DIGNIDAD
lunes, 26 de diciembre de 2011
¡CÓMO YE ISTE CHAIME!
martes, 20 de diciembre de 2011
MI PRIMER CONSEJO AL PRESI COMO TAL
jueves, 15 de diciembre de 2011
NADA, LA ESTUPIDEZ, QUE ABURRE HASTA EL FONDO
martes, 13 de diciembre de 2011
¡Y PASA LA VIDA!
martes, 29 de noviembre de 2011
YA PASÓ LA FECHA, PERO HABRÁ MÁS, SEGURAMENTE

sábado, 5 de noviembre de 2011
LA FECHA, QUE ESTÁ AHÍ LA FECHA

jueves, 6 de octubre de 2011
LAS VACACIONES (¡POR FIN!)
Aún ando por el Mediterráneo –hoy me he bañado en la playa la Savinosa, que me ha encantado por cierto-, entre Tarragona y Barcelona estos últimos días. Pero, antes de entrar a contar conversaciones y viajes y escurrimientos, me referiré a un algo que leí de Pérez-Reverte y que me extrañó no poco. No me sorprendió su tono, que me pareció desmesurado e histérico, vehemente y grosero, incluso desacertado por ampuloso y soez. No, ya he observado en alguna ocasión esa traza en sus escritos, traza que me hace pensar que, quizá, tenga, guarde o acopie tanta amargura que no le quepa y se le desborde. La sorpresa me viene dada por el aspecto de ser académico de la lengua quien comete deslices de bulto en lo que le concierne como tal. Escribió una frase que dice: “… sicarios a sueldo o por la cara”. Me llamó la atención, pues entendía yo que sicario significa asesino asalariado, cosa que comprobé merced al diccionario de la Real Academia de la Lengua. Por tanto, aun pareciéndome excesivo el término y aunque se pueda justificar como metáfora y licencia de escritor, es, sin duda, una redundancia decir “asesinos asalariados a sueldo”. Y un error, por tanto, que unos asesinos asalariados lo hagan gratis, por cuanto asesinos asalariados son las dos partes inherentes de “sicarios”, sin que pueda soslayarse ninguna de las dos, so pena de referirnos a otra cosa. Aún hay más abajo, en el mismo escrito, otra equivocación, según yo lo entiendo: dice algo acerca de lo que vale un café, refiriéndose a su precio. Y creo que Cervantes dijo algo así como que es cosa de necios confundir valor con precio. Es decir, si es al precio de una cosa a lo que nos referimos, habremos de decir que cuesta, no que vale. No sigo más. Parece que “Patente de corso”, como título de su columna, viene que ni pintado a sus modos, aunque ignoro quién le ha conferido semejante autoridad.
Y ahora voy a lo que me apetece, que es lo que me interesa y que es a hablar acerca de mis recientes viajes, que han sido disfrutes en sí y todas y cada una de las etapas. Habré de hacerlo de manera rauda o somera o resumida: ha sido mucho.
El finde que empezó el 9 de septiembre nos fuimos, desde Tauste, a pasarlo por donde nace el Ebro. Descubrí cosas y sitios que tengo al lado y que desconocía. Y a los que volveré. A La Lora, por ejemplo, le tengo cierto apego desde que, en el Sancho Abarca, estudiaba la Geografía de primero y aprendía aquello que empezaba: “Burgos tiene al norte la comarca de la Lora, tierra de páramos y de pastos, su centro es Sedano. Tiene yacimientos hulleros…” La cuadrillica -11 adultos y cuatro menores, geniales todos- ayudó, y mucho, a que el fin de semana fuera inolvidable, denso, simpático, agradable y pleno. En fin, insisto, volveremos.
El siguiente iniciamos el itinerario vacacional. Lo hicimos con calma, parándonos a ver Medinaceli, que merece la pena, dicho sea de paso, y pernoctando en Madrid: el sábado, día 17, teníamos la cita para visitar la exposición de Antonio López en el Thyssen. No hubo desperdicio. Obtuve tantas experiencias y sensaciones y enseñanzas, que di por intensamente aprovechadas las vacaciones, sólo con eso.
Y el domingo, a Málaga. A Capuchinos. Estuvimos allí, aprovechando el tiempo, disfrutando de primos y tíos y amigos –nos faltó gente por ver, aunque vimos mucha-; visitamos la finca de La Concepción, que Pepa no conocía; y el C.A.C., como siempre, donde nos sorprendió un tal Guillermo Pérez Villalta, uno de cuyos trabajos, “Artista creando una obra”, vimos días después en “La piel que habito”; nos encontramos con Pepi Pedraza, algo inesperado y muy agradable, y con el Bob –Manué-; pateamos mucha Málaga y, en fin, me “enmalagueñé” y me “mediterraneé” todo lo que pude. Fue entrañable todo, e intenso y tranquilo y agradable, incluidas, claro está, las coquinas y demás delicias que degustamos.
El 24, treinta y tantos años después, nos encaminamos a donde estaba esperándonos mi amigo Luis, Luis Manuel Garrido Gámez, a San José, en Almería. Fue muy emotivo, muy emocionante. Y mejor, para mí al menos, de lo que hubiera esperado, y eso que hube soñado, durante muchos días antes del reencuentro, buenos augurios. Reencontrármelo, hablar… saber cosas que ahí estaban y nunca habíamos conocido, porque no nos las habíamos dicho, fue sublime. Luis, como vas a leerlo, antes de que te hable –y felicite- por teléfono, que sepas que volver a verte ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mucho tiempo.
Después de esa experiencia de sólo un día –que se repetirá e incrementará en breve-, nos volvimos a Málaga, esta vez a la Axarquía: teníamos que vernos con el Cervantes –mi amigo Miguel, el de la caravana- y Marijose y Mario. Por fin, dormimos en la caravana.
Mateo esta vez no es protagonista interlocutor de mis conversaciones cavilacionísticas. Esta vez, Mateo, te vas a enterar de mis cavilaciones habladas con alguien, que no eres tú, leyéndolas aquí. Mira por dónde. Con Miguel las conversaciones no tienen desperdicio. Una de ellas, de las buenas, fue cuando le dije, con Benamargosa al fondo y sendas cervecicas en primer plano, que habíamos estado en Madrid y que había pensado yo que, a pesar de que dicen algunos que tienen mucha suerte sus habitantes, no es cierto. La mayoría no tiene la cantidad de tiempo ni de dinero que se precisa para aprovechar las ofertas culturales de toda índole o jaez que tanto abundan allí. No perciben, por vivir allí, salarios superiores a los que perciben sus colegas en otros lugares, como sucede, por ejemplo, en Navarra, en según qué puestos de trabajo. Y, en cambio, han de soportar que se manifiesten todos los españoles para cualquier cosa, sean perroflautas, papaflautas, sinflautas… ovejas y perros, incluso. Han de soportar, sin contraprestaciones. En estos últimos tiempos, las manifestaciones más sonoras son las de los docentes de la enseñanza pública. También hablamos de eso.
Aún le dije que me gustan mucho a mí ciertos mercados, por orden alfabético: Atarazanas, de Málaga; Born, de Barcelona –que, por cierto, les está quedando “demasié”-, Central, de Zaragoza, y San Miguel, de Madrid… y me está reventando que usen esa palabra para denominar cosas que molestan a casi todo el mundo. Hay cuatro que están aprovechándose de esta tesitura económica, porque crisis hay, por lo visto, hasta en China, que dicen que es la economía que mejor furula. Y los “señores mercados”, que no son los que he mencionado ahí arriba, se dedican a poner, o a imponer, normas que restringen las posibilidades de bienestar social de manera insoportable. Se están enriqueciendo unos pocos a costa del resto. Es una indecencia que mueran de hambre tantos, habiendo comida para todos, porque está todo esto gestionado “a la tía cipote”, como decía mi buen amigo José Antonio Frías Ruiz. Gestionado para acopiar lujos quienes gestionan… los mercados.
No es que cambiáramos de conversación, seguíamos yendo y viniendo y lo que digo aquí sólo es muestra, que fue más larga y profunda la cosa.
Cuando hablábamos de la Salud y de la Enseñanza, yo dije que el Estado habría de desconcertarse, es decir, que sólo existieran, de cada, una privada y una pública, sin conciertos o medias tintas. Y, siguiendo con el planteamiento, concluimos ambos que no es preciso andarse con explicaciones farragosas para convencer al personal de las excelencias de un concepto –público-: puesto que el fin de la salud y de la educación privadas es la obtención de beneficio material o suntuario, como empresas que son, y el de la salud pública es la salud y el de la educación pública es la educación, lógico es concluir que son mejores, siempre, y por definición, las públicas. Y si, por cierto, se las cargan como pretenden los neocon, los que han provocado la crisis, el señor mercado equis acabaría por encontrarse con un tráiler de su propiedad cargado de oro en un lugar, tipo desierto de Gobi, y no tendría a quién pagar para que le curara, le educara o le alimentara.
Y, en fin, aún nos quedan vacaciones. A Sádaba nos iremos a rematarlas.
martes, 13 de septiembre de 2011
MUCHAS GRACIAS A EL PATIAZ PUNTO ES

martes, 28 de junio de 2011
ÁCIDO ACÉTICO

domingo, 29 de mayo de 2011
ENCANTADORES, SENCILLOS Y CORDIALES LO SON

No tenía yo conocimiento del humor y la gracia de los alemanes. Y, la verdad, desde que sigo con cierta asiduidad a su jefa, me pasma el gracejo, las caídas de esta señora. Supongo que en algo se parecerá a sus compatriotas. Y viceversa.
Sí que había oído hablar de lo rigurosos que son a la hora de usar el método científico para sus cosas, para sus averiguaciones y aseveraciones. Además, lo voy comprobando, por ejemplo, con sus comunicaciones de certezas respecto a todo lo que atañe a la crisis. Bueno, y al euro, ya puestos.
Pues bien, el otro día, nada más saber –ellos, que yo me enteré a la vez- que se habían muerto algunos alemanes tras ingerir unos pepinos, les faltó tiempo para deducir, usando de manera admirable el método científico, como ya digo (observación del fenómeno, elaboración de una hipótesis, comprobación de la misma y elaboración de la tesis), que la causa estaba en España. Parece ser que el germen causante es una bacteria a la que se dio en llamar Escherichia Coli.
Bueno, pues voy a usar del mismo rigor científico que quien dijo que el problema que causaba la muerte a los germanos estaba, originalmente, en Almería o en Málaga. Y lo voy a hacer porque mis estudios, mi nivel académico me confieren autoridad para ello. He de empezar diciendo que la bacteria aludida adquirió su apellido (Coli) cuando fue descubierta. Es una de las llamadas enterobacterias. El intestino, en griego, es enteron, o sea, se les dio ese nombre de enterobacterias a las que fueron descubiertas en el intestino. A la mayor parte del grueso –del intestino, digo- se le llama también Colon, de ahí lo de Coli. En fin, para no dar la paliza, esta bacteria es una de las que están en el intestino. Está en unas cantidades que permiten que realice su función beneficiosa –que la tiene- y, si sube de ellas, se convierte en patógena, es decir, puede producir problemas. Incluso sirve como medidor de infección, si aparece en sitios donde no debe. Por ejemplo, si, cuando se analiza orina mediante un cultivo, aparece esta bacteria, se sabe que hay infección de orina, y se dice que hay coli fecales, refiriéndose a que hay Escherichia en esa muestra, en la que no debiera estar.
En general, los hábitos sexuales en los que no se hace daño a nadie –ni a uno mismo, se entiende, claro- no son considerados parafilias, o sea, anomalías. El sexo anal es una de las prácticas sexuales que hay quien pretende incluir en ese capítulo. Recuerdo que, en los tiempos de Reagan, se calificó en Estados Unidos como delito y se animó al personal a la delación… en fin, prefiero no seguir ni siquiera comentar. Se puede practicar en solitario o no. Y hay diversas maneras y útiles para ello. Es muy clásica la introducción de objetos diversos, sofisticados o naturales, como pudieran ser zanahorias o pepinos. Es fundamental la higiene, tanto antes como después: el objeto ha de estar limpio y, cuando deje de usarse, ha de limpiarse a conciencia. Máxime si, en el caso de los vegetales, pretende consumirse crudo después de haber sido usado del modo que digo.
He aquí, pues, mi rigor científico para mostrar la certeza de lo ocurrido en Alemania con los pepinos españoles: las escherichias ingeridas pudieran no proceder de Almería ni de Málaga. Puede que fueran Escherichias teutonas.
Y no soy -a la vista está- tan categórico como ellos lo fueron.
jueves, 26 de mayo de 2011
NO FÍO EN LA CORBATA

Es definitivo: no me gustan las corbatas. Fijémonos en una de ellas, en la que ostenta, luce o exhibe el mozo de la foto –al que, prudente y discretamente he quitado la parte que pudiera significar su identificación- y observemos un detalle, que es, por otra parte, habitual: esa prenda que menciono señala siempre un lugar. Y con ostentación, como haciendo alarde de que ahí, donde esa punta de flecha indica, está mi identidad, mi señorío. ¿No es, pues, machista, la corbata? Aunque algunas mujeres la lleven, también señalan su entrepierna, es decir, dan importancia a esa parte de la anatomía como si fuera, más que la primordial, la única. Y ese modo, reconozcámoslo, es un modo machista, el modo de alardear de lo que se posee, máxime cuando se señalan las partes llamadas pudendas. Y, ojo, que yo, como Woody Allen, digo que el segundo órgano más importante para mí es ése –en realidad, ambos nos referimos a la función, más que a la anatomía, es decir, a lo sexual, más que a los cojones y eso- y, en mi caso, el primero no es el cerebro –o lo intelectivo, dicho de modo funcional-.
No se ven muchas en la primera línea de las concentraciones de las plazas de España, ésas que han adquirido diversas denominaciones a lo largo de su escaso tiempo de vida, Democraciarealya creo que fue el primero. Y digo bien: en la primera línea, en la que aparece ante nuestros ojos. Por detrás, ya, no lo sé, no se ven en todo caso, los de atrás. Bien, iba yo a que desde un principio este movimiento quiso hacer ver, quiso dejar claro que no van en contra del sistema y que no propugnaban la abstención. Sin embargo, en algún sitio de los suyos, como apoyo argumental contra lo sucedido y lo declarado el día 22, en cuanto a las elecciones, se arrogan como un triunfo el 33% de la abstención. Pues bien, como ya he dicho en la anterior entrada y en alguna otra ocasión (con leer el tercer párrafo de lo enlazado es suficiente para lo que digo), yo me manifiesto como contrario a este sistema. Y no pasa nada, ni me pasa nada. Pero ellos no, ellos, desde el principio, supongo que pretendiendo aparecer como buenos, dejaron claro que no iban en contra del sistema, que pretendían convencer al personal de lo bueno del voto, no a los grandes partidos, pero voto. Por tanto, la abstención no deberían tomarla como muestra del éxito de sus manifestaciones o propuestas. Sigo pensando que dicen cosas que suscribo a pies juntillas. Sigue chocándome que no haya habido incidentes con la cantidad de personas congregadas, lo bien que están organizados. La buena intención prístina, aparentemente al menos, de tratar de remover consciencias y conciencias. Respecto a este objetivo, mira por donde, habría que hablar, habría que desmenuzar un poco su consecución, sus causas y efectos. Veamos: la consciencia ha podido verse iluminada en algunos casos. O en muchos: no porque piense que el personal esté adormecido, sino porque a lo mejor no pensaba de manera demasiado coherente, quizá porque ya se había preocupado el poder de tratar de anestesiar, de tratar de no permitir al individuo pensar mucho. Lo uno lleva a lo otro: ser pensador, buscar argumentos, lleva a que la conciencia nos diga qué debemos hacer, cómo hemos de comportarnos. Y así podríamos interpretar muchos de los números que han salido en cuanto a los votos del día 22: unos han pensado y, conmovidos, han actuado; otros, con la consciencia siempre alerta o despierta y con la conciencia siempre igual, inamovible (probablemente, según la definición que de esa cosa recuerdo que se hacía en el catolicismo, serían de conciencia laxa, en modo alguno bien formada ni escrupulosa), también han actuado: gentes que presentan a delincuentes para ser sometidos a plebiscito; gentes que aclaman a esos delincuentes, quizá porque les envidien, porque quieran medrar como ellos, esas gentes no se conmueven. Estas manifestaciones no les hacen mella. Ghandi no hubiera tenido “chance” en estos tiempo y lugar. Sigo pensando que no veo claro ese movimiento yo, aun no siendo evidentes las corbatas, no sé si no las hay.
Esta noche, a las 9, toca tertulia, a ver si hablamos de todo esto, a ver si obtengo algún punto que me aclare todo este mar de dudas en el que me muevo.
Pero lo de las corbatas lo tengo claro: no me cuacan; podría soportar las de tipo “Blues Brothers”, esas que no terminan en punta de flecha, son negras y delgadicas. Me resultan simpáticas –aunque, insisto, no soy de corbatas yo, en todo caso me inclinaría por la pajarita-.
viernes, 20 de mayo de 2011
SE VEÍA VENIR
viernes, 6 de mayo de 2011
LO QUE PASA ES... LO QUE PASA

El pasado lunes, el día 2, fue la Feria del Libro de Tauste. Ya era la edición decimotercera. Que se dice pronto. No voy a hacer resumen o crónica, que hay otros sitios y blogs en los que se hace, pero quiero dejar constancia de que los homenajes que se brindaron a José Antonio Labordeta fueron entrañables y el personal colaboró y se dejó llevar. O sea, que se emocionó y, en algunos casos, conoció alguna de las facetas de ese buen hombre, que tan buen de todo bueno fue.
Ayer, día 5 de mayo, la tertulia que tocaba salió muy bien. Al menos, eso me pareció a mí, por la forma en que tratamos los temas y por los temas. ¿O al revés? Se nos pasó el rato sin enterarnos, y eso es buena señal. Además, parece que al personal va interesándole y van incorporándose contertulios.
Las tertulias no tienen una definición unánimemente aceptada. Sin embargo, parece que se está de acuerdo en que no se tiene por qué estar de acuerdo en las opiniones que en ellas se manifiestan, aun cuando en más de una ocasión se llegue a acuerdos y conclusiones y propuestas acordes. Y anoche pasó de todo. Hubo de todo a lo que acabo de aludir. Y hablamos de política y de antropología y de filosofía y de poesía y de erótica y de griegos, romanos y egipcios, y de pintura y de arte y de compromiso social…
Y ahora, al ponerme a escribir estas reflexiones, me he acordado de que hoy es el día en el que empieza la campaña electoral.
Y también he recordado que, recientemente en dos ocasiones, en el servicio de caballeros de la quinta planta del edificio de Interfacultades de la Universidad de Zaragoza, me he encontrado con una concentración de limpiadoras –no menos de cinco- de cháchara. Por cierto, entra uno a mear y ellas allí se quedan, ni amago de salir hacen. Pues bien, mientras pixo, las oigo hablar y las dos veces lo hacen poniendo a caldo a alguien que no está allí. Ignoro la razón que tendrán en sus asertos, claro: no conozco a la persona ausente. En todo caso, están de acuerdo todas, lo que me hace sospechar que igual es mejor no faltar, a fin de que no te despellejen.
Total, que he pensado en que, con la que está cayendo –como gusta decir alguno de los candidatos a la alcaldía de Tauste con frecuencia alta, vamos, que es una coletilla-, en el sentido de que la ruina se cierne sobre todos y cada uno de los respiradores normales y la hambruna sobre bastantes, a lo mejor podríamos cambiar de hábitos. Me explico: en los mítines políticos lo usual es que los asistentes sean de la misma manera de pensar que los que los ofician, de modo que se ven muchas sonrisas, hay aplausos, abrazos, besos, todo muy bonito y eufórico. Pero no acabo de verle sentido práctico, amén de que tengo entendido que es una práctica ciertamente onerosa. Y me pregunto si no sería mejor, en cambio, y hablo de Tauste, que se juntaran un día en la Casa de Cultura los candidatos de las cinco formaciones que se presentan para representarnos y nos explicaran qué piensan hacer y cómo, y respondieran a preguntas que les hiciéramos los que asistiéramos… y ya está. Así no sería preciso gastar tanto en todas las cosas que se suelen gastar en estos periodos y de cuya eficacia, insisto, dudo sobremanera.
Y ahora quiero mencionar un algo que me afectó hace unos días. A Eduardo Galeano, cuyo libro “Las venas abiertas de América Latina” leí, pues me lo prestó mi amigo, el colombiano Álvaro García Hurtado, cuando me estrenaba en la Universidad, allá por 1975, le tenía en una alta consideración. Desde entonces. Y ahora no es que se me haya caído al barro, pero no ha dejado de desconcertarme, como digo, ese algo de lo que tuve conocimiento que dijo y que transcribo a continuación: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. No creo que sea de una trascendencia supina ni mucho menos, pero sí que me parece de una frivolidad de escándalo… con la que está cayendo.