascendentes, oye! Y están todo el día haciendo unas declaraciones de una grandilocuencia absolutamente absurda. Porque, en fin, yo vería sentido a un monarca con rasmia, violento, agresivo, absolutista, ruidoso, que gobernara con mano dura, como corresponde, que no consultara a nadie lo que quisiera hacer, que enarbolara una espada y arengara a sus huestes contra quien le contrariara lo más mínimo, fueran elefantes o cualquier otra cosa. Lo que define a un rey, vamos. Pero a que sea el jefe de un estado que es, según se dice, demócrata, pues como que no le veo sentido ni lógica. En una democracia, ¿para qué se quiere un rey, una figura que representa un papel sin que haya hecho meritaje o casting o como se llame, ni se someta a los aplausos o los abucheos, y que encima dé la misma herencia, poder recibido por el dictador y asesino anterior, a los de su ralea? Y me enardece ver al Felipito hablar solemnidades sobreactuando, representando un papel que no se cree, sonriendo de medio lado, enarcando, con cara de guasa, una ceja, como riéndose de todo y aún más, pues cobra, y no poco, de todos ésos que le aplauden y de todos los demás, los que ni le aplaudimos ni verlo queremos. Es decir, es contradictorio que se pague por representar una obrita, un sainetillo malo, a quien no se ha elegido para ello… Sin embargo, ahora que lo pienso, para la mierda de democracia que tenemos, que los bobos Borbones estén ahí lo dice todo –¿bobos digo? Sí, sí: tontos, tontos, mierda, mierda-.

Y, aproximadamente por la higuera de la Canaleta’l Indio, vimos unos paquistaníes paseando y me recordó, supongo que para hacerme cambiar de tema y de vehemencia, que dentro de unos días, en septiembre, las personas que no tengan papeles, no serán atendidas por el Seguro. Que podrán ir a la privada, o ser atendidos en la Pública, pagando 710 €, o 1.864 si tienen más de 65 tacos. Anda que… si no tienen papeles, ¿de dónde sacarán ese parné? Por un lado, le decía a Mateo, yo veo, como sucediera ya cuando gobernaba aquel Ánsar, aquel payasete -o payasito fantasmón, no sé muy bien cuál le va a semejante malasombra mequetrefe-, que el estímulo hacia todo lo privado es flagrante –cuando aquel pérfido personaje gobernó, se incrementó la Seguridad Privada “el que quiera seguridad, que se la pague” decía el mamón, y descendió el número de policías y guardiaciviles, pues no había ni oposiciones ni nada-. Y, en lo concreto de lo que hablamos, además, se trata de potenciar el Fraude Fiscal, que parece, por cierto, que es el lastre real de la economía, depauperada por chorizos, de este país. ¿Qué por qué lo digo? Pues mira: si el personal que no tiene papeles ha de pagar las consultas, el canon ése de 710 € o un seguro privado, ¿de dónde sacará el dinero? Evidentemente, de trabajar “en negro”. ¿Y no es eso la Economía Sumergida, el Fraude Fiscal? Y, por cierto, además de atestar las Urgencias –que, que se sepa, no eran los inmigrantes la mayoría de los que las usaban, ni son los que más uso de la Sanidad Pública han hecho hasta ahora, que hay datos que avalan lo que digo-, por esta tontada de Ley de la Mato ésta, la otra ley, ésa a la que alude de los años 80, ésa que dice que se cobrarán los servicios “prestados” –lo dijo ella, lo entrecomillado, textualmente, y yo lo pongo adrede, ya se verá por qué-, es una ley que, en forma resumida, venía a decir que se cobrarían a los sistemas sanitarios de sus países los servicios proporcionados al personal extranjero… recuerdo que existía un documento llamado “Compromiso de Pago”. Pues bien, se llegó a ni siquiera mandar ese documento a esos países para ser cobrados los servicios, pues ni contestaban que no iban a pagar. En resumen, los que no tengan tarjeta, dice la estúpida ministra –deslenguada o lenguaraz en todos los sentidos, incluido en el de lengua de trapo-, pagarán en el “inte”, como dice la ley de los ochenta. ¿Y los que tengan tarjeta de otros países, que suelen ser europeos y vienen aquí, a eso que se ha dado en llamar turismo sanitario, generalmente a que se les trate de dolencias… digamos más pijas, no las tan vitales –y más económicas- y necesarias de los “sin papeles”? Pues a ésos, como digo, no se les cobrará la intervención sanitaria, por tanto, no se les “prestará” el servicio sanitario sino que, como se viene haciendo, se les “regalará”.

domingo, 13 de mayo de 2012

INDIGNADO Y CABREADO


 

Leo en Público "Mato se queja de que salen a la calle los que despilfarran" y vuelvo a cabrearme y decido que, aunque había pensado callármelo, diré que está bien que el personal del movimiento 15M demuestre su pacifismo, a pesar de "los otros". Y había pensado también callar que me da que no es ilegítimo defenderse de unos fantoches que se permiten pegar a quien les da la gana, siempre que físicamente sea inferior, claro. Es decir, me molesta que unos macarras cobren por dar palos (y, sobre todo, que los den, por supuesto), pues, en resumen, es el modo de funcionar de buena parte de la policía, de la de aquí. De la de España en general.

 

Y, ya puestos, también había pensado callar pero no quiero dejar de decir que el miércoles pasado, el día 9, oí a la ministra de Sanidad hablar en un programa de radio. Vaya, vaya, la tía, con las pinticas de modosilla que tiene, menudo modo duro de hablar y de manipular. O sea, de mentir. Porque, vamos a ver, una de las cosas que dijo es que la Sanidad es gratuita para el usuario… Vamos a suponer que decides contratar los servicios sanitarios de una compañía privada. Le pagas lo estipulado y, cuando precisas ir a la consulta, bien de un médico de familia, bien de un especialista, no se te ocurre pensar que te vayan a cobrar los que te atiendan pues ese servicio lo pagas con tu cuota, como bien vendrá reflejado en el contrato que firmaras en su día. Pues eso, señora ministra, no nos venga con la monserga de que la Sanidad Pública es gratuita, que no es así, que la tenemos pagada, que la pagamos. Aparte, aún hay otra cosa, las personas que quieren contratar los servicios de una compañía privada lo hacen de manera voluntaria. En el caso de la Seguridad Social, es obligatorio afiliarse.

 

Y otra cosa que trató con esa demagogia tan suya fue el asunto del aborto. Vino a decir que una chica de 16 años no puede decidir por sí misma. Y lo dijo de una manera taimada: de la forma en que está ahora planteado, es decir, que no tiene por qué contar para abortar con la aprobación de su padre, dice que la moza está desasistida. La pobre moza, vino a decir. Por tanto, negarle la posibilidad de decidir por sí misma está justificado. ¡Qué manera de manipular, de darle la vuelta a la cosa! Bien. Una muchacha de 16 años que queda preñada decide abortar pero, si su padre no quiere, se fastidia y tiene que cargar con un error toda su vida, habiendo podido rectificar a tiempo. U otro caso, el de una muchacha de 17 que quiere tener un niño, pero su padre le desautoriza y decide que aborte… en resumidas cuentas, no tienen poder decisorio sobre algo tan importante, porque lo dicen estos señores que poseen la verdad (dicho en román paladino: que detentan la verdad). ¡Qué capacidad! Cada dos por tres haciendo manifestaciones, ellos y la carpetovetónica Iglesia, manifestando o mostrando lo contrario que predican: soberbia, riqueza, intolerancia, beligerancia, chulería o bravuconería… en fin, vayan a cualquiera de las biblias y comparen.

 

Y, por cierto, hablando de biblias, hace mucho tiempo, el párroco de aquí, de Tauste, en una discusión en la que se habían enzarzado, él y otros, con los danzantes en la web, recuerdo que usó una cita de Isaías para dar peso a su argumento y, sin embargo, una vez leí la cita a la que aludía, se lo tiraba al suelo: y, por supuesto, me ocupé de demostrarlo. Es que en demagogia tienen casi siempre la nota máxima estos personajillos.


viernes, 11 de mayo de 2012

ALGO DE OPTIMISMO



No, que es que me da rabia no haber hablado en plan optimista aún y, qué quieres que te diga, después de lo de hace unos días, es decir, de que en Francia haya salido electo uno que parece algo, François Hollande, y de que en Andalucía se han puesto de acuerdo Griñán e IU, o sea, Diego Valderas, pues que se pone uno contento. Es como si la esperanza, que aún no la había perdido del todo, ahora esté instalada en el lugar preeminente que debe tener para que el día a día no suponga un suplicio.

Y ello a pesar de que al francés se le ve algo excesivamente moderado y morigerado, así que ya veremos si consigue algo de la Teutona tontona-traumatizada-en-la-infancia-y así- nos-salió, y de que Brey y su jarcia pondrán todas las estacas que haya, y aún pedirán más, en las ruedas del carro de Andalucía (que, por fin, será gobernada sin mayoría, pero espero que con maneras de izquierda).

Bueno, que quiero felicitar a los andaluces y desearles ventura en lo por venir, y transmitiros mi envidia cochina. Ya, de paso.

(A Arenas no, a ése sólo me apetece transmitirle que me gustó verle la cara de imbécil que se le quedó).
            

sábado, 5 de mayo de 2012

DE MENTIRAS Y ACOJONES



Cada día empieza igual: mal. Malas noticias, mal humor y malas caras, tristeza…

Todas y cada una de las medidas tomadas, todas en el campo de la economía, significan o conllevan o acarrean un incremento en el deterioro del modo de vida al que estamos acostumbrados. Y eso supone bofetones a nuestra dignidad, incremento en la tristeza vital. El personal, me he fijado, ha cambiado el semblante, ya no se ven tantos risueños y ves más adustos. Incluso el color de las caras ha mutado, ahora a más pálido y a cetrino.

Todas y cada una de esas medidas, de esos cortes (en la lengua checa hay una palabra, postriziny, que me gusta cómo suena pero no lo que significa, por el “hoy en día”: tijeretazos), son errores: asfixian a los ciudadanos, o sea, asfixian la economía grande. Es así, si revientas la microeconomía (la hogareña, digamos), la repercusión en la macroeconomía es la consecuencia. El personal va a ir yéndose a la mierda. Se incrementará la mala leche y se incrementará el desánimo, lo que, como ya dije en otra ocasión, los psicólogos y esas gentes llaman la Indefensión Aprendida, o sea, se incrementarán los suicidios. A lo mejor, cuando vayamos viendo parejas de viejos muertos con una regularidad ampliada o con una frecuencia mayor que la actual, tengamos que sospechar otras causas, además de la “violencia de género”. Aunque al principio las empresas de pompas fúnebres sean las que mantengan algo el tipo, acabarán por arruinarse también, como todas las demás: ¿de dónde se van a sacar los dineros, que no se sabe dónde están, para pagar entierros, si los vivos viven peor cada día? ¿Quién va a poder pagar y qué?: se podrá acabar llegando a no poder producir qué consumir y eso porque no se puede comprar lo producido. Así pues, como digo, al garete se va la sociedad como la tenemos concebida y conocida.

El caso es que yo pensaba que esta sarta de estupideces se cometían porque los que están por ahí gobernando son políticos de bajo nivel, de baja estofa, en fin, políticos o gobernantes idiotas –por ser inteligente dijo Unamuno a su criada que no se metía a político cuando ésta le preguntó-. Sin embargo, no es el problema la idiocia en el caso de los Brey, la Hermana Nodriza, Luis, el Arruinabancos, etc. Es distinto el asunto de Angelines, la teutona tontona, pues su problema, procediendo de donde procede, teniendo la edad que tiene y habiendo vivido lo que le haya tocado, es un caso en el que resulta claramente apetecible ahondar a los profesionales del ramo, o sea, los psiquiatras, los psicólogos clínicos, los sociales, los antropólogos… No, la idiocia, ya digo, no es el único problema (es jodido ser idiota, ser malo, malo de mala persona, y tener poder): corten lo que corten, no servirá para arreglar la economía (los especuladores son con los políticos y el mundo en general como la Herta Frankel con Marilín, que, siendo “la perrita más lista del mundo”, era una marioneta) y se irá todo a tomarpolculo. Hay que salirse de esta rueda, hay que salirse de este sistema y, si nos quedamos, está claro que hay que meter mano al fraude fiscal. No me mientan más cada mañana y cada viernes. Que sí, que son una sarta de imbéciles, pero lo son sin buen fondo porque diariamente mienten y carecen de honradez, y esa combinación es muy mala.

Y lo acabo de decir, una de las medidas, precisamente, no sólo no es fastidiar a los funcionarios que hay, sino incrementar su número: son precisos más inspectores para que pueda desmontarse el fraude fiscal. Ése sí que es un problema y atajarlo conllevaría mejoras en la economía.

Si, aún así, son los especuladores –ya vale de eufemismos: llamemos a las cosas por su nombre- los que siguen dando órdenes al resto de títeres, no queda otra solución que reconocer algo evidente: este sistema, el capitalista, es funesto, ha fracasado y hay que ponerse a construir otra cosa.

Hoy estoy vehemente. Y más cosas estoy hoy.

sábado, 14 de abril de 2012

NO MÁS CONSEJOS: ACCIONES




Sergio me dijo gandul el otro día. Igual tiene razón.

Es que se me han ido las ganas de dar consejos a Brey y a esa jarcia, a lo mejor es por eso por lo que no escribo. Es que se me han ido las ganas de escribir, o casi todas.

Hace poco hemos fundado unos cuantos una colla a la que hemos dado el nombre de “CRIOS del Capitalismo” (Cuadrilla Rebelde Inteligente Opuesta a la Sevicia del Capitalismo) y que, por el momento, la actividad que nos hemos propuesto y ya vamos llevando a cabo es, en las entidades bancarias en las que percibimos nóminas y pensiones, quitar todas las domiciliaciones –salvo, y porque creemos que es imposible, la percepción de los emolumentos que acabo de mencionar-. Nos hemos organizado y vamos pagando a cada sitio lo que debemos: los alquileres, a los dueños de las viviendas, el agua, el seguro, etc, a las sedes respectivas de esos acreedores. En fin, que, en cuanto cobramos nuestros salarios, sacamos excepto un euro todos los dineros y nos los administramos nosotros.

Y tenemos pensado también, respecto a los servicios sanitarios, un plan de emergencia previsor: vamos a ir yendo a nuestros médicos para solicitarles recetas con las que obtener medicamentos que guardaremos en unas fresqueras ad hoc, para ir usándolos cuando nos vayan siendo precisos. Y ello previendo el Repago en la Sanidad –y previniéndonos ante él, claro- para cuando nos llegue, para cuando nos lo impongan los Brey, Luis el del Lehman Brothers, el sabio Yabaltoro (o Toroyama), la Hermana Ayudante, Angelines la Teutona y, en fin, los agudos del mundo mercantil mundial.

Para cuando ello suceda, ya vamos ensayando nuestro comportamiento en cada consulta a la que tengamos que ir: iremos sin una pela, insolventemente iremos. Y, cuando se empecinen en cobrarnos, adelantaremos las ambas manos ofreciéndoselas para que nos pongan esposas y nos metan en la cárcel. Tenemos pensado hacerlo muchos, pero muchos, muchos. No sabemos qué tal se resolverá entonces el tema del retraso en la judicatura, pero eso es otra historia.

No se me ocurre que sea tan grave, ante esta mierda de sistema, ser anti sistema. Que es que, vamos, no se entiende que en la prensa se use como un insulto ese calificativo: ése es un Antisistema, dicen… y, por cierto, me ha venido al esmo un amigo que pretendió insultar a unas amigas diciéndome que ésas son unas “eclépticas” –así, con pe, no con ce- y cuando Les Luthiers hablan de alguien, pretendiendo denostarlo, diciendo de él que es “un individuo”.

Ambos dos recuerdos me han venido al esmo hoy, día en el que conmemoramos el advenimiento de la Segunda República, ambos dos. Qué cosas tenemos.

martes, 17 de enero de 2012

OTRO CONSEJO: EL PRIMERO DE 2012





Estoy seguro: Brey ha desaparecido. Y lo ha hecho para pensar en abundancia, y hacerlo con circunspección suficiente, acerca de los consejos que le di en este mismo blog el día 20 de diciembre pasado sobre la Sanidad. Seguro que sí. Que es eso. Que es por eso por lo que no se deja ver ni nada.

Había pensado a continuación seguir dándoselos respecto a la Educación. Sin embargo, he decidido rectificar, pues es en la Economía en el tema que sus acólitos van mostrando y propagando sus saberes. Y que escasos, al parecer, no son.

Veamos. Pongamos un ejemplo simple y a la vez intrascendente en el sentido de que no nos es imprescindible para vivir: La subida en el canon a satisfacer o solventar cuando se nos ocurre hacer uso de una autopista ha sido de un 3’2 % -si no me he equivocado al mirar el dato-. Bien. El argumento esgrimido para justificar dicho incremento en la tasa ha sido el de que la cosa es deficitaria porque el personal ha dejado de hacer uso de ese servicio. Y ha dejado de usar ese servicio por serle oneroso. O sea: el personal, por ser caro usar la autopista, deja de usarla. Por lo que, como a quien la explota no le sale tan rentable como antes,  la grava, con mayor peso -¿se dirá así en el argot en el que me muevo?-, a quien ese servicio usa… Y, digo yo, el fin último de esta medida, ¿no será el mandar a tomarpolculo las autopistas? Es decir, si un bien existente –ignoro lo útil o imprescindible que pueda ser- adquiere un valor prohibitivo para la mayoría de posibles usuarios, dejará, por pura lógica, si no de existir, sí de estar en el mercado.

En fin, se nos incitaba a consumir. Los más modernos o progres o vanguardistas criticaban el afán consumista. Y todos estaban en la misma rueda, en el mismo juego –hasta los rublos, mis eternos dudosos rublos, alguien hay por ahí que sabe a qué me refiero pues lo he hablado con ella antes… sí, ella, ¿acaso es mejor hablar con él?-. Pues bien, sin embargo hoy en día las cosas quedan un tanto difuminadas: es preciso estimular el consumo, si se quiere mantener el estado del bienestar –cosa que no tiene mucho que ver con el concepto vital liberal, que es el status que más pareciera pretenderlo, a priori al menos-, porque, si no, muchos de los que votan ese sistema o régimen se irían, a lo Carpanta, a vivir bajo algún puente no ocupado. Por dejarlo clarico: si dejo de usar la autopista, habrá quienes se resentirán en su economía, lo que acarreará que otros también lo hagan. Los coches durarán –a ver, si no- más, así que se tendrán que construir menos… habrá menos operarios que los construyan, que compren pan y jamón de York… así que a qué fin tanta tienda y tanta hostia. Aparte, quién va a poder comprar nada, salvo los que se están enriqueciendo de tal manera que se inflan a comprar, como nunca, Rolls Royce, Cartieres y cosas de ésas. En resumidas cuentas, habrán ganado tanto, habrán esquilmado tanto, que habrá, por el momento, mucho lujo que adquirir… y nada más. Y, poco después, cuando todos los pobretones se hayan ido a la mierda, muertos de hambre y de todas esas miserias que se mueren los que no pueden llegar a ciertos “niveles”, los ricachos que queden, ésos a los que hayan dejado en esos lugares quienes, merdellones como ellos, pero sin sus “posibles”, allí los hayan aposentado, también se irán a hacer puñetas, pues no son comestibles los relojes diamantinos ni los coches “ultra hósticos”. En fin, que no hay melón, del que opíparas tajadas quieren tantos, para todos. No, al menos, cultivando el campo de la manera en que se está haciendo.

Qué majaderos pueden ser los humanos, sean o no “gentuza”. Qué torpeza nos embarga, nos aniquila y nos pone en el sitio: en el abismo.

Y luego, claro, hay psicólogos que se deprimen y eso, no sólo por lo dicho sino también porque ya veremos cómo acaba la Vicepresidenta del Gobierno (a quien haberle puesto de nombre Soraya ¿no habrá sido una especie de premonición por parte de sus padres en cuanto a que pueda significar que es la hermana –sor- encargada –aya- en las casas principales –Gobierno de España- de custodiar niños o jóvenes –todos nosotros, vamos- y de cuidar de su crianza y educación?), que pa mí que lo de esta mujer no es velar por su higiene mental. Y esas vorágines luego se pagan.

Vea, en fin, señor Brey, estos informes de sabios:
 http://www.attacmadrid.org/?p=3276 y hasta la próxima, si me apetece asesorarle más veces.

lunes, 26 de diciembre de 2011

¡CÓMO YE ISTE CHAIME!




Anteanoche, en el trasiego de entre los establecimientos que hollábamos para ir llevando a cabo el vermú previo a la cena de Nochebuena, me encontré con Jaime Carbonel. Me dijo que hubo intentado entrar a comentar algo en uno de los lugares de este blog y, por lo que fuera, no pudo. De modo que se dijo, a la par que desistía de volver a intentar el cuelgue, “a casca-la”. No recordaba él cuál era en concreto y yo, cuando me habló de a qué se refería su inédito escrito, recordé algo, aunque no el asunto exacto. Pero no era lo importante en ese momento.

Me explicó que se le ocurrió comentar porque había visto y oído en algún medio de los de televisión que aludían a Felipe de Borbón como Príncipe de Girona. Como es como es este hombre, me dijo que a él no le parecía mal que dijeran Girona si lo decían en catalán. Pero que, si hablaban en castellano, lo propio hubiera sido que no hubieran mezclado, que hubieran dicho Príncipe de Gerona. Yo estaba de acuerdo, y añadí que si lo propio en castellano era como decía, en catalán debiera ser Príncep de Girona. Y aún dije más: en aragonés, puesto que ese título le viene de la Corona de Aragón, debieran haber dicho al mencionarlo “O prenzipe de Chirona”… Entonces, al pronunciarlo, frené, abrí los ojos bastante y le dije que no, que había un error, que el de chirona es su cuñado, según parece. Y decidimos que esta interesante conversación, propia de las vísperas del solsticio de invierno, había que colgarla en éste o en el blog que fuere.

Nos volvimos a encontrar, esta vez en otro establecimiento, no entre medias, y en esta ocasión hablamos, aunque muy por encima, acerca del ordinal que ostentó Ramón Berenguer, Conde de Barcelona, padre de Alfonso II el Casto (primer rey de la Corona de Aragón): IV. Aún dijimos algo así como que ya valía de arrogarse cosas algunos, o sea, dijimos que “algunos están tol día cascando-la”. Nos volvimos a echar a reír porque no es término que usemos habitualmente y, sin embargo, aquella noche salió, en dos versiones, en ambas conversaciones.

Bueno, ya acabo, que el Ebro baja mejoradico: el sábado espero ver cómo acaba en el Mediterráneo y bañarme en la playa de la Savinosa, ese día y el siguiente.

martes, 20 de diciembre de 2011

MI PRIMER CONSEJO AL PRESI COMO TAL



El pasado viernes estuve de cháchara con Mateo. Habló de que lo moderno parece ser mencionar a los próceres por su segundo apellido (por ejemplo, Zapatero, en lugar de Rodríguez o de Rodríguez Zapatero), así que lo que procedería, para seguir estando a la moda, sería decir Brey a Rajoy. Y he decidido que voy a seguir la moda, al estilo de Mateo. Así pues, el anunciado consejo se lo daré a ese señor, al Sr. Brey, que es quien va a presidir el gobierno de aquí, de España.

Es respecto a cómo manejar la Sanidad, para conseguir paliar, de paso, la crisis económica. Aunque es bien sencillo, lo marcaré en condiciones: RE-PA-GO. Un repago de diez euros por cada consulta al médico de cabecera, que se hará efectivo al solicitar la cita previa con el mismo. Para evitar menoscabo en las arcas del Estado, el justificante del desembolso será la propia cita, así ni papel se gastará. Ese dispendio no tendrá descuento ni devengará desgravación alguna.

Por el momento, explicaré breve y superficialmente las ventajas que esta medida acarreará. En un principio, para ser didáctico lo haré paso a paso y en un orden lógico, hemos de pensar en los consumidores que con más frecuencia hacen uso de este servicio público, los jubilados. Tienen por lo general, como colectivo, mayor quebranto en su salud, pues son quienes más uso han dado a su cuerpo, como es de ley suponer. A la vez, es el grupo poblacional menos productivo, bien entendido, asimismo, que también es el que menor poder adquisitivo tiene, dicho en modo general. Pues bien, aunando todo ello, es dado pensar que, toda vez que han de desembolsar diez  euracos cada vez que acceden al médico, cuando lo hayan hecho unas cuantas, empezarán a pensar que no pueden permitirse tal dispendio, de modo que, aun estando débiles, habrán aprendido que su indefensión no les es dado solucionarla, o sea, que su salud no depende en modo alguno de ellos. Estarán en lo que, según definen los psicólogos y los etólogos, se llama indefensión aprendida. Ello les llevará sin remisión a un estado de inactividad, de indiferencia hacia sí mismos, de descuido, que será la antesala de la depresión. Y ésta, de la muerte. En resumen: muchos, muchísimos jubilados morirán, merced a esto. Y no tardarán mucho. Así pues, hasta los programas del IMSERSO se podrán suprimir, con lo que el gasto sigue bajando, como podemos ver. Y tengamos en cuenta que también el desempleo caerá, pues, por las mismas razones que el colectivo antes aludido, los parados dejarán de ir al médico, enfermarán y morirán consecuentemente en mayor cantidad que, de no pagar, lo hubieran hecho asistiendo a la consulta. En fin, dos colectivos improductivos que desaparecerán, o casi, gracias al Repago.

Como habrá menor afluencia, podrán ahorrarse muchas plazas de personal sanitario. El objetivo, sin duda, como puede verse por la tendencia en la que se verá inmersa la sociedad, es la amortización de todas las plazas de funcionarios de la Sanidad. Claro que esto es a medio plazo, conforme se vayan produciendo los óbitos antes vaticinados.

En ese plazo habrá ido haciéndose preponderante la Sanidad “Para-quien-se-la-pueda-pagar”. Los profesionales que la atiendan no será preciso que se apliquen demasiado, pues no tendrán que estudiar ni examinarse opositando: su acceso será por el procedimiento del nepotismo. De esa manera, al estar el trabajador agradecido a la empresa que le proporciona el trabajo, desarrollará su labor devolviendo deudas. Los profesionales muy preparados se irán, claro es, de España: no se quiere tener aquí a quienes, por su cultura e inteligencia, puedan protestar y reclamar.

Según he entendido por su explícito y claro y honrado discurso de Investidura, Brey tiene pensado hacer cosas de este jaez. Por de pronto, los funcionarios no tendrán sustitutos cuando se vayan jubilando, ni cuando se den de baja. Ni se convocarán plazas de empleo público. De modo que la función pública tiene sus días contados –y tampoco serán tantos esos días pues van a ir reventando los funcionarios-.

No creo que en Noruega, donde tienen más del doble de funcionarios que los que tiene España, y es un país que funciona bastante mejor que éste, tomen nota de estas medidas para aplicarlas. Sí que parece que tienen a gala un algo que escribió algún sabio antiguo: “Pocos pueblos cultos son pobres”. Esto podría dar pábulo para seguir aconsejando a Brey, al nuevo presidente Brey, esta vez respecto a la Educación y esas cosas. Ahora, aquí, no obstante, no va a ser, pues vuelve a ser largo el escrito.

Y en un próximo futuro… ya veré, que ahora el Ebro no baja tan bajo ya.

jueves, 15 de diciembre de 2011

NADA, LA ESTUPIDEZ, QUE ABURRE HASTA EL FONDO



Minerva Oso, hoy, a las tres menos cuarto de la tarde, al dar una noticia a Radio Nacional acerca de un informe de Amnistía Internacional sobre el trato dispensado a los extranjeros, ha dicho, para introducirla –la noticia, digo-, la frase: “… rasgos claramente latinos…” al referirse a las características físicas de un periodista de Radio Tentación, que es ecuatoriano y se llama, según le he entendido –iba conduciendo y he procurado retener y recordar luego el nombre- Bolívar. He buscado en internet y creo que se puede referir a Bolívar Serrano. Y aquí estamos: no voy a entrar a opinar sobre el asunto, sólo lo haré de la terminología usada tan de mala manera, pues no sé qué quiere decir que ese señor tiene rasgos claramente latinos, si no parece parecido a Paolo Maldini, George Brassens o Joan Manuel Serrat, por poner ejemplos de hombres latinos. Que ni se parecen entre ellos, por cierto. Volvemos a la tontería pamplinosa de la que ya hablé en otra entrada (es bastante abajo): ¿quiere decir que tiene rasgos indígenas? Pues podría decir eso y dejarse de tontos eufemismos.

Me voy cansando de las majaderías ya, oye, que, lo dijo Delibes en El príncipe destronado, "los niños sufren y mucho". Y luego vienen los traumas.

Lo prometido -el consejo a Rajoy- es deuda. La saldaré dentro de unos pocos días, que ni ahora puedo –igual se alarga demasiado la cosa- ni pega mucho con lo que va escrito.

martes, 13 de diciembre de 2011

¡Y PASA LA VIDA!




Desde el curso pasado está enseñándome árabe, en la Universidad de Zaragoza, Sharif. O Charif, que es su nombre complicado para transcribirlo -o transliterarlo- en nuestra lengua por el asunto del sonido consonántico primero, mira qué casualidad. El otro día, el 29 de noviembre creo que fue, me enteré de que habían tirado un “cuete” a Israel desde el sur de Líbano –es el país de Sharif-. El siguiente día, sabiendo que pretendía pasar algunos con su familia de allá, le dije que si estaba seguro de que era seguro viajar con esas condiciones. Me explicó que no creía que hubiera problemas, pues Israel, que está por el gobierno Sirio, tendría complicado explicar sus posturas con uno y otro país ante el mundo. Yo, como ni entiendo ese meollo ni me parece que a Israel le importen mucho las apariencias o la diplomacia, le dije, preocupado, que, en todo caso, como he oído muchas veces en Málaga decir, “gastara” cuidado. Esta mañana, antes de empezar la clase, me ha dicho que, al final, no se fue. Y, la verdad, tampoco he oído que haya habido más líos allí. Pero me he alegrado: mejor prevenir, sobre todo en según qué cosas y casos y, también, según con quién.

Nosotros, por otra parte, íbamos a irnos a Málaga a pasar estos días de, más que puente, acueducto: queríamos ver a los Cervantes, a Manuel –el Bob, que está chunguillo-, etc. Sin embargo, tuvimos que cambiar los planes e irnos a Madrid. Lo hemos pasado bien, de todas formas. No pudimos ir al Prado para ver la exposición del Hermitage porque no pudimos solicitar entrar con la antelación suficiente, pero ya lo haremos: dura hasta el 25 de marzo. Disfrutamos de Madrid, como siempre. Y esta vez, por fin, estuvimos con Inma y Juan, y muy a gusto. Y con Ana, con la que departí como colega que es y, en medio de la conversación, recordé que hace unos pocos años, creo que tras correr el que fue mi primer Maratón de Madrid, nos acostamos en sendas camas distribuidas en ele, con las almohadas pegadas y a las seis y pico de la madrugada aún no se había callado –Luis, su hermano, intuyo que bajó de la litera de encima de mí demasiadas veces, seguramente no pudo dormir tan bien como debía ser habitual: lo debimos despertar con nuestros murmullos… pero no protestó ni una vez, qué majo-. Y qué bonito fue aquello: una cría que me acababa de conocer y me dio palique durante toda la noche.

A la vuelta, y casi del tirón, nos piramos a Sádaba, que había cosas que hacer en casa. Y allí pudimos saber cosas del Urdangarín, del merdellón del hijo de la duquesa de Alba –alba, no sé qué hay blanco, en el sentido de claro, en toda esa cuadrilla, en la nobleza en general digo-. Y hemos podido saber, también, los líos que rigen el mundo: por ejemplo, economistas de mucho prestigio y seso, dan opiniones muy argumentadas –entiéndaseme, con esos crípticos discursos que usan, obtengo al oírlos la conclusión de que algo habrán argumentado, porque sus contertulios afirman, cabecean, etc, en fin, que dan a entender que les entienden, pero enterarme, no me entero de mucho-. Y las dan para explicar posturas, en muchos casos, absolutamente contrarias. Ya lo dije no ha mucho tiempo por aquí: no me es dado confiar en que el mundo va a furular en condiciones si, probablemente con honradez, quienes han de hacer que furule no se ponen de acuerdo en cuál es la mejor manera para todos –no me refiero para unos cuantos, que eso es fácil de llevar a cabo si se manda-. No digo que haya verdades absolutas, pero que sean tan distantes las que se van proclamando me escama sobremanera: véase, por ejemplo, los modos opuestos respecto a las emisiones de porquería –a la atmósfera en general- que tienen los de China y Estados Unidos y los demás.

Pues bien, como el Ebro baja bajo, ya dije el otro día que había que pensar algo. Y lo he hecho. Y se me han ocurrido unos consejos que les voy a dar a la cuadrilla, ahora que les va a tocar empezar una andadura nueva, que va a gobernar aquí unos cuantos años.

Empezaré con la cosa de la Sanidad… sin embargo, tendré que hacerlo dentro de unos días: tengo ahora otras cosas que hacer y, además, ya he escrito mucho y va a resultar tedioso o pesado. No tardaré, empero, en explicar cuál es la mejor manera de ahuyentar a la crisis a partir de un funcionamiento óptimo de la Sanidad, porque Mariano será presidente, creo, el 21, y he de informarle antes para que lo haga bien. Así que haya calma: antes de entonces ya estará publicada la próxima entrega -y puede que definitiva-.

martes, 29 de noviembre de 2011

YA PASÓ LA FECHA, PERO HABRÁ MÁS, SEGURAMENTE



El martes pasado, el día 22, estuve en Ejea con Mariano Gil, Mariano’l de Tako. Hacía mucho que no estábamos juntos. Mucho. Y nos dedicamos, a pesar del escaso tiempo del que dispusimos, a hablar de nuestras cosas, de libros, de música y poesía… y de otros variopintos temas. En todo caso, de los que nos apeteció tocar, no los que otros pretenden inculcarnos, como dice Chomsky.

No hablamos, por ejemplo, de que Rato, aquel que desvencijó el Fondo Monetario Internacional, ha estado dando lecciones de cómo hay que hacer para apretarse bien el cinturón y los especuladores sigan especulando: bien lo expresó Ángel Berges, a quien alcancé a oír en la radio hace un par de semanas, cuando vino a decir que puesto que quien tiene que llevar las riendas no lo hace, los mercados –los especuladores, vuelvo a repetir- se ceban. Mi estimado Ángel, a quien empecé a admirar ya cuando repartía gaseosas y yo aún no tenía el carnet de conducir. Tampoco hablamos de que el PSOE lo lleva claro: parece que se va a “renovar”, aquí en Aragón, con alguien que va postulándose y, llevando en el meollo metido unos 30 años, menuda renovación “acarreará”… pero mejor ni mencionarlo, que da algo de yuyu. Y respecto a IU tampoco, aun preguntándome cómo planteó en su programa electoral, de la mano que iba con CHA, la cosa del recrecimiento de Yesa hasta la cota media. De nada de esto hablamos. Porque es mejor no hacerlo.

Sí que hablo ahora, porque quiero reivindicarlo, de Durruti, pues me había quedado yo en denostarlo por pendenciero y, quizá, sanguinario, sin esforzarme en indagar más, a lo mejor como consecuencia de que Mateo, que era mi referencia al respecto, así me lo hizo concebir. Sin embargo, el pasado miércoles, el día 23, vino a darnos una charla José Luis Melero, que resultó encantadora y en la que pude averiguar que un cura aragonés, Mosén Jesús Arnal, escribió un libro que se publicó en 1972, que tituló: “Por qué fui secretario de Durruti”. Merced a las explicaciones que nos dio el autor citado y a muchas otras lecturas a las que he accedido, concluyo rectificando: a Buenaventura Durruti, y a Tolstoi, hay que celebrarlos cada año, el 20 de noviembre, como personas buenas con un ideario de dignidad, convincente. Convincente por justo, por ejemplo. Insisto, no pienso volver a dejar al margen a Durruti. Y añado a Voltaire, que unos dicen que nació el 20 y otros el 21: me lo quedo, junto con los otros, para el 20. Y, ya puestos, a Ghandi, que tanto admiraba a Tolstoi, también lo incluiré y conmemoraré ese día. Se lo voy a proponer a Mateo.

Bajo baja el Ebro ahora. Habrá que pensar algo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

LA FECHA, QUE ESTÁ AHÍ LA FECHA


Hablaba con Javi, Chirriclán, de que hoy empieza la campaña electoral. Se abre el periodo que culminará ahí abajo, el 20, un año después de que escribiera eso yo.
Cuando he salido de la carnicería, he mirado hacia donde estaba la casa en la que empecé a vivir y he recordado que allí mismo vi a mi abuelo discutir con un vecino acerca de no sé qué cosa. Y que pensé entonces que, si aquellos dos adultos, tan sesudos ellos, tan admirados ambos por mí, esgrimían argumentos bien pensados y sopesados y, sin embargo, no se ponían de acuerdo, no me era dado creer que fueran capaces de ordenar las vidas de las casas que administraban o regentaban. Me hizo mella aquella constatación de algo que sé, y he corroborado con los años vividos y experimentados: la razón, suponiendo la buena voluntad del personal, no es propiedad de nadie, en el sentido absoluto.
Empecé, ya entonces –contaba menos de 10 años, lo sé pues es la edad que tenía cuando nos mudamos de aquella casa de la calle Teruel, en San Antón-, a decirme que no fiaba en quienes gobernaban, si cada uno tenía una idea y no coincidía con la del de demás… suponiéndoles buena intención a todos, claro, lo cual es mucho suponer.
Parece, pues, que iba tomando en mi interior forma y consistencia y arraigo mi ideario político, es decir, mi forma de entender lo que Platón y Aristóteles –y supongo que Sócrates, aunque no estoy seguro- dieron en definir como el arte de organizar la vida en común, la vida en la polis. O sea, la manera de organizar la convivencia.
Sigo pensando que no confío en que, quienes gobiernan, sean tan agudos como para hacerlo bien –vuelvo a hacer la salvedad de que he de partir de la premisa de creer en sus buenas intenciones, pues, si no, habría de apagar e irme y permanecer en silencio, respecto al asunto del que hablo, para siempre-. No me es dado creer en la perfección del hombre, por tanto, ¿cómo creer que permanecerán gobernando con tino sin cesar durante el tiempo que le otorguen esa prebenda de gobernar los votantes, los sistemas o las fuerzas del jaez que sean?
El “horror”, como ha calificado alguien esta mañana a la campaña electoral, se ha puesto en marcha. Van a ser días de mucho derroche, tanto crematístico como emocional. De ilusiones y desilusiones, lícitas, honradas. Días en los que a la mayor parte de los siete mil millones que somos les dará igual todo lo que hagamos aquí. Seguirá saliendo el sol y seguirán sin comer muchos, muriendo por ello. Habrá quien haga mítines, como suele, en cualquier sitio –sea o no oportuno por el momento y el lugar- y a gritos. Habrá quien quede acogotado y acepte llamar “copago” a lo que, creyendo que ha de ser así su nombre, porque ése fue el que decidieron ponerle de la manera más cínica que se haya podido pensar y decidir, con el envidiable criterio y acierto que le caracteriza, Ignacio Escolar definió como “repago”.
Y a mi tía Abilia, que tiene sus buenos 84 tacos, y a otras muchas personas, a casi todas en similares trances, les seguirán tratando en hospitales y residencias de tú y como si fueran imbéciles o, cuando menos, bobos o, en cualquier caso, seres inferiores, esas personicas que no sé dónde han aprendido tales irrespetuosos comportamientos. Y a los que se les dé carta blanca para que practiquen sus maneras de organizar el cotarro, probablemente sigan diciendo que invertir en sanidad o educación –ramas que, en lo que cuento en este parrafico, se ven afectadas muy íntimamente- se llama “gasto” y, en carreteras, “inversión”. Esto de las palabras tiene importancia, creo yo, y Escolar las usa de modo impecable.
Bueno, he de aligerarme, que el día primero de todo esto, el oficial –que, en verdad, llevan dando la murga mucho tiempo- toca a su fin.
Como vengo insinuando, no concibo el arte de organizar la convivencia de la manera que, hoy, queda simbolizado, así que mi celebración del próximo "San Félix de Valois" será con Mateo, a su modo, y conmemorando lo que el pasado año; recordando a Tolstoi y Voltaire y, ya puestos, a Ghandi… y celebrando, también, que NO FUMAMOS NADA mi señora y yo. Que no es poco, ea.

jueves, 6 de octubre de 2011

LAS VACACIONES (¡POR FIN!)


Me priva el ajedrezado jaqués

Aún ando por el Mediterráneo –hoy me he bañado en la playa la Savinosa, que me ha encantado por cierto-, entre Tarragona y Barcelona estos últimos días. Pero, antes de entrar a contar conversaciones y viajes y escurrimientos, me referiré a un algo que leí de Pérez-Reverte y que me extrañó no poco. No me sorprendió su tono, que me pareció desmesurado e histérico, vehemente y grosero, incluso desacertado por ampuloso y soez. No, ya he observado en alguna ocasión esa traza en sus escritos, traza que me hace pensar que, quizá, tenga, guarde o acopie tanta amargura que no le quepa y se le desborde. La sorpresa me viene dada por el aspecto de ser académico de la lengua quien comete deslices de bulto en lo que le concierne como tal. Escribió una frase que dice: “… sicarios a sueldo o por la cara”. Me llamó la atención, pues entendía yo que sicario significa asesino asalariado, cosa que comprobé merced al diccionario de la Real Academia de la Lengua. Por tanto, aun pareciéndome excesivo el término y aunque se pueda justificar como metáfora y licencia de escritor, es, sin duda, una redundancia decir “asesinos asalariados a sueldo”. Y un error, por tanto, que unos asesinos asalariados lo hagan gratis, por cuanto asesinos asalariados son las dos partes inherentes de “sicarios”, sin que pueda soslayarse ninguna de las dos, so pena de referirnos a otra cosa. Aún hay más abajo, en el mismo escrito, otra equivocación, según yo lo entiendo: dice algo acerca de lo que vale un café, refiriéndose a su precio. Y creo que Cervantes dijo algo así como que es cosa de necios confundir valor con precio. Es decir, si es al precio de una cosa a lo que nos referimos, habremos de decir que cuesta, no que vale. No sigo más. Parece que “Patente de corso”, como título de su columna, viene que ni pintado a sus modos, aunque ignoro quién le ha conferido semejante autoridad.

Y ahora voy a lo que me apetece, que es lo que me interesa y que es a hablar acerca de mis recientes viajes, que han sido disfrutes en sí y todas y cada una de las etapas. Habré de hacerlo de manera rauda o somera o resumida: ha sido mucho.

El finde que empezó el 9 de septiembre nos fuimos, desde Tauste, a pasarlo por donde nace el Ebro. Descubrí cosas y sitios que tengo al lado y que desconocía. Y a los que volveré. A La Lora, por ejemplo, le tengo cierto apego desde que, en el Sancho Abarca, estudiaba la Geografía de primero y aprendía aquello que empezaba: “Burgos tiene al norte la comarca de la Lora, tierra de páramos y de pastos, su centro es Sedano. Tiene yacimientos hulleros…” La cuadrillica -11 adultos y cuatro menores, geniales todos- ayudó, y mucho, a que el fin de semana fuera inolvidable, denso, simpático, agradable y pleno. En fin, insisto, volveremos.

El siguiente iniciamos el itinerario vacacional. Lo hicimos con calma, parándonos a ver Medinaceli, que merece la pena, dicho sea de paso, y pernoctando en Madrid: el sábado, día 17, teníamos la cita para visitar la exposición de Antonio López en el Thyssen. No hubo desperdicio. Obtuve tantas experiencias y sensaciones y enseñanzas, que di por intensamente aprovechadas las vacaciones, sólo con eso.

Y el domingo, a Málaga. A Capuchinos. Estuvimos allí, aprovechando el tiempo, disfrutando de primos y tíos y amigos –nos faltó gente por ver, aunque vimos mucha-; visitamos la finca de La Concepción, que Pepa no conocía; y el C.A.C., como siempre, donde nos sorprendió un tal Guillermo Pérez Villalta, uno de cuyos trabajos, “Artista creando una obra”, vimos días después en “La piel que habito”; nos encontramos con Pepi Pedraza, algo inesperado y muy agradable, y con el Bob –Manué-; pateamos mucha Málaga y, en fin, me “enmalagueñé” y me “mediterraneé” todo lo que pude. Fue entrañable todo, e intenso y tranquilo y agradable, incluidas, claro está, las coquinas y demás delicias que degustamos.

El 24, treinta y tantos años después, nos encaminamos a donde estaba esperándonos mi amigo Luis, Luis Manuel Garrido Gámez, a San José, en Almería. Fue muy emotivo, muy emocionante. Y mejor, para mí al menos, de lo que hubiera esperado, y eso que hube soñado, durante muchos días antes del reencuentro, buenos augurios. Reencontrármelo, hablar… saber cosas que ahí estaban y nunca habíamos conocido, porque no nos las habíamos dicho, fue sublime. Luis, como vas a leerlo, antes de que te hable –y felicite- por teléfono, que sepas que volver a verte ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mucho tiempo.

Después de esa experiencia de sólo un día –que se repetirá e incrementará en breve-, nos volvimos a Málaga, esta vez a la Axarquía: teníamos que vernos con el Cervantes –mi amigo Miguel, el de la caravana- y Marijose y Mario. Por fin, dormimos en la caravana.

Mateo esta vez no es protagonista interlocutor de mis conversaciones cavilacionísticas. Esta vez, Mateo, te vas a enterar de mis cavilaciones habladas con alguien, que no eres tú, leyéndolas aquí. Mira por dónde. Con Miguel las conversaciones no tienen desperdicio. Una de ellas, de las buenas, fue cuando le dije, con Benamargosa al fondo y sendas cervecicas en primer plano, que habíamos estado en Madrid y que había pensado yo que, a pesar de que dicen algunos que tienen mucha suerte sus habitantes, no es cierto. La mayoría no tiene la cantidad de tiempo ni de dinero que se precisa para aprovechar las ofertas culturales de toda índole o jaez que tanto abundan allí. No perciben, por vivir allí, salarios superiores a los que perciben sus colegas en otros lugares, como sucede, por ejemplo, en Navarra, en según qué puestos de trabajo. Y, en cambio, han de soportar que se manifiesten todos los españoles para cualquier cosa, sean perroflautas, papaflautas, sinflautas… ovejas y perros, incluso. Han de soportar, sin contraprestaciones. En estos últimos tiempos, las manifestaciones más sonoras son las de los docentes de la enseñanza pública. También hablamos de eso.

Aún le dije que me gustan mucho a mí ciertos mercados, por orden alfabético: Atarazanas, de Málaga; Born, de Barcelona –que, por cierto, les está quedando “demasié”-, Central, de Zaragoza, y San Miguel, de Madrid… y me está reventando que usen esa palabra para denominar cosas que molestan a casi todo el mundo. Hay cuatro que están aprovechándose de esta tesitura económica, porque crisis hay, por lo visto, hasta en China, que dicen que es la economía que mejor furula. Y los “señores mercados”, que no son los que he mencionado ahí arriba, se dedican a poner, o a imponer, normas que restringen las posibilidades de bienestar social de manera insoportable. Se están enriqueciendo unos pocos a costa del resto. Es una indecencia que mueran de hambre tantos, habiendo comida para todos, porque está todo esto gestionado “a la tía cipote”, como decía mi buen amigo José Antonio Frías Ruiz. Gestionado para acopiar lujos quienes gestionan… los mercados.

No es que cambiáramos de conversación, seguíamos yendo y viniendo y lo que digo aquí sólo es muestra, que fue más larga y profunda la cosa.

Cuando hablábamos de la Salud y de la Enseñanza, yo dije que el Estado habría de desconcertarse, es decir, que sólo existieran, de cada, una privada y una pública, sin conciertos o medias tintas. Y, siguiendo con el planteamiento, concluimos ambos que no es preciso andarse con explicaciones farragosas para convencer al personal de las excelencias de un concepto –público-: puesto que el fin de la salud y de la educación privadas es la obtención de beneficio material o suntuario, como empresas que son, y el de la salud pública es la salud y el de la educación pública es la educación, lógico es concluir que son mejores, siempre, y por definición, las públicas. Y si, por cierto, se las cargan como pretenden los neocon, los que han provocado la crisis, el señor mercado equis acabaría por encontrarse con un tráiler de su propiedad cargado de oro en un lugar, tipo desierto de Gobi, y no tendría a quién pagar para que le curara, le educara o le alimentara.

Y, en fin, aún nos quedan vacaciones. A Sádaba nos iremos a rematarlas.