Unos cuantos nos juntamos en Tauste para decir, para proclamar que queremos Palestina libre.
Ya hace unos meses que quedamos
emplazados en la plaza, y con el mismo plazo semanal -antes, los sábados por la
mañana, últimamente los jueves, por la tarde, a las ocho y media-. Le damos
toda la publicidad que podemos: no es un acto exclusivo ni excluyente, al
contrario, que venga quien quiera.
Al principio, cuando me avisó Lola, mi
hermana, por supuesto que ni dudé en acudir. Leemos poemas de personas
palestinas, hemos conmemorado -triste conmemoración- la Nakba, proclamando el
manifiesto, cantamos la canción de Quilapayún “El pueblo unido jamás será
vencido”, adaptada a lo que nos concierne ahora, a Palestina. Y, muy triste, me
decía que de qué iba a servir que nos manifestáramos. Que manifestáramos
nuestro malestar por el genocidio y la solidaridad con esos seres que siguen
sufriendo las acciones de los degenerados que las están perpetrando hace mucho,
mucho tiempo -desde que Israel como estado existe, al menos-.
Lola nos pasó poemas
y otros escritos a quienes quisiéramos leerlos. El que me tocó a mí, que voy a
transcribirlo ahí debajo, es un modelo, el ejemplo de la resiliencia: fue
escrito mostrando optimismo. Si ellos siguen luchando, soportando y, en
resumen, resistiendo, cómo voy a bajar las manos yo. No, no pienso dejar de ir
los sábados, o los jueves a las 20.30 a la plaza de mi pueblo a leer ese poema
y a gritar Viva Palestina Libre y a cantar El pueblo unido jamás será vencido.
Me gusta el
fútbol. Mucho. El pasado mundial, el de Katar, decidí boicotearlo, por motivos
obvios respecto a la relación entre los derechos humanos y ese país, y no vi
ningún partido. Este año he decidido hacer lo mismo, porque no me parece digno
que Estados Unidos decida cómo y quiénes han de jugar el mundial. Ni que la
FIFA lo consienta. No me parece digno Estados Unidos. Ni la FIFA.
Me manifiesto, ya
lo he dicho, en pro de Palestina (y Líbano) y en contra de los inmundos
personajillos genocidas. Por hacer algo, mostrar solidaridad a quienes sufren,
hacerles ver que hay muchas personas que están en contra de los indignos que les
quieren robar la dignidad. En los tres casos son sólo gestos míos,
testimoniales. No puedo hacer más, pero tampoco quiero hacer menos: seguiré
manifestándome en mi pueblo cada semana, cada jueves. Y, en Zaragoza, todos los
miércoles que pueda. Me quedo sin ver jugar al fútbol. Y crítico que haya
mundial en Estados Unidos, que no haya un boicot universal.
Ahí va el poema prometido hace unas
líneas, el que escribió una persona asesinada por los desalmados poco antes de
su muerte, sabiéndola inminente:
Si debo morir
Si debo morir,
entonces, tú
debes vivir
vivir para
contar mi historia,
para vender mis
cosas,
para comprar un
trozo de tela
y un poco de
hilo
(que sea blanca
con una larga cola)
para que un
niño, en algún lugar de Gaza,
mientras mira al
cielo lejano,
esperando a su
padre, que se fue en una explosión
-sin despedirse
de nadie,
ni siquiera de
su carne
ni siquiera de
sí mismo-
vea la cometa,
mi cometa, la
que hice, volando alto,
y por un
instante crea que es un ángel que le devuelve amor.
Si debo morir,
que eso traiga
esperanza,
y que se convierta en un cuento.
Rifat
Rafik Saiid Alarair
No hay comentarios:
Publicar un comentario