DIGNIDAD

miércoles, 10 de junio de 2026

SÓLO TESTIMONIO MI OPINIÓN (Y MI POSTURA)

 

            Unos cuantos nos juntamos en Tauste para decir, para proclamar que queremos Palestina libre.

            Ya hace unos meses que quedamos emplazados en la plaza, y con el mismo plazo semanal -antes, los sábados por la mañana, últimamente los jueves, por la tarde, a las ocho y media-. Le damos toda la publicidad que podemos: no es un acto exclusivo ni excluyente, al contrario, que venga quien quiera.

            Al principio, cuando me avisó Lola, mi hermana, por supuesto que ni dudé en acudir. Leemos poemas de personas palestinas, hemos conmemorado -triste conmemoración- la Nakba, proclamando el manifiesto, cantamos la canción de Quilapayún “El pueblo unido jamás será vencido”, adaptada a lo que nos concierne ahora, a Palestina. Y, muy triste, me decía que de qué iba a servir que nos manifestáramos. Que manifestáramos nuestro malestar por el genocidio y la solidaridad con esos seres que siguen sufriendo las acciones de los degenerados que las están perpetrando hace mucho, mucho tiempo -desde que Israel como estado existe, al menos-.

            Lola nos pasó poemas y otros escritos a quienes quisiéramos leerlos. El que me tocó a mí, que voy a transcribirlo ahí debajo, es un modelo, el ejemplo de la resiliencia: fue escrito mostrando optimismo. Si ellos siguen luchando, soportando y, en resumen, resistiendo, cómo voy a bajar las manos yo. No, no pienso dejar de ir los sábados, o los jueves a las 20.30 a la plaza de mi pueblo a leer ese poema y a gritar Viva Palestina Libre y a cantar El pueblo unido jamás será vencido.

            Me gusta el fútbol. Mucho. El pasado mundial, el de Katar, decidí boicotearlo, por motivos obvios respecto a la relación entre los derechos humanos y ese país, y no vi ningún partido. Este año he decidido hacer lo mismo, porque no me parece digno que Estados Unidos decida cómo y quiénes han de jugar el mundial. Ni que la FIFA lo consienta. No me parece digno Estados Unidos. Ni la FIFA.

            Me manifiesto, ya lo he dicho, en pro de Palestina (y Líbano) y en contra de los inmundos personajillos genocidas. Por hacer algo, mostrar solidaridad a quienes sufren, hacerles ver que hay muchas personas que están en contra de los indignos que les quieren robar la dignidad. En los tres casos son sólo gestos míos, testimoniales. No puedo hacer más, pero tampoco quiero hacer menos: seguiré manifestándome en mi pueblo cada semana, cada jueves. Y, en Zaragoza, todos los miércoles que pueda. Me quedo sin ver jugar al fútbol. Y crítico que haya mundial en Estados Unidos, que no haya un boicot universal.

            Ahí va el poema prometido hace unas líneas, el que escribió una persona asesinada por los desalmados poco antes de su muerte, sabiéndola inminente:

Si debo morir

Si debo morir,

entonces, tú debes vivir

vivir para contar mi historia,

para vender mis cosas,

para comprar un trozo de tela

y un poco de hilo

(que sea blanca con una larga cola)

para que un niño, en algún lugar de Gaza,

mientras mira al cielo lejano,

esperando a su padre, que se fue en una explosión

-sin despedirse de nadie,

ni siquiera de su carne

ni siquiera de sí mismo-

vea la cometa,

mi cometa, la que hice, volando alto,

y por un instante crea que es un ángel que le devuelve amor.

Si debo morir,

que eso traiga esperanza,

y que se convierta en un cuento.

                                                     Rifat Rafik Saiid Alarair