DIGNIDAD

jueves, 26 de agosto de 2010

MÉRIDA Y LISÍSTRATA

Acueducto de los Milagros

Anteayer la cagué. Estuve corriendo con Mateo y, aunque empecé a notar que me dolía el tendón de Aquiles –ya me dolió el viernes-, no hice caso y seguí corriendo. Cuando hube dejado a Mateo a su bola y llevaba 34 minutos corriendo, al embocar la Canaleta l’Indio de vuelta, zas, la “pedrada”. No hubo manera de seguir. Incluso andando renqueaba. Y me di cuenta de que me había equivocado, de que tenía que haber descansado. Conclusión, confirmada por Eva, la fisio: ahora toca esperar más tiempo antes de reanudar los entrenamientos que si, atendiendo a mi cuerpo, a sus avisos, hubiera reposado. Ya no sé si llegaré a tiempo de correr el “Tarazonica”. En fin, ajoyagua.

Antes de eso, le contaba a Mateo que fuimos a Mérida el día 7. Me hubo regalado Pepa, por mi cumpleaños, la entrada para la representación, el día 8, en su magnífico Teatro Romano, de Lisístrata, una obra –genial y de rabiosa actualidad- de Aristófanes. Después del veranico tan majo que llevábamos, en cuanto a las temperaturas bonancibles me refiero, en Mérida nos ahogábamos de calor. Dejamos que el día transcurriera en sus horas de sol al abrigo del aire acondicionado de la habitación. Aún hacía calor de noche cuando fuimos a ver el Puente Romano, así que nos metimos en una heladería en la calle John Lennon y no salimos hasta que no nos hubimos rehidratado y repuesto un algo. Antes de irnos al lecho, pudimos ver el Templo de Diana y algo del Foro. El Arco de Trajano lo vimos muchísimas veces: aparcamos al lado nada más llegar.

En realidad, desde el día de mi cumpleaños, estaba yo pensando sólo en ver la obra de teatro que he mencionado. No había caído en lo que tiene Mérida de ver y admirar. Cuando compré el libro de Historia en 3º de bachiller, en la portada vi un acueducto que no era el famoso famosísimo de Segovia. Y me llamó mucho la atención. En el interior decía que la imagen de la portada correspondía al Acueducto de los Milagros de Mérida. Pues bien, no había caído en que tenía la oportunidad de verlo hasta esa noche del 7 de agosto en la que pergeñamos un plan a seguir al día siguiente para ver las cosas de esa ciudad. ¡Qué ganas tenía de verlo! Empezamos por él y no me desilusionó en absoluto. Al contrario. Iré, iré más veces a Mérida, en otro tiempo –sin calores ni sofocos-, y me quedaré ratos viéndolo. Dicen que se llama así porque es un milagro que no se haya caído. El de Segovia te hace decir ¡pero por favooor..! Pero es que el de Mérida también.

Después vimos más cosas, que Mérida no tiene desperdicio. No las voy a ir diciendo, porque tardaría y aburriría al personal. Sin embargo, sí que quiero decir algo en contra de cómo funciona allí la cosa: desde la Alcazaba, el trayecto para acceder a la Casa del Mithreo a pie, adolece de falta de indicaciones. El horario del que teníamos conocimiento abarcaba hasta las 13:45, por la mañana. Tenía su explicación: a esa hora se cierran las puertas, para que a las dos puedan irse, supongo que a comer, los porteros. Pues bien, si hubiera estado indicado convenientemente por dónde se accedía, hubiéramos llegado a las 13:25, más o menos. Pero, como tuvimos que desandar el camino equivocado, llegamos cuando mi reloj marcaba las 13:40 –y en los de otras tres personas que también estaban por allí eran las 13:38 y 13:39 (dos de ellas)-. Pues bien, la trabajadora portera –llevaba al cuello una especie de identificación colgada- nos dijo que ya no se podía entrar. Y uno que había a su lado –que no llevaba identificación, así que no sabemos si era un amigo de la anterior que tenía hambre y mesa reservada en algún lugar- dijo, al comentar mi señora “qué hora es pues”, mirándonos –no miró a ningún reloj-, que las dos menos cuarto. Aquí Mateo me dijo que él hubiera llamado a la policía para denunciar el hecho y, sobre todo, quedara constancia de la hora a la que se estaba produciendo el mismo. Pero nosotros, aunque también nos enojamos, preferimos mantener la paz.

Bien, después de todo, llegamos bien preparadicos a disfrutar del arte de la interpretación. El Teatro Romano de Mérida es un lugar excelente para eso. La noche mejoró y no pasamos calor. Qué bien allí, en segunda fila. Prefería haber estado ante una Lisístrata más fiel o, mejor dicho, menos ambientada en la actualidad y en las actualidades. En realidad, fiel al texto de Aristófanes era. Y al espíritu de la obra, también. En fin, puesto que lo que hallé es lo que había, lo que hallé es lo que me dispuse a disfrutar. Y lo hice. No me gustaron algunos de los actores, una tal Antonelli me pareció nefasta. Pero no enturbiaron aquello. Así que, aunque me perdí la actuación de Sambayá, no desperdicié el fin de semana: Mérida y Lisístrata merecieron la pena, me dejaron turulato.

Y luego, poco después de contarle esto, cuando Mateo siguió haciendo un recorrido mayor, voy y me lesiono y tengo que ir, para ir medio cómodo, hasta con gayata. Me cagüen.

viernes, 20 de agosto de 2010

SAMBAYÁ


La mejor foto obtenida, aunque no la única

Le decía a Mateo, mientras corríamos –cuán entrenado está el puñetero y qué poco yo-, que no he podido ir más que al concierto de Alberto Pérez. Y que iba a escribir acerca del de Sambayá, de oídas.

Algo, decía yo, pondré, dado que José Miguel y Maribel me proporcionaron material, pues me dieron sus opiniones (de ésta transcribo lo que me mandó por correo electrónico: “La actuación estuvo muy bien, para no variar se fue la luz, una sola vez pero mucho rato, ya te puedes imaginar el mal rato que pasamos, por suerte el público, al que se le puede llamar con toda justicia respetable, se portó muy bien, no se levantó el personal indignado sino que se quedó a esperar en silencio y comprensión. Los músicos de este grupo son buenísimos, nos parecieron estupendos todos, Alberto es muy bueno y parece un chaval estupendo. Yo creo que la gente se fue contenta y eso que no era un estilo que le guste a todo el mundo, sobre todo a la gente mayor -más mayor que nosotros, se entiende-.”) José Miguel me dijo lo mismo. También haciendo hincapié en lo del pianista. Pues vaya, qué bueno es el grupo y qué bueno es el tío, ¿no?

Y Mateo, cosa que no me esperaba, añadió que él ya estaba avisado, pues había tenido la oportunidad de ver antes su actuación en un lugar de Madrid, en el Capricho, o algo así. Y, pues le había gustado mucho en esa ocasión, dijo que, desde que supo que venían a Tauste el día 8, pensó en no perderse ese concierto, donde, además, supuso que se iba a estar más fresco y a gusto, por cierto. Es curioso todo ello, pues no es Mateo persona dada a expresar los placeres, los gustos. Ni siquiera a mí.

Le decía, casi con el liviano en la boca, que se me ocurre que propondré al resto de las personas que nos dedicamos a organizar los “Veranos”, llevar a cabo una encuesta, con el objetivo de averiguar el grado de complacencia de los asistentes respecto a las anteriores ubicaciones, a saber, el recreo del Colegio Alfonso I –ése que me gustaría que se llamara Escuela 23 de abril-. Le comenté un dato que recuerdo del año pasado: cuando vinieron los Silver Beats, los organizadores más veteranos dijeron que era la primera vez que se habían rebasado los 100 espectadores-. Hogaño, sin embargo, en los tres conciertos se superó esa cantidad sobradamente –en el caso de Amancio Prada estuvo más cerca la cosa de los 200 que de los 100-. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los conciertos se celebran en agosto, no sé cómo interpretar el dato. Él tampoco. Sí que me hizo ver que le parecía buena la idea la encuesta y que la cantidad de personas puede no tener que ver con el sitio –o sí-.

jueves, 5 de agosto de 2010

¿EN ESPAÑA EMPIEZA A AMANECER?

Hace unos días vi, en algún informativo de cualquier canal de la tele, un grupo de peñistas de Baleares que entonaba el afamado Kalinka –sin rasmia ni afinación, he de decirlo- con un monótono soniquete que repetía: “Yo soy español, español, español”. Era la respuesta a otro grupo que abucheaba a quienes asistieron allí a un festejo taurino, entre ellos, esa peña. Se me escapa qué tiene que ver esa reivindicación de españolidad con la de la tauromaquia. Y se me escapa que lo usen para defenderse y defender su postura pro-taurina. Para analizar todo este fenómeno de los últimos tiempos supongo que habrá sesudas personas muy capaces. Yo sólo me he quedado en la observación.

Resulta que, en Cataluña, su parlamento decide que no se van a celebrar corridas de toros en la Monumental de Barcelona –que es donde, al parecer, únicamente se celebraban- y se monta el cisma: el personal en la calle se manifiesta, unos porque están de acuerdo con la decisión, otros porque no. Y se mosquean todos. Y los que están a favor de que sigan los toros, cantan “yo soy español, español, español”. Hace mucho que tampoco hay corridas de toros en Canarias, y no se ha armado lío parecido, que yo sepa.

Hace un mes, después de hacer muy buen papel en Sudáfrica el grupo de futbolistas seleccionados como los mejores de España, ganaron el campeonato en el que estaban inmersos. Son profesionales de un deporte –que me gusta y mucho- y son muy buenos. Lo son como grupo, aparte de serlo individualmente. La lógica aspiración de cualquier deportista es conseguir lo máximo, y eso es lo que han logrado. Todos forman el mismo equipo. El público, en masa, cantó el famoso “Yo soy español, español, español”.

También han ganado mundiales las selecciones de balonmano y la de baloncesto. Y las de fútbol de jóvenes, y las de fútbol sala y no digamos la de hockey sobre patines. Seguro que me dejo equipos. En plan individual, ya hace días que empezaron los españoles a ganar cosas, en esquí, en motos, en bicis, en tenis, en atletismo –no podemos olvidar a Martín Fiz y Abel Antón-, en fin, no puedo nombrar a todos. Pero no había oído antes esa cancioncilla a la que he aludido unas cuantas veces ya.

Seguramente Paco Morales, un Psicólogo Social de mucho y muy merecido prestigio, pueda dar explicaciones al fenómeno. Al fenómeno que, por otra parte, tiene que ver con algunas amenazas recibidas por futbolistas catalanes del mundial, a los que algún que otro zote ha acusado de traidor. Es como si los de Fuentealbilla dijeran que Iniesta es un renegado por no jugar en el Atlético Fuentealbilla, sino en el Barça.

En fin, cantando esa especie de himno, no sé si reivindican algo, si tratan de defenderse de algo, de provocar algo… No sé qué procesos identitarios –ni de qué identidad- son los que están dejándose ver y oír últimamente de estas formas. No me gusta, eso sí lo sé, lo que subyace tras ello (por doquier azotan zotes, ya se ve). Me va más lo de ser tranquilo, lo de ser feliz, que enarbolar banderas a gritos, no sé si para hacerse oír o para no oír nada más.

Dentro de nada empieza el mundial de Baloncesto. Espero disfrutarlo, espero ver buen juego, buenas jugadas, buenos mates… Tengo ganas de ver ese gran espectáculo. Me gustaría que lo ganara la selección de España. Y, si ello sucede, no voy a cantar el Kalinka disfrazado de españolismo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

AMANCIO PRADA EN EL PARQUE

Hubo quien dijo al propio Amancio Prada que no había habido difusión en cuanto al anuncio de su concierto, que ella lo había visto antes en Ejea y había sido suficientemente anunciado. Ignoro entonces cómo se enteró, ya que acudió. A lo mejor fue por uno de los “escasos” medios de los que echamos mano –ella le dijo, literalmente, que “había habido poca difusión, por no decir ninguna”-: prensa, radio, televisión, internet, cartelería y folletos. Y “boca-oreja”, que de eso hacemos siempre mucho. En fin, tontis ha habido siempre y algo de sal dan a la vida.

Bueno, ahí va un algo que me mandó Maribel Rayado, un correo electrónico que me ha permitido transcribir a modo de crónica. Que sirva para ello, pues. Si alguien quiere añadir sus propios comentarios, que me los haga llegar y los añado al de Maribel. O, si lo prefiere, que lo haga como comentarios –en este blog, como “escurrimientos de otros” se llama-.

Ya imagino que enloqueceríais con Loquillo, pero aquí con el Amancio subimos al cielo. ¡Qué tío! Pilar y yo hicimos todos los nervios del mundo, así que nos dedicamos a pedir silencio para los niños a todos los padres que venían con un posible saboteador. Pues no, no hizo falta, la gente se comportó con un respeto impresionante, únicamente las ranas y los grillos, que tienen mucha cara. Se fue la luz un par de veces, nosotras al borde de un ataque al corazón, pero Amancio, como si fuera lo más normal, agarró la guitarra, la desenchufó sobre la marcha y se dirigió al público con un chorro de voz. El concierto fue precioso, la gente salió maravillada. Creo que hay pocos cantantes con la sensibilidad de Amancio Prada, la transmite con la voz, con la guitarra, con la mirada, te transporta a otro lugar mejor, en fin, ya ves que me entusiasmó. Además, ya te contaré el abrazo que le dio a José Luis. No sé si te servirá para algo este correo, de momento que te sirvan de comentario de una admiradora de Prada, que ha sido de lo mejorcico que hemos traído a las noches del verano de todos los tiempos. Nos vemos.

lunes, 2 de agosto de 2010

LOQUILLO Y LUNA LUNERA


El sábado pasado, el día 31, no estuvimos –no pudimos estar- en Aquatauste: teníamos que estar en Sos, en Luna Lunera, pues nos habían regalado unos amigos las entradas para ver actuar a Loquillo. Es jodido esto de que coincidan dos cosas que te apetecen mucho.

Había estado ya en ese festival, hace dos años –dos o tres, no sé exactamente- viendo a Rosendo. En aquella ocasión me regaló la entrada Sara Terraz. Azero fue el grupo que actuó de telonero. Aquel concierto me encantó. En todos los sentidos: Azero me pareció un señor grupo y de Rosendo… ¿qué decir de semejante artistazo? El marco, la Lonja de Sos, increíble. La organización me pareció muy buena. Todo, el público, el fresquico, el sonido, todo nos pareció, al amigo Perchas y a mí, excelente.

Pero, ay, esta vez ha sido otro cantar. Llegamos a Sos con tiempo. En la entrada, ya se ve, ponía que se abrían las puertas a las 10 de la noche. Pero no las abrieron hasta las once menos veinticinco. Mmmm, no sé, no empezaba la cosa seria. No estaba permitido traer bebidas del exterior –nosotros, sin darnos cuenta de ello, llevábamos en la mano una botella de plástico con agua y nadie objetó nada-. No recuerdo si se expendían bebidas cuando el concierto de Rosendo, pero en éste sí. Compramos un litro de cerveza en vaso de plástico por cinco euros –íbamos a cenarnos un bocata de tortilla hecho con “prima” de Sádaba y había que empentarlo de algún modo- y nos fuimos a nuestras localidades.

A las 23:20 empezó The Right Ons. Tocaron bien, no los conocía y nos gustaron. El personal se comportaba y parecía disfrutar. A las 00:20, más o menos, entró Loquillo. Para entonces, el trasiego de pozales de cerveza y de otras cosas había sido incesante. Quizás era la calor. Loquillo levantó a sus incondicionales. Mucha gente cantaba con él. Delante de nosotros había dos parejas, que no se conocían entre ellas, que se las sabían todas y que disfrutaban mucho y con civismo. Pero hete aquí que a mi derecha había dos zascandiles, dos mentecatos que no podían controlar su enfervorecida idolatría por el cantante y rugiaron abundantemente con cerveza a una moza que estaba delante de nosotros, yo creo que sería en la fila 7 en el asiento número 29 –lo digo por si lee esto, para que sepa que estamos con ella, que tiene razón si está cabreada-. El concierto en sí iba bien, pero hubo más de una, y más de dos, meteduras de pata. Los chavales de la organización no daban abasto para contener y hacer respetar un cierto orden. Es más, hasta me mosqueó el cantante de los teloneros: estaban, tras nosotros, vendiendo –creo, le vi un montón de cedés en la mano- sus discos y, murmutiando, nos molestaban… vamos, que tuvimos que llamarles la atención… lo que fue penoso, la verdad: falló su respeto para con sus colegas y para con nosotros, los espectadores. Por cierto, al menos alguno de ellos, de los de ese grupo, portaba en sus manos copas de cristal –o vidrio, que no sé yo distinguir esas cosas- por allí, entre el público.

Comprendo que pueda haber conciertos en los que sea dado el ambiente, digamos, gamberrete. Pero Luna Lunera no creo que sea el sitio para ello. Para que el personal esté “bolillón”, en pie, empujando y mojando a los de alrededor. Había uno, incluso, que no hacía sino tracamandear la cámara que va volando por allí. Y un individuo que trabaja en ello se tiró por dos veces, por encima de todos nuestros asientos –ya fue definitivo, no pudimos volver a sentarnos: los había dejado demasiado enmierdados como para ello-, a llamarle la atención. Los servicios, al menos los de mujeres, no era muy recomendable usarlos, al menos a cierta hora ya.

Me parece que el festival, muy subvencionado por organismos públicos, debe tratar de preservar la esencia, que es que el personal disfrute de actuaciones en un marco incomparable y tranquilo. No puede decirse que “el que va a un concierto de Loquillo ya sabe a qué va”. Vuelvo a lo mismo, muchos de los “Loquilleros” o “Loquillistas” que allí hubo estaban tranquilos y con ganas de disfrutar. No creo que se amortice con las entradas, ni con el bar, yo creo que se mantiene por el dinero público que se le concede, no creo que Sos pueda soportar semejante evento.

La compañía que tuvo Loquillo (Gabriel Sopeña, Miguel Ríos –el chavalín- y Sabino Méndez) dice mucho a favor del profesional que es. Sus músicos, excelentes. Él, un señor –había actuado en Veruela por la tarde en un homenaje a José Antonio Labordeta y en Sos estuvo casi dos horas y media dándole-. Sólo, pues, he de decir que lo decepcionante fue Luna Lunera. Muy decepcionante (¡qué diferencia con “Pirineos Sur”!). Me han dicho que el concierto de Amancio Prada en Tauste resultó acojonante… qué pena, perdérmelo.

LA CRÓNICA DE ALBERTO


Alberto Pérez me mandó un correo el día de San Ignacio de Loyola, el 31 (que es el día en el que nacieron Leyre y Javier, los gemelos de Esther y Santiago -es navarro éste último nombrado, no lo digo por nada- y, por cierto, 22 años antes, mi hija Carmen, la de verde en la foto) en el que me decía que no hubo podido subir la "apresurada crónica taustana" que a continuación va y me pidió que tratara de subirla al blog yo. El motivo, Alberto, según me ha dicho “el cacharro”, es que hay demasiados caracteres, de modo que la subo como una entrada más, en lugar de como un comentario, y ya está. Ahí va, sin dilación ni mayor presentación:

CRÓNICA TAUSTANA

Salud, Roberto:

Perdona que haya tardado unos días en dar señales de vida, pero me retenían ciertas invenciones urgentes. Veo, por la foto de presentación de Tausterock, que tus hijos, aparte del natural aire de familia, han heredado de ti la vitalidad y el sentido del humor.

Supongo que al otro lado de la cámara estaría Mariajosé.

Estuvo sabrosa la parrafada sobre móviles ágrafos que nos marcamos el sábado pasado durante los preparativos de mi actuación. Instantes antes, Pepe y Carlos me habían hecho la visita guiada al Aquatauste, aunque me exoneraron de la obligación de descalzarme, por ir ya vestido de respeto.

No sabes lo contento que me puse cuando me escribió Pilar Fresco invitándome de nuevo a actuar en Tauste. ¡De vuelta al paraíso!, me dije, e hice memoria de las dos visitas anteriores. El viaje desde Madrid fue muy tranquilo, recorriendo paisajes familiares, aunque siempre distintos: el valle del Henares, la Alcarria Alta, el valle del Jalón, el Campo de Cariñena, la Muela, y ya las terrazas del Ebro, que me marcaban el camino hacia vuestra tierra cincovillana.

Al llegar a Tauste llamé a Manolo, que me franqueó las instalaciones del Reina Rana desde la mismísima piscina municipal, mientras se acercaba en persona hasta el hotel. En él, por cierto, descubrí a un gran melómano y un gran conversador. Después, una siestecita y una ducha para quitarme el polvo del camino, y, ya tranquilamente, hacia el Parque del Agua.

Allí me esperaba, puntual, una nutrida representación del comité organizador de “En verano quedamos en el Parque”, con Pilar y Pepe a la cabeza –siento no recordar los nombres de todos- que me trataron, como siempre, con un cariño y un respeto admirables.

Y ya, acometimos sin demora la prueba de sonido, capítulo entretenido y no siempre desprovisto de sobresaltos. Pero en esta ocasión contábamos afortunadamente con los valerosos Cai y Trepa, auténticos Ángeles Acústicos, cuya profesionalidad y buen trato fueron ejemplares. Ah, ya para entonces, la compañera de Carlos -¿será posible que no recuerde su nombre, sólo que se crió en Alemania?- había colocado primorosamente las sillas, alternando el naranja y el amarillo.

Una vez que todo estuvo a punto, me retiré a un rinconcito tranquilo del Centro de Interpretación, a esperar la señal de Pepe para pasar al ataque, quien, por cierto, me pidió retrasar la salida unos minutos, pues no dejaba de llegar gente, cosa que me alegró mucho.

Una vez en el escenario, vi que el cierzo nos acompañaría durante toda la noche, lo que me obligó a imprimirle a la actuación un ritmo más vivo del previsto, sacrificando canciones e historias –como la de Calamocha- con las que el público creo que se habría regocijado de lo lindo, sobre todo con la del hermanamiento de los patronos respectivos de Tauste -la Virgen de Sancho Abarca y San Miguel- con los de mi Sigüenza natal -la Virgen de la Mayor y San Vicente-. Pero bueno, no todo puede salir como uno quiere.

Por cierto, veo que no te pasaron inadvertidos los efectos del agua de las Vigañuelas en mi organismo, pues, nada más recibir el último aplauso, dejé atrás al mesmo viento para aliviarme. Después hubo sesión de fotos con la chiquillería taustano-gallurana, y ya no nos volvimos a ver. Aunque sí comparecí pasado un rato para despedirme de los que quedaban, e incluso cantar un fragmento de “Viajera”, de Lolita Garrido, a medias con Ángel Gracia.

Se me olvidaba que, una vez recogidos los pertrechos trovadorescos, la noche se prolongó, creo que en el Guacamayo, frente a la Casa de la Cámara, adonde los esforzados y eólicos Anica y Toño, me condujeron y donde les esperaban otros amigos igual de melómanos e incansables que ellos.

Dejo para el final la placentera sensación que se experimenta al cantar y tocar mientras se contempla una torre tan hermosa como la de Tauste. Y, mira por dónde, ahora me entero de que no es mudéjar. Pues que se prepare el bueno de Jaime Carbonel, que me la tiene que justificar por lo menudo cuando vuelva por allí. Felicidades, por cierto, por su extraordinario artículo. Con más tiempo me adentraré en los otros blogs que me recomiendas, para no quemarlos. Y ahora vuelvo a mis obligaciones, que en este momento son esencialmente cantar y fregar.

Muchas gracias, Roberto. Un fuerte abrazo y muchos recuerdos a todos.

Alberto

miércoles, 28 de julio de 2010

ALBERTO PÉREZ... OTRA VEZ

Es la mejor foto que pudimos obtener... la noche, los medios... ya se sabe

Definitivamente, mi ausencia ha sido gorda: dos meses y dos días he estado sin aparecer por aquí. En fin, mis líos y mis cosas.

He estado en Madrid corriendo, en Córdoba disfrutando de la Mezquita gratis, en Málaga malagueando con mi Carmen y mis amigos, en Castejón de Valdejasa oyendo a Marisancho decir la tira de cosas acerca del Castillo de Sora –y disfrutando de la hospitalidad de los castejoneros- en Sádaba. Bueno, que para qué voy a contar todo aquello que he hecho. Sin embargo, sí que quiero detenerme para decir que quería que Mariajosé oyera las campanadas del reloj de la Plaza de las Tendillas de Córdoba, que lo he estado olvidando mucho tiempo. Después de pasar por allí cinco veces, por fin, cuando nos íbamos ya para Málaga, oímos dar la “media”; dos “campanazos”. Para quien no sepa a qué me refiero, mejor dejo que vaya a Córdoba sin desvelarlo, que, en fin, a lo mejor parece una tontada, pero resulta curioso. A mí me lo contó un cordobés en 2003 –y había estado unas cuantas veces en esa hermosa ciudad antes- y no sabía nada de eso yo Os intriga, a que sí.

Bien, ya se sabe que ha empezado la VII Edición de las actuaciones que vienen celebrándose en verano. Hogaño se llaman “En verano quedamos en el parque”.

El primero en intervenir, en “romper el aire”, ha sido Alberto Pérez. Antes de hablar del acontecimiento quiero decirte, Alberto, si lees esto, que anoche, viendo en algún telediario al Presidente de la Generalitat de Cataluña, me vino al esmo la charrada que tuvimos antes de que empezaras a tocar: este señor, José Montilla, inauguró algo rarísimo, inauguró los veinteavos campeonatos de Europa de Atletismo, fíjate. Curiosamente, en inglés, aunque pronunció con un deje muy poco inglés, entendí lo que inauguró. Supongo que en catalán también inauguró algo cierto –que tampoco lo sé, que no gasto yo de eso-. Pero, hijo mío, en castellano, siendo ésa su lengua madre o materna, no atinó, porque lo que pretendió inaugurar era la vigésima edición de los mencionados campeonatos. El pobre se refirió con un partitivo a un ordinal. Y encima -recuerda que hablábamos del modo de expresarse de cierto grupo de edad-, dicho Presidente tiene ya sus años y, creo, sus estudios, lo que corrobora que ni aquéllos ni éstos son garantía de mucho.

Ya está, ahora toca hablar de ti, de tu actuación.

Has sido el primero en hacerlo en el marco de Aquatauste, el parque del agua recientemente inaugurado en Tauste. Me hiciste disfrutar, cómo no, con tu arte. Con tus artes, por mejor decir. Solventaste alguno de los imprevistos -los niños paseándose por cualquier sitio, aunque te hubieron sorprendido, ellos y otros mayores, por la retaguardia- de manera magistral, demostrando tablas, demostrando paciencia y humor. Solventaste de muy buena manera la competición que establecieron contigo los anuros con su croar, el fresco de la noche, la circulación rodada por detrás… En fin, disfrutamos de un concierto de mucho agrado. De lo nuevo del repertorio, de lo que no conocía, me quedo con tu rocanrol a capella. Pero sólo lo digo por señalar algo, porque tu saber estar, tu trabajo de información y de retentiva para acercarte a quienes acuden a tus conciertos, tu curiosidad y tu gracia no fallan y encandilan a la concurrencia. Insisto, nos fue grata tu compañía, fue muy divertido estar allí y se nos pasó el rato en un inte.

Hablaste de nuestra torre mudéjar. Y te emplazo a que entres, con calma, en el blog de Jaime Carbonel, que también estuvo en tu concierto -no se pierde ni uno-, porque creo que te hará pensar en ello. No te digo más, prefiero dejarte como hiciste tú con la historia de la novia de Calamocha y el frío que parece superar al de Sigüenza.

Y para rematar, aunque fuera muy diurética el agua que bebiste, sigo sin asegurar que fuera -o que no lo fuera- agua de la fuente de las Vigañuelas. Aludo a la diuresis porque tuve ocasión de comprobar que te pixabas y, por cierto, ya no me pude despedir de ti.

Así que aprovecho para hacerlo ahora: hasta la próxima, Alberto, que sé que la habrá.

miércoles, 26 de mayo de 2010

ERRORES COTIDIANOS

Estimado Miguel (Gato):

He vuelto a salir a correr con una de las personas nuevas en esto y que mencioné hace dos entradas –la otra no estaba hoy en Tauste- y me ha dicho que ha leído tu blog.

Me decía que es penoso que el personal siga asociando inexorablemente el placer sexual anal –se refería a los comentarios y contracomentarios que ha habido en la entrada titulada “La iglesia dioi”, ésos de dar pol culo- con la homosexualidad masculina.

Me ha dicho que, por nuestras respectivas profesiones, tenemos acceso a saber que, aun hoy en día, abunda ese error al que aludía.

-Sí -le he respondido-, y lo malo es que, como dices, es un concepto muy arraigado y muy extendido.

-Lo peor, sin embargo –me ha replicado- es que, encima, muy probablemente, crea, esa persona anónima, y otras muchas como ella, que sabe mucho o, incluso, todo, acerca de este tema. Y así ¿cómo van a aprender si no creen desconocer? ¿Cómo, si no son conscientes de su ignorancia?

Para rematarla, después de un ratico callados corriendo, me ha dicho:

-Así que, Róber –siempre me llama así-, no te auguro buenos resultados en cuanto a la asistencia al curso de sexo para el que te postulaste cuando se anunciaron las actividades de la Casa de Cultura.

Me ha dejado sumido en la miseria… bueno, tampoco es para tanto: es algo con lo que cuento, es algo que, como se ha dicho antes, ambos tenemos asumido pues nos toca oír más de una creencia errónea como la mencionada al principio.

Y, en fin, aun no estando muy preparado, el domingo correré en Madrid 10 kilos de metros. De allí nos iremos a Málaga unos diícas. Así que, lo más probable, ya no me veáis por aquí hasta la vuelta.

Salud y felicidad a todos y que disfrutéis de mi… ausencia.

domingo, 16 de mayo de 2010

¡EL MES DE LAS FLORES!

Las flores... y la faldriquera

Nada, que nuevamente se me han amontonado las cosas que habría de decir. No puede uno descuidarse.

He estado ni sé dónde y mi amigo Luis Garrido, sabio y puesto en todo do los haya, me ha enterado de que van a bajar el sueldo a los trabajadores de la función pública.

Hay quien me dice que confíe en este sistema de funcionar colectivamente, que es el mejor de los posibles. Ése al que llaman democracia. Que no me escandalice tanto por todo. Pero, vamos a ver, hace unos días se juntaron Don José Luis y Don Mariano, al parecer porque son los que rigen los designios de España, arrogándose la facultad de ser los máximos representantes de los españoles. Y digo bien cuando digo que se arrogan: de 35 millones de electores, ellos, entre los dos -porque representan a sus respectivas formaciones políticas lo digo-, obtuvieron 22 millones y medio de los votos posibles en las últimas elecciones (el 61’49%). O sea, de los que hubieran podido votarles, más de 12 millones y medio de españoles (el 38’51%) no lo hicieron, así que no sé a qué fin se reúnen ellos dos nada más para hablar de todos y por todos. No sé siquiera si no son bastante impresentables e irresponsables ambos. Encima. Total, como digo, esos dos de antes se juntan y lo único que, según dijeron entonces, sacaron en claro como coincidentes, fue un algo acerca de las Cajas de Ahorro. Pues sí que estamos bien, sí que están bien quienes en ellos confían y confían en el sistema de llevar las cosas y el mundo individuos y creencias de ese jaez. Es como de papanatas o así. Y todos los medios de comunicación desplegaron un montón de recursos para cubrir la noticia como si nos fuera la vida en ello, en sus conversaciones y en conocerlas. No habría más de qué hablar, seguramente. Otorgaron al asunto la relevancia y la importancia que se suele reservar, qué sé yo, al nacimiento de algún nieto más del Borbón de la Zarzuela. ¿Acaso son comparables en trascendencia las dos noticias o los dos acontecimientos?

Hay una crisis económica, por si no os habíais enterado lo digo, que ha puesto patas arriba al mundo. La economía, que es la que rige los designios –ella sí, no los politiquillos, a la vista está-, manipulada por unos cuantos desaprensivos, cuando no directamente facinerosos, ha sido manejada de manera execrable y se ha ido todo al traste. Nos han dicho que, para que la cosa remonte, hay que insuflar dinero a los que han provocado este lío. Pero ¿quién lo dice?: quienes han montado ese lío, naturalmente, o sea, los que mandan de verdad. Y, además, para que sigan gestionándolo los mismos y de la misma manera. O sea, que volveremos a sufrir lo mismo. Una y otra vez.

Hablo con algunos y, buenas gentes ellos, me dicen que están de acuerdo en arrimar el hombro, apretarse el cinturón, para salir de la crisis. Me encanta ese ánimo, me encanta esa bondad. Pero yo pregunto otras cosas, yo pregunto que eso de salir de la crisis qué es, a dónde vamos después, si a otra crisis igual. Y pregunto, volviendo a lo del principio acerca de lo de la democracia como el mejor sistema de los posibles, si esto que tenemos lo es. Si es posible creerse que siendo global la economía, pero no la política, tendrá alguna vez alguna oportunidad ésta última. O, por contra, si ya no hay nada que hacer, a no ser que reviente todo de una vez algún día y se empiece desde cero con algún atisbo de ganas y de honradez.

Y, ciñéndome a lo doméstico, vuelvo a lo de los funcionarios. Como antes he dicho, se ayuda a los que han provocado la crisis y se penaliza a los que la sufren. Se me ocurren algunas cosas que me sé acerca de los trabajadores de la función pública. En la década de los noventa se decía que la causa de que España no funcionara bien –o una de ellas- era que la economía de nuestro país soportaba una carga enorme en personal de estas características. Se hizo un estudio comparativo. Entonces, Noruega era un país que realmente funcionaba, en lo económico y en lo social, bastante mejor que el nuestro. Bien, pues allí el número de trabajadores que desarrollaba su labor en la función pública representaba alrededor del 43 % de la población activa. España no llegaba al 15 %. Hoy podemos ver, también comparativamente, cómo anda el asunto en cuanto a la “zona euro”: Dinamarca tiene el 25’7 de sus trabajadores empleados en lo público, Suecia el 21’1, Francia el 17’1, el Reino Unido el 14’8, Alemania el 10’5 y España el 9’5. En esa década también se hizo otro estudio que ponía de manifiesto que el funcionariado, en España, con las congelaciones de salario y demás medidas tomadas para sanear la economía nacional entonces, había perdido alrededor del 23 % del poder adquisitivo que tenía al principio de los noventa. De eso aún no se han recuperado los funcionarios. Y hoy vienen con rebajarles, pues vaya.

Oí el otro día a sesudos economistas –materia de la que entiendo escasamente que es palabra que se escribe sin hache- que el fraude fiscal anda por el 6 % y que si se pusieran medidas para atajarlo o, siquiera, disminuirlo, no sería preciso recortar los sueldos a los funcionarios ni las pensiones. Si se pusiera, digo yo, mayor empeño en perseguir los delitos fiscales –ahora aparecen en Suiza 15.000 millones de euros escamoteados, más las tramas Gürtel y otras tramas-, si se controlaran los temas del gasto militar, lo dado a la Iglesia Católica y más cosas, no estaríamos como estamos. No haría falta penalizar a los funcionarios ni a los pensionistas. Ni a los dependientes.

He tenido ocasión de conocer, en su puesto de trabajo, el desarrollo laboral de muchísimos funcionarios. He de decir que esa fama que se les achaca es errónea. Es falsa y sesgada. Se dice que son, tal como se dice en Aragón, malfaineros. Es un colectivo grande y, colectivo humano como es, al fin y al cabo, consta de gentes de todo tipo. Tuve ocasión de comprobar que alguno hay, recuerdo a un individuo concretamente, que no es un modelo de eficacia, efectividad, eficiencia ni proactividad. También he tenido ocasión de observar a otros colectivos, en la empresa privada, como cajeras y demás empleados de Carrefour, Eroski o Alcampo, fontaneros, albañiles, pintores y camareros, entre otros. No todos son modelos de eficacia, efectividad, eficiencia ni proactividad, precisamente. No sé por qué criticarán a sus compañeros, trabajadores de la función pública. Es una moda que no sé por qué no pasa de moda. Como chiste es de muy mal gusto, cruel, injusto y nada solidario. Probablemente mal intencionado: puede que interese crear animadversiones. O qué sé yo. He visto muchos funcionarios manifestarse solidariamente por conflictos de trabajadores de empresas privadas –incluso aplausos a los trabajadores de SINTEL, recuerdo, acampados por la Castellana, que fueron aplaudidos, también, por parte de los corredores de MAPOMA-. He visto a muchos funcionarios solidarizarse con muchos empresarios de pequeñas y medianas empresas, cuyo patrón es Díaz Ferrán –buen ejemplar, buena pieza, por cierto- y a muchos empresarios mofarse de esos funcionarios que se habían solidarizado con ellos. En fin, prima denostar a los trabajadores de la función pública. ¡Qué pena! Por otra parte, pienso ahora, nadie nace funcionario. Para serlo es preciso aprobar unas oposiciones. Para acceder a la mayoría de empleos de la privada no, con una entrevista o medios similares se tiene suficiente.

Para acabar esta parte, se me ocurre aún una cosa más: si es tanta la cantidad que se va a ahorrar recortando salarios a los funcionarios y congelando las pensiones, será porque, pienso, son muchos los individuos que están en una u otra de esas situaciones. Por tanto, puesto que su poder adquisitivo se va a ir a la mierda, serán muchos los que consuman menos, lo que acarreará, si no me equivoco en mi modo de ver y entender la economía, otra vez incrementarse el déficit.

Y para remate, lo de Garzón. En este país se aclama y hasta se premia a una, muy probablemente, delincuente, que parece que ha robado, como otros cuantos, una pasta, a la vez que se castiga duramente a un juez que ha trabajado en contra de chorizos, terroristas, traficantes de droga y genocidas. Dice bien la Bachelet, médico ella, aparte de expresidenta de Chile, cuando usa la metáfora de que cuando una herida no está limpia, nunca cura. Si no se juzgara a delincuentes, por no sé qué peregrinos motivos, no tendría sentido describir delitos. Y entonces la convivencia sería imposible. Si no se restituye el buen nombre o la honorabilidad –son la misma cosa- de aquellos a quienes se vejó y humilló, y asesinó, como consecuencia de la Asonada de Franco de 1936, mal vamos. No es volver a abrir viejas heridas, es restañar las heridas que existen, curarlas. Es humano eso. Y decir quién o quiénes fueron los culpables es, ni más ni menos, lo justo. Así sí que es como se podrían acabar o zanjar viejos asuntos. No olvidemos que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Si nosotros olvidamos que por ir borrachos tuvimos un accidente, podríamos volver a conducir borrachos.

Hace mucho que, si no dejé de creer totalmente en la justicia, al menos era muy escéptico. Hoy no.

En fin, no voy a seguir mucho, aunque seguiría, pero podría cansar a quien quiera leer.

La ética, en suma, no veo que exista por parte alguna. Creo que era Aristóteles el que hablaba de ars política. Hoy eso son pamemas. No es que crea que todos los políticos son malos o imbéciles. Pero inútiles sí, porque son marionetas.

sábado, 1 de mayo de 2010

FIESTAS Y ESO

Lurte en Tauste

Hoy no, hoy no he corrido con Mateo (he salido justo cuando ha llovido lo suficiente para acarrear por el barro de los caminos, más que maripís, zapatones de a quintal cada uno). Hoy he corrido con dos personas –de quienes no voy a decir ni el apodo, pero que son de mi mucha confianza y a quienes mucho aprecio- que se han incorporado al asunto y que, claro es, no podían acompañarme durante todo el rato, pues no son personas entrenadas aún para tanto correr.

Iba a decir algo acerca de las fiestas y me he puesto en el día 1, el de la duodécima Feria del Libro. Si eso, ya hablaré dello cuando acabe –la feria, digo-.

De mis acompañantes, una –persona- estuvo y vivió las fiestas y la otra no, no sé si sólo no pudo estar o qué. Yo las pasé muy bien. Las pasé tranquilas, con calma y con gusto. Asistí a los actos que me apetecía asistir y que quería que mi Roya conociera. A pesar de algún inconveniente, porque es que el día de la Virgen Pequeña me pegué un tozolón en el juzgado que me dejó baldadico. Luego, se postergó el Rosario de Cristal al día siguiente –por cierto, se postergó, que no suspendió, de manera unilateral, sin encomendarse quien sea, quien mande en el cotarro rosarial o rosarístico, o consultar, a nadie más, lo que provocó el cabreo, que comprendí, de más de uno, y de muchos danzantes-.

Les he ido comentando estas cosas. Hablaba de que, quizás haya algún motivo, no me pareció bien que el día de Rosendo se hubieran programado dos actos, cuyos públicos no creo que sean incompatibles, a la vez. Sí, porque Lurte, ese día, tuvo que esperar a salir más de una hora después de la programada. Luego, cuando actuaron en la esquina Berroy, al lado de las vacas, disfrutamos mucho de sus cosas. Y, por la tarde, otra vez lo mismo: se montan su recorrido, llegan a la Plaza del Brasil –la de los Almogávares, que tanto que ver tienen con su asunto- y tuvieron que parar la actuación porque venían en busca del Esclavo las autoridades y demás comparsa para darse la vueltica del Rosario con él, con su familia y con sus amigos. Y, seguidamente, cuando iban a iniciar la actuación en la Plaza, en la puerta del Ayuntamiento, que es cuando tomé la foto, empieza a atronar la megafonía con la “Soundtrack” del Rosario… menos mal que, no sé a quién, se le ocurrió silenciar, al menos, los altavoces de allí, para poder oírles a ellos –a Lurte-. Les decía a mis acompañantes que no sé la impresión que se habrán llevado de todo lo que les fue pasando los artistas que componen ese grupo, ese alud de música y otras cosas.

En fin, seguíamos charrando y no sé a qué fin hemos acabado hablando de sexo. Decíamos, estábamos los tres de acuerdo, que la mojigatería de la que adolece una buena porción de la sociedad en la que vivimos, la que dice que de eso no se habla, o piensa que hay cosas que no se deben hacer, decir o aprender, es un mal que tiene que ver con la maldad de quienes han montado la sociedad, la occidental, la “culta”. Ésos que no creen lo que propugnan, sólo lo dictan para poder tener al personal subyugado, embrutecido, amedrentado. Porque algo, el sexo, que es agradable y enriquecedor y humano por sobre todas las cosas, si se hace creer deleznable, sucio o pecaminoso, se consigue tener a quien así lo crea en un puño.

Decíamos también, respecto a la mojigatería o ñoñez, que no se nace así, nadie nace ñoño, nadie púdico. No, esas cosas se aprenden. Se aprende a ser cursi y se aprende a reprimirse –represión no es sinónimo de control, no señor-. Y quien eso aprende y asimila y lo interioriza de manera que lo hace suyo, se pierde, en el sexo y en otras muchísimas cosas, una parte importante de su vida. Porque pierde libertad y, por tanto, salud, pues pierde posibilidades de crecimiento.

Conveníamos, igualmente, que el sexo, puesto que es algo que, según los charlatanes que manipulan a sus creyentes, es algo inherente a la naturaleza humana, es decir, nos es dado por ese dios del que hablan, es contra esa naturaleza divina contra quienes van quienes la contravienen. En resumidas cuentas, pecan quienes no siguen los designios divinos, quienes atrofian esa faceta que nos ha proporcionado.

Estas cosas, más o menos así dichas, son las que decíamos mientras corríamos. ¡Qué corrida más interesante la de hoy!

Cuando nos hemos despedido, cada uno hacia su casa, estábamos convencidos de que teníamos razón los tres.

Y ya había dejado de llover.

martes, 20 de abril de 2010

VISPRA 2010

Espectadoras privilegiadas de la Andada

Esta mañana, antes del chupinazo, de cualquiera de ellos pues desde hace algunos años hay dos, he estado charrando con Don Miguel Salas –usease, Miguel Gato- de nuestras cosas, y de otras cosas, un ratico. Aún nos han quedado muchas por decir, pero ya nos las diremos, que hay días.

Luego me he ido a correr. Para no variar, se ha acoplado Mateo. Bueno, he sido yo quien se ha acoplado, que es que estoy muy desentrenado, que es que no puede ser. Pues bien, el jodido me ha dicho que había leído mi última entrada, mi último post, y que podría haber hecho la famosa cita de Cesare Pavese al principio, la que dice: “El modo de no cambiar es no pensar” y hubiera quedado el primer párrafo más sencillo, hasta más elegante. Hubiera hecho honor, me decía, a nuestro insigne paisano Baltasar Gracián con su famoso "lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo" ¡Joder con el Mateo y sus críticas! Como es natural, le he dicho que sí, que es verdad, pero que yo lo que quería decir, por ver si metía el dedo en el ojo de alguno, preferí decirlo así, tal como lo dije, además de que pretendía mencionar a Maricarmen… (¡y que no conocía la cita del Pavese, qué narices, lo reconozco..! claro, eso no se lo he dicho, al Mateíto los güevos ya, no iba a reconocerle que tenía razón, pues no faltaría más).

Nada, seguimos corriendo, yo echando las muelas y el liviano y él tan liviano, y le comento que el domingo pasado, el 11, hice la Andada y que, cuando llegaba a Canduero, oliéndolas antes, vi las güellas de la foto y me vino a la cabeza –u al esmo- una conferencia que di el 10 de marzo –me interrumpió para criticar, como hace mi amigo Josemari, que esas cosas se hagan a esas horas, se refería a que los actos del día de la Mujer y aledaños, días 8, 9 y 10 de marzo entre otros, se llevan a cabo entre las tres y las cinco de la tarde, horas en las que hay mucho personal que quiere pero no puede acudir, pero que yo no tengo la potestad de cambiar, ya se lo he dicho, aunque estoy de acuerdo… vaya con Mateo-. Pues eso, que le decía que una parte de la conferencia -que se titulaba "La Autoestima"- a la que quise dar énfasis, versaba acerca de la autoestima en la gente que tenía una cierta edad, los jubilados. Le decía, esperando que no me cortara, que hice hincapié en el asunto de que las personas que llegan a determinado momento de su vida, y que, encima, han aprendido a conocerse y apreciarse, a estimarse, puede que se encuentren con que los que están cerca decidan que están mejor en según qué sitios, sin que ellos hayan decidido nada, sin que hayan podido opinar siquiera. Siendo autosuficientes. Y, a lo mejor, ni precisan ir a esos lugares. Eso tiene que ser muy doloroso. Y es algo de lo que se tiene constancia hace mucho: el menosprecio que sienten muchas personas hacia sí de gente por quienes han hecho todo lo que han sido capaces de hacer les duele absolutamente, les provoca un dolor sin fondo, del que no suelen salir. Y, claro, pensaba yo que pueden pensar ellos, esas personas de las que hablo, a esas alturas de su periplo vital, que a lo mejor se han equivocado teniendo ilusiones, para luego acabar su vida estabulados.

Por eso he asociado las reses de Canduero con mi conferencia.

En fin, he conseguido parar el crono a la puerta de casa en 42’ 51’’, cosa que no está nada mal al fin y al cabo. Luego, tras comer celebrando la Vispra y el primer mes de casados, nos hemos ido a la Prueba del Dance y el Berdo se ha preguntado preguntándome que qué tendrá eso para gustarnos tanto y emocionarnos tanto y Bruce (Sergio) me ha hecho ver que lee todo esto. Así pues, aun con todo, pienso que mejor es que sigamos convencidos de que lo importante en la vida es ser felices… y poner manos a la obra y estar con quienes están donde no quieren, para hacerles pasar sus raticos de la mejor manera.