DIGNIDAD

jueves, 26 de mayo de 2011

NO FÍO EN LA CORBATA


Es definitivo: no me gustan las corbatas. Fijémonos en una de ellas, en la que ostenta, luce o exhibe el mozo de la foto –al que, prudente y discretamente he quitado la parte que pudiera significar su identificación- y observemos un detalle, que es, por otra parte, habitual: esa prenda que menciono señala siempre un lugar. Y con ostentación, como haciendo alarde de que ahí, donde esa punta de flecha indica, está mi identidad, mi señorío. ¿No es, pues, machista, la corbata? Aunque algunas mujeres la lleven, también señalan su entrepierna, es decir, dan importancia a esa parte de la anatomía como si fuera, más que la primordial, la única. Y ese modo, reconozcámoslo, es un modo machista, el modo de alardear de lo que se posee, máxime cuando se señalan las partes llamadas pudendas. Y, ojo, que yo, como Woody Allen, digo que el segundo órgano más importante para mí es ése –en realidad, ambos nos referimos a la función, más que a la anatomía, es decir, a lo sexual, más que a los cojones y eso- y, en mi caso, el primero no es el cerebro –o lo intelectivo, dicho de modo funcional-.

No se ven muchas en la primera línea de las concentraciones de las plazas de España, ésas que han adquirido diversas denominaciones a lo largo de su escaso tiempo de vida, Democraciarealya creo que fue el primero. Y digo bien: en la primera línea, en la que aparece ante nuestros ojos. Por detrás, ya, no lo sé, no se ven en todo caso, los de atrás. Bien, iba yo a que desde un principio este movimiento quiso hacer ver, quiso dejar claro que no van en contra del sistema y que no propugnaban la abstención. Sin embargo, en algún sitio de los suyos, como apoyo argumental contra lo sucedido y lo declarado el día 22, en cuanto a las elecciones, se arrogan como un triunfo el 33% de la abstención. Pues bien, como ya he dicho en la anterior entrada y en alguna otra ocasión (con leer el tercer párrafo de lo enlazado es suficiente para lo que digo), yo me manifiesto como contrario a este sistema. Y no pasa nada, ni me pasa nada. Pero ellos no, ellos, desde el principio, supongo que pretendiendo aparecer como buenos, dejaron claro que no iban en contra del sistema, que pretendían convencer al personal de lo bueno del voto, no a los grandes partidos, pero voto. Por tanto, la abstención no deberían tomarla como muestra del éxito de sus manifestaciones o propuestas. Sigo pensando que dicen cosas que suscribo a pies juntillas. Sigue chocándome que no haya habido incidentes con la cantidad de personas congregadas, lo bien que están organizados. La buena intención prístina, aparentemente al menos, de tratar de remover consciencias y conciencias. Respecto a este objetivo, mira por donde, habría que hablar, habría que desmenuzar un poco su consecución, sus causas y efectos. Veamos: la consciencia ha podido verse iluminada en algunos casos. O en muchos: no porque piense que el personal esté adormecido, sino porque a lo mejor no pensaba de manera demasiado coherente, quizá porque ya se había preocupado el poder de tratar de anestesiar, de tratar de no permitir al individuo pensar mucho. Lo uno lleva a lo otro: ser pensador, buscar argumentos, lleva a que la conciencia nos diga qué debemos hacer, cómo hemos de comportarnos. Y así podríamos interpretar muchos de los números que han salido en cuanto a los votos del día 22: unos han pensado y, conmovidos, han actuado; otros, con la consciencia siempre alerta o despierta y con la conciencia siempre igual, inamovible (probablemente, según la definición que de esa cosa recuerdo que se hacía en el catolicismo, serían de conciencia laxa, en modo alguno bien formada ni escrupulosa), también han actuado: gentes que presentan a delincuentes para ser sometidos a plebiscito; gentes que aclaman a esos delincuentes, quizá porque les envidien, porque quieran medrar como ellos, esas gentes no se conmueven. Estas manifestaciones no les hacen mella. Ghandi no hubiera tenido “chance” en estos tiempo y lugar. Sigo pensando que no veo claro ese movimiento yo, aun no siendo evidentes las corbatas, no sé si no las hay.

Esta noche, a las 9, toca tertulia, a ver si hablamos de todo esto, a ver si obtengo algún punto que me aclare todo este mar de dudas en el que me muevo.

Pero lo de las corbatas lo tengo claro: no me cuacan; podría soportar las de tipo “Blues Brothers”, esas que no terminan en punta de flecha, son negras y delgadicas. Me resultan simpáticas –aunque, insisto, no soy de corbatas yo, en todo caso me inclinaría por la pajarita-.

viernes, 20 de mayo de 2011

SE VEÍA VENIR


Ya hace unos años, desde 2004 puede decirse, que voy tomando decisiones de mucho fuste. Todas las que tomamos son decisivas, claro es, pero no se me negará que las hay de especial trascendencia por motivos diversos, qué sé yo, en mi caso hablo de cambiar mi vida varias veces y drásticamente, al venirme de Málaga, al casarme, etc. Ahora, ambos dos –mi señora y yo- estamos en un trance expectante, hoy, que es cuando acaba la campaña electoral, por cuanto el domingo nuestra vida pudiera tomar un rumbo que hace dos meses ni hubiéramos pensado.
Hace unos días se empezó a manifestar por las redes –o por la red, qué sé yo acerca de esto-, a la manera característica de ese medio, la desilusión, el desencanto del personal con este tipo de sociedad –la llamada occidental, grosso modo-, culminando en la convocatoria a las concentraciones del día de San Isidro.
Parece haberse trocado ese ambiente de descontento y desesperanza por un atisbo de ilusión. Quizá sea sentir la comunión con muchos otros lo que haya propiciado ese cambio. Reivindican muchas cosas con las que estoy en completo acuerdo. Por ejemplo, podrían recogerse firmas para cambiar la ley electoral, ya que hemos de aguantar este sistema, para que sea justa por proporcionalmente representativa –ya lo he dicho en alguna ocasión en este blog-.
Por ahí hay gente que, de muy buena fe y con cabecicas bien amuebladas, estoy seguro, hablan acerca de este fenómeno o acontecimiento. Al final pondré enlaces a algunos de los que he leído, pero al final, que, si los pongo ahora, el personal se me distraerá pinchándolos.
Hay muchas cosas que se me ocurren, pensando en todo esto. Considero admirable el autocontrol demostrado. Es decir, siendo tantos, no ha aparecido la violencia. Durante todo el tiempo que ha servido para gestar este alumbramiento, la cosa ha ido madurando. El personal ha ido hartándose de aguantar mangoneos e impunidad. Y opresión. Yo creía que estaban apretando mucho los tornillos los apretadores de tornillos. Demasiado. Que estaban achuchando hasta arrinconar. Y es bien sabido que, cuando no se deja salida, el acorralado sólo tiene dos opciones, una de ellas, la rebelde, en muchas ocasiones es violenta. Sin embargo, al modo de Ghandi, el personal ha decidido ser pacífico en la manera de ser rebelde. Así pues, también eso lo aplaudo, pues demuestran inteligencia, entre otras cosas.
La organización de todo y de todos me desconcierta: no sé cómo se ha hecho. No por ello se me ocurre sospechar que haya manipulación detrás. O quién sabe qué fantasmas, como algunos piensan. Por cierto, me acabo de acordar, al hilo de esto, de alguien que tiene en la cabeza una fijación fantasmagórica de ese jaez: aquí al lado, en Ejea, nuevamente se ha podido oír al mequetrefe ése que fue ministro del Interior decir las barbaridades que suele. Aun siendo él desacertadico, sus correligionarios son más responsables pues que aparentan estar en sus cabales. Y, si realmente quisieran jugar con las reglas de una democracia de verdad, una vez dicha la primera impertinencia-tontada-injuria por ese pobre hombre, le habrían impedido decir más. Pero no es el caso ni puede serlo, dado que no es la democracia su fuerte ni tan siquiera lo que quieren, salvo para aprovecharse de ella, como es evidente. Y, por cierto, hablando de quien todas las estupideces aludidas antes profiere, se podía haber hecho algo bueno por él, estando tan cerca de Sádaba: creo que hubiera sido pertinente haber aprovechado y haberlo depositado al lado del pantano de Valdelafuén.
Pero, en fin, todo ello, siendo la misma historia, es otra historia.
Hay quien dice por ahí que el movimiento que se me ocurre llamar “Toma la calle” es contrario al sistema. Y simplemente es mentira: si dicen que quieren que se vote, si dicen que quieren cambiar la ley electoral, es que están de acuerdo en seguir con este sistema. Modificándolo, pero nada más. He oído, sin embargo, a alguno de los que se han apuntado al carro, decir lo contrario. Y, por cierto, tampoco creo que sea grave o descabellado no estar de acuerdo con este sistema ni que que así se esté implique ser ogros viles y violentos o sádicos cuyo comportamiento propenda la sevicia.
Me gusta que haya movimientos de este tipo. Y me gusta que, de momento y según parece, no se hayan dejado manipular. Aunque hay frikis –que sé de alguno de los que están en Zaragoza que lo son y mucho- que se apuntan esnobmente –se me valga el palabro-; aunque no me guste el modo en que, según he oído en la radio a ellos mismos decir, se lleva la intendencia –hay carencias de autogestión o sobras de abuso, según se mire-; aunque haya quienes se van a aprovechar, sin duda, y encima casi ni son nada –y, mal que me pese, se demuestra que, en realidad, nunca lo han sido-, a pesar de todo eso, me gusta, me ilusiona y confirma mis “historias” en cuanto a que no hay que perder la alegría y las ganas de arrimar el hombro para con el hombre.
Aburriría si siguiera hablando todo lo que quiero, así que guardaré para otra entrada algo. Ahora sólo diré que he tenido conocimiento de que la Junta Electoral Central ha decidido –creo que es otro el verbo a usar, dictaminar o sentenciar o algo así, pero yo no entiendo de leyes ni de ese argot- que han de levantar el campamento las gentes que estaban acampadas haciendo ver esa iniciativa de la que voy hablando todo el rato, los Indignados. Y que un grupo político ha interpuesto una protesta por ello –no sé si ha de decirse querella o recurso- en un juzgado… ah, sí, ante el Tribunal Supremo, a las 13:56. Pensando estas cosas ante el teclado, he oído ahí abajo en la calle una conversación. Una señora empujaba un cochecico de crío donde iba un crío, y se han cruzado con una mujer. Ésta, mirando al rorro, le espeta a buen volumen: “¿Ande vas pues, amante?” El crío movía las piernas muy contento y contesta la otra: “Dile: a merendar” “¿A merendar con la yaya?” “Dile: sí” “¿Y el yayo, andestá pues el yayo?” “Dile: al campo” “¿Al alfalceee?” “Dile…” En fin, así hablan muchas veces las gentes. Nunca lo hice yo con mis hijos –Roberto cumplió 29 años el recientemente pasado día de San Pascual Bailón, o sea, que ya hace tiempo de lo que digo que no hice- pues nunca me ha gustado esa manera. Y son críos a los que suplantamos y que en muchos casos podrían contestar. El movimiento del que hablo, aun siendo joven, creo que tiene suficientes recursos como para que ahora se venga manifestando como valedor de sus derechos una formación que, como digo, pudiera hasta salir beneficiada con su existencia –también es cierto que bastante perjudicada ha sido hasta la presente, aparte de por sus dirigentes, por las leyes democráticas no justas ni igualitarias o igualizadoras, que no sé cómo estará mejor dicho, si es que lo está de alguna de las dos maneras-.
Los enlaces:

viernes, 6 de mayo de 2011

LO QUE PASA ES... LO QUE PASA


El pasado lunes, el día 2, fue la Feria del Libro de Tauste. Ya era la edición decimotercera. Que se dice pronto. No voy a hacer resumen o crónica, que hay otros sitios y blogs en los que se hace, pero quiero dejar constancia de que los homenajes que se brindaron a José Antonio Labordeta fueron entrañables y el personal colaboró y se dejó llevar. O sea, que se emocionó y, en algunos casos, conoció alguna de las facetas de ese buen hombre, que tan buen de todo bueno fue.

Ayer, día 5 de mayo, la tertulia que tocaba salió muy bien. Al menos, eso me pareció a mí, por la forma en que tratamos los temas y por los temas. ¿O al revés? Se nos pasó el rato sin enterarnos, y eso es buena señal. Además, parece que al personal va interesándole y van incorporándose contertulios.

Las tertulias no tienen una definición unánimemente aceptada. Sin embargo, parece que se está de acuerdo en que no se tiene por qué estar de acuerdo en las opiniones que en ellas se manifiestan, aun cuando en más de una ocasión se llegue a acuerdos y conclusiones y propuestas acordes. Y anoche pasó de todo. Hubo de todo a lo que acabo de aludir. Y hablamos de política y de antropología y de filosofía y de poesía y de erótica y de griegos, romanos y egipcios, y de pintura y de arte y de compromiso social…

Y ahora, al ponerme a escribir estas reflexiones, me he acordado de que hoy es el día en el que empieza la campaña electoral.

Y también he recordado que, recientemente en dos ocasiones, en el servicio de caballeros de la quinta planta del edificio de Interfacultades de la Universidad de Zaragoza, me he encontrado con una concentración de limpiadoras –no menos de cinco- de cháchara. Por cierto, entra uno a mear y ellas allí se quedan, ni amago de salir hacen. Pues bien, mientras pixo, las oigo hablar y las dos veces lo hacen poniendo a caldo a alguien que no está allí. Ignoro la razón que tendrán en sus asertos, claro: no conozco a la persona ausente. En todo caso, están de acuerdo todas, lo que me hace sospechar que igual es mejor no faltar, a fin de que no te despellejen.

Total, que he pensado en que, con la que está cayendo –como gusta decir alguno de los candidatos a la alcaldía de Tauste con frecuencia alta, vamos, que es una coletilla-, en el sentido de que la ruina se cierne sobre todos y cada uno de los respiradores normales y la hambruna sobre bastantes, a lo mejor podríamos cambiar de hábitos. Me explico: en los mítines políticos lo usual es que los asistentes sean de la misma manera de pensar que los que los ofician, de modo que se ven muchas sonrisas, hay aplausos, abrazos, besos, todo muy bonito y eufórico. Pero no acabo de verle sentido práctico, amén de que tengo entendido que es una práctica ciertamente onerosa. Y me pregunto si no sería mejor, en cambio, y hablo de Tauste, que se juntaran un día en la Casa de Cultura los candidatos de las cinco formaciones que se presentan para representarnos y nos explicaran qué piensan hacer y cómo, y respondieran a preguntas que les hiciéramos los que asistiéramos… y ya está. Así no sería preciso gastar tanto en todas las cosas que se suelen gastar en estos periodos y de cuya eficacia, insisto, dudo sobremanera.

Y ahora quiero mencionar un algo que me afectó hace unos días. A Eduardo Galeano, cuyo libro “Las venas abiertas de América Latina” leí, pues me lo prestó mi amigo, el colombiano Álvaro García Hurtado, cuando me estrenaba en la Universidad, allá por 1975, le tenía en una alta consideración. Desde entonces. Y ahora no es que se me haya caído al barro, pero no ha dejado de desconcertarme, como digo, ese algo de lo que tuve conocimiento que dijo y que transcribo a continuación: En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. No creo que sea de una trascendencia supina ni mucho menos, pero sí que me parece de una frivolidad de escándalo… con la que está cayendo.

miércoles, 23 de febrero de 2011

LA TERTULIA QUE VIENE


Hace unos días, como ya se ha dicho, tuvo lugar la presentación de mi libro de poesía. Allí el personal habló de mí y todo aquello me resultó extraño, pues era la primera vez que me sucedía. Maribel incluso analizó uno de los poemas, un soneto.

Cuando me llegó el turno, se me ocurrió tratar de explicar, bien que muy a grandes rasgos, cómo es, en general, mi proceso creativo. A la vez, no perdía de vista el reloj que hay encima de la puerta de la Biblioteca ni las caras del personal que, pacientemente, me escuchaba. Traté de explicarme de la mejor manera y de la más rápida. Al final, viendo que podíamos quedarnos hasta el día siguiente, antes de agradecer a los concurrentes y para dar por concluida la disertación, hice el comentario de que lo mejor, para ello –a dar cumplida información acerca de cómo y por qué escribo me refiero- y para intercambiar ideas, pensamientos, conocimientos, etc, sería hacer una tertulia literaria, en la que pusiéramos en común todo lo que se nos fuera ocurriendo.

Poco después, en La Topera, Cristina Montolar me dijo que le había gustado mi proposición, pero que prefería que fuera, en lugar de literaria, una tertulia de temática general. A mí me encantó su entusiasmo y, allí mismo, tomamos la decisión de celebrar una tertulia el último viernes de cada mes. La primera, pues, convinimos que sería el día 25 de febrero, a las ocho de la tarde.

Así pues, ahí la tenemos, bien cerca. Puede venir quien quiera. Aquel día 28 de enero no decidimos tema alguno, dejamos la cosa abierta, y que cada cual fuera pensando. A algunos nos ha parecido bien que sea, como tema general, ARTE (así, sin artículos ni cualquier otra determinación). Como apartados, podría tener: artes, artistas… en fin, lo que se nos vaya ocurriendo -incluso, una vez empecemos, no sabemos cómo ni dónde o con qué tema seguiremos y acabaremos-.

Queda dicho: la primera Tertulia será el día 25 de febrero, a las ocho de la tarde, en La Topera, abajo. Quien quiera y pueda venir, invitado está.

jueves, 17 de febrero de 2011

NUEVO HORARIO DE... ¿APARCAMIENTO?


Ayer, muy de mañana, oí en la radio hablar de la cosa de los horarios en las escuelas en Aragón.

Las posturas parecen enfrentadas y los ánimos enconados.

Recordé una conversación, hace unos años ya, que tuve con Isabel Pascual, profesora de Física y de Química en el Instituto donde estudiaron mis hijos, en Málaga. Me decía que había sido firme defensora, cuando el asunto se hubo planteado en Andalucía, de la jornada continua. Mis hijos habían sufrido o disfrutado los dos tipos de horarios, los de la jornada antigua y los de la jornada continua. Trabajábamos ambos progenitores y ninguno de los dos tipos nos supuso problemas insalvables. No teníamos un criterio claro para preferir uno u otro. Ni tuvimos la oportunidad de elegir. Pues bien, como decía, esta encantadora y veterana profesora –estábamos hablando precisamente en la celebración de su sexagésimo aniversario-, ya no estaba de acuerdo con aquella primera opinión. Me decía que, con tantos años, la cuestión de explicar cosas de la Termodinámica, los enlaces covalentes y el tiempo que tarda un móvil en parar, dependiendo de la velocidad que lleve y la aceleración negativa que se le imprima, no eran cosas que le supusieran un especial esfuerzo mental y, sin embargo, a una cierta hora de la mañana, la fatiga iba ocupando el lugar que dejaba la energía conforme se iba usando. Y se planteaba, y me hizo pensar en ello, si los chicos, a los que cada día se les pretendía inculcar algo nuevo en cada materia, no se fatigarían más aún, al tener que acumular saberes y aprendizajes sin apenas descansos.

He oído decir que los humanos tenemos más fácil eso de aprender o asimilar por la mañana, porque tenemos mucho oxígeno por ahí, por las células. He oído decir que acumular horas y horas hace añicos las reservas de glucosa de las que el cerebro extrae los nutrientes que necesita para funcionar… en fin, que he oído argumentos de todo tipo a favor y en contra de ambas opciones.

Indagando, he encontrado una opinión que lanza una persona directiva de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Aragón, la Presidenta creo, doña Ana Abán. Seguramente al académico Pérez Reverte le encante pronunciar la citada Federación. Y seguramente, ya puestos a aceptar el nombrecito, también le parezca un dechado de corrección su acrónimo: FAPAR. Si cada asociación de las federadas lo es de padres y madres, tal como se denominan –no sé si habrá otra para las de madres y padres, que la de Tauste es así, ordenada de esa manera digo-, no entiendo por qué no se escribe como voy a proponer. Veamos, por orden: la Asociación de Padres y de Madres de Alumnas y de Alumnos –no podemos obviar las preposiciones, como suele hacerse, cuando, tan artificial como farragosamente, se escriben los ambos géneros- tiene su correspondiente acrónimo correcto: APPMMAAAA. La de Tauste, como es de madres y de padres, habrá de ser AMMPPAAAA, no, como vengo oyendo con frecuencia, AMPA (bueno, y la rematadera es cuando dicen el AMPA -que suena, por cierto, como el hampa-, con el artículo “el”, que -es bien sabido por muchos españoles-, determina el masculino singular, siendo, asociación, femenino nombre, y singular, que menos mal que en el número se acierta). Pues bien, recapitulando, la Federación que preside la citada señora Abán, no puede tener el acrónimo que leí en un periódico ayer y que ya antes he citado, FAPAR, sino FAAPPMMAAAA. Esta directiva dijo estar en contra de esta “mejora laboral que sólo beneficia a la comunidad educativa”. Si dijo esto, se lució de arriba abajo la pobre, porque la modificación de los horarios, si se piensa como una reforma laboral, me parece de una ética… sucinta, vamos a dejarlo ahí. Y, por otra parte, la comunidad educativa no consta, como me parece entender que entiende, según lo entrecomillado, únicamente del profesorado: la comunidad educativa la componemos todos, es decir, los alumnos, los profesores, los padres, los trabajadores no docentes, y el entorno, el ambiente de los alumnos.

En fin, ahí os he dicho unas cuantas cosas. Ya que, según he entendido, tenéis alguna oportunidad de elegir, hacedlo tras reflexionar mucho. No me parece que el tema sea para tomarlo a la ligera. Los argumentos son válidos todos. Pero a mí algunos me lo parecen menos, menos válidos digo: pensar, a favor o en contra, en la jornada laboral de los docentes como argumento a discutir, ya lo he dicho antes, me parece muy poco ético. Pero, ojo, y lo digo por propia experiencia, la cosa laboral de los padres tampoco debiera ser el condicionante último o único para tomar la decisión que fuera: no es la escuela un aparcamiento de hijos.

Espero que meditéis y deseo que lo que decidáis sea acertado, por el bien de vuestros hijos y de otros que vendrán después.

jueves, 10 de febrero de 2011

TRAS el TRASiego que el TRASunto TRAStorna


He añadido una “TRAS” al título del libro que anunció Jaime (al anunciarlo él, anunciado quedaba y no lo tuve que anunciar yo, de manera que mi actitud no aparenta petulancia). El añadido, en este caso, es una preposición, no un prefijo. Quiero con ello significar que esto es posterior a la presentación. Y proporciono el título a esto, de paso. No hay más.

El sábado siguiente al del singular acontecimiento que acabo de mencionar, el día 5, acudí a una cita que tenía en la radio con Miguel Mena. Hubo muchas personas que me contaron, después, que el programa había dado la sensación de densidad excesiva. Quizás había mucho que decir, quizás hicieran a Miguel convocar a demasiada gente. No lo sé. El caso es que me quedé con la sensación de no haber dicho nada. Incluso, cuando, explicando cómo era el origen del affaire “cartonero” y, concretamente, iba a describir las características de un libro que había encima de la mesa, me dijo el locutor que no me molestara, que en la radio, por sus características únicamente acústicas, no lo iba a conseguir… para, después, dar él mismo la descripción que yo había pretendido, es decir, que en el reverso de la tapa se podía ver la procedencia del cartón reciclado: había sido, en otra vida, una caja de botellas de un licor espirituoso (¿se le dice así al güisqui?). O sea, que no me sentí bien, se quedó mucho por decir y, quizá, se dijeran cosas que no sé muy bien el interés general que puedan tener, como lo de mi nacimiento, por ejemplo. Y, ojo, que no vitupero ni, mucho menos, vilipendio al Mena, que me cayó muy bien el mozo en persona –por su obra ya lo conocía: hace tiempo que leí dos de sus libros y me parecieron hermosos y excelentes-.

Empero, me alegré de que no me preguntaran acerca del tema que se había estado terciando en la primera parte del programa, porque era el “medio ambiente” y yo hubiera dicho, para empezar, que no me gusta decir así el concepto al que se alude con ese término, pues me parece redundante: con decir medio, o con decir ambiente, está dicho lo que se dice con los dos vocablos juntos. Acaso juntarlos, al menos en un principio, pudo hacerse para dar más solemnidad o hacerlo más ostentoso, más rimbombante. No sé. En todo caso, como digo, menos mal que no me hicieron hablar dello.

Al cabo, cuando salimos de allí, me encontré con el candidato del PP, con Miguel Ángel Francés Carbonel. Hablamos de qué sé yo cuántas cosas mientras vermuteábamos opíparamente. Y le dije que, justo el día anterior, había leído el periódico y me había encontrado con manifestaciones de entusiasmo por parte de la Merkel respecto al modo en que España está haciendo los “deberes económicos”. Lo cual no hace más que acojonarme: claro, que te dé la palmadica tal individua, semejante "ideóloga de los asuntos sociales", junto con su colega francés, el marido de la Bruni, es para sospechar que, precisamente, no se han hecho bien los deberes para con los ciudadanos. Le mencioné esto a Miguel Ángel para hacerle ver que me hizo recordar, su lectura de la víspera, las elecciones municipales anteriores, las de hace cuatro años. Sí, porque él trataba de convencerme de que me presentara (algo así como que por el bien del pueblo –otro usando tono solemne-). Me resultó muy curioso, pues es claro y notorio que, de hacerlo, no hubiera sido como correligionario suyo, por lo que colijo que me ve absolutamente inútil para los menesteres consistoriales, dado que, siendo como hubiéramos sido adversarios, lógico parece que sea preferible tener enfrente un oponente al que se pueda vencer con facilidad que a otro con superior peso (político) o calidad.

Y aún nos reímos otro rato, recordando cosas.

Él, aparte de los primeros escarceos por el Arba o las Eras, los domingos, juntando todas las perras de todos los amigos para comprar tabaco, nunca ha fumado (yo sí, aunque lo dejé hace tres meses y medio y así espero seguir). Pues eso, que no entiendo por qué se quejan los hosteleros tanto si van a ahorrar merced al tabaco: no tendrán que derrochar en avisar de que existe su establecimiento, ni con neón ni con nada, pues con las sillas y el cenicero de la puerta, ya se sabe que ahí hay un bar. Y esos reclamos son bien baratos. Aunque, vista la contaminación que hay en Madrid, ya no sé si se va a permitir fumar en la calle. A lo mejor se replantean la ley y modifican cosillas. Porque, puesto que los pensantes legisladores son tan agudos –recuerdo que hay zonas hospitalarias, al aire libre, en las que no se permite fumar, que son aptas, sin embargo, para la circulación rodada-, lo mismo reconsideran lo del bien común y no se deja fumar por la calle, deduciendo que la alta densidad en mierda del aire que se respira en las ciudades grandes es consecuencia de lo que fuma el personal fuera de los establecimientos, o sea, en sus calles.

Qué sabe nadie, como dice mi amigo Miguel –el Cervantes-.

sábado, 29 de enero de 2011

NADA, EL NUEVO AÑO, QUE YA ESTÁ AQUÍ... Y ESO

Casi va un mes, ya, de 2011. Desde la vez anterior que escribí, pronto se cumplirán dos meses. Y no es que no haya tenido nada que decir. No, había mucho. Igual, por ello, me daba pereza. O me bloqueaba. Lo más probable es que me bloqueara la enorme cantidad de cosas que quería decir. Sí, eso sería.

Pues bien, resumo diciendo que mi amigo Koldo me propuso conmemorar el 4 de diciembre juntos –nos parece más día de Andalucía ése que el 28 de febrero-. El de 1977, aquél en el que mataron a José Manuel García Caparrós en el chaflán donde empieza Calle Comandante Benítez, en Málaga, fue el último en el que coincidimos Koldo y yo. Quería conmemorar conmigo los 33 años de ese luctuoso hecho. Pero el descontrol, que luego provocó la alarma, lo impidió: se quedó por Barajas. Cuando empezaba la cosa a mejorar, el día en el que se cumplían los 30 años desde que mataron a Lennon –y murió Carlicos-, pretendió volver desde Londres, hasta donde se había ido para averiguar acerca del de Wikileaks, que creo que lo habían soltado entonces los de Scotland Yard. Pero no pudo, esta vez por la escasez del anticongelante de los aviones… Así que seguimos sin vernos. Koldo grabó las conversaciones de los grises de aquel día –era fácil pillarles la emisora en aquel entonces- y me las pasó. Y yo las he perdido, tras tanto cambio, de residencia y de otras cosas. A ver si aún las tiene él. Contéstame, hazlo por aquí, en público, o por donde te pete, pero hazlo, tío.

Luego, ya digo que voy resumiendo y mucho, vi que se habían perpetrado unas pocas –nimias, intrascendentes e inútiles, la verdad- modificaciones en la Ley Electoral. Y pienso que en el PSOE no han demostrado ser muy inteligentes: si las modificaciones hubieran llegado a la envergadura de la justicia, es decir, a hacer algo que es justo, a que tengan el mismo valor todos y cada uno de los votos y el mismo “precio” todos y cada uno de los escaños, podría ser que en la legislatura que empezará en 2012 los votantes de izquierdas estuvieran representados con proporcionalidad directa y justa. Pero, como parece que no se enteran, o no sé qué pasa, pues nada, seguimos con la mierda de ley d’Hondt y, a partir de 2012, gobernarán los deleznables individuos que, agazapados, esperan a hacerlo, pues sus votantes son fieles a sus siglas (de ideología tienen poco) y jamás denuestan las tropelías de sus jefes. Y ya sabemos cómo lo hacen, cómo las gastan. Que me pongo a pensar en Aznar o en Mayor Oreja y de demencia no salgo, a la hora de pensar en calificar sus actos. Y sus declaraciones (andanda, la de burradas que son capaces de decir por unidad de tiempo). Para mí que Rajoy, el finde pasado en Sevilla, cuando se dio cuenta de que sí, de que puede ser que esta vez llegue a presidente del gobierno, se cagó por las patas abajo: con lo tranquilico que vive sin hacer nada. Aunque, en realidad, nos gobierna el capital. Y también sabemos cómo lo hace, cómo nos aprieta, con total impunidad, sin mesura y sin vergüenza (recordemos cómo ha quedado lo de Nissan, que vaya, vaya). Los llamados “Mercados”, una de cuyas características definitorias sería avaricia desmesurada (y tengamos en cuenta que avaricia lleva implícito el apellido desmesura, que me suena a patología) son los que manejan todo, apisonan el mundo si creen que les hace falta: son los especuladores globales, que toman arbitrariamente las decisiones arbitrarias que les peta y cuyo perjuicio a la gente es ingente.

Más cosas o noticias: ayer, tras la presentación de mi libro –ya comentaré, supongo, en otro momento acerca dello-, hablaba con alguien y hablábamos de que hace unos días detuvieron a 45 personas por organizar bodas de conveniencia, lo que me hizo hablar de nuevo: no he pillado el punto jamás a la ley que parece ser que vulneran a menudo esas gentes (no me refiero a los aprovechados, a los mafiosos). Porque, vamos a ver, ¿acaso hay algún matrimonio que se haya perpetrado sin ser conveniente a los intervinientes? Todo contrato, según entiendo las relaciones humanas, se firma por convenir a las partes. No sé, me parece que esto vuelve a tener tintes de hipocresía, como tantas otras cosas cada día.

Pero, bueno, vamos a otra cosa, más mejor: me apetece decir que hemos pasado, Pepa y yo, unas vacaciones navideñas como hacía tiempo que no disfrutábamos. Han sido plenas en sosiego, en paz. Placenteras. Se parece, en resumen, a felicidad la cualidad de estas vacaciones. Las hemos pasado bien, pero bien de verdad. Y tan tranquilas. Y hemos superado una prueba: desde el 2 de noviembre no fumamos, y no hemos sucumbido, aun atravesando esos peligrosos días. Estuvimos en Nochebuena en Lledó, en una casa rural, en pleno Matarraña. Una delicia, un encanto esa zona. Es la segunda vez que la visitamos, pero no será la última, por supuesto que no. Valderobres la vamos a patear a conciencia, porque es una villa preciosa y que merece verse con calma, con atención y con despacio. Por cierto, que en los letreros que la indicaban, si estábamos en Cataluña, ponía Vall de Roures. Así pues, y según esa lógica catalana, cada vez que mencione la provincia que limita con el este de Huesca, diré Lérida. Y la Nochevieja la pasamos en Malón, en la Casa Rural La Fabriquilla, donde Yolanda y Uwi nos dieron la oportunidad de ni preocuparnos de salir de ella: era suficiente. Aun así, aún me di un paseíco (corriendo, que es lo mío) por el Tarazonica de unos 12 Kms. Excelente. Tanto nos convenció que hemos pensado repetir. Mira que he catado unas cuantas casas rurales, pues bien, ésta es de las mejores –si no la mejor- y los caseros están en el pelotón de cabeza de los que conozco.

Y aquí lo dejo, que hay otros quehaceres, tanto para mí, como para ti, que estás leyendo esto: sed felices.

jueves, 2 de diciembre de 2010

LAS GANAS...

Esas cosas, las ganas, fallan a veces. Fallan, o se acaban, se gastan, se consumen. Al menos algunas, algunas ganas.

Hace unos días empezamos a ver que se estaba levantando una polvareda como consecuencia de algunos cambios en la ortografía del castellano. Hubo muchas personas que se cabrearon por diferentes motivos. Y los enfados procedían de personas muy diferentes. De académicos de la lengua en diversos países. Había, también, argumentos de variado jaez, tanto en pro como en contra, de unos o de todos los cambios propuestos. Mi posición, aun existente, era tibia. Quizás aparentemente. Quizá, latentemente, permaneciera en guardia y presto a la acción. De todas maneras, es verdad que, como muchos otros, discrepaba -y discrepo, con argumentos- de no pocas cosas de las pretendidas y anunciadas. Lo que pasa es que hube tomado la decisión de acatar lo que se ordenare, en determinados foros, y de hacer lo que considerare en otros. De ahí la apariencia de tibieza de mi posición.

Hoy no voy a hablar de las modificaciones anunciadas. Aunque tenga que ver, en cierto sentido.

A eso de las seis de la mañana, mientras desayunaba, teníamos la tele puesta y veía un telediario. En la pantalla aparecía un señor, con cara de estar muy cabreado, director de un periódico colombiano, acusando no sé si a Uribe o a Santos –he llegado tarde a la noticia, sorry-, que ha dicho, textualmente: “… el cúmulo de pruebas acumuladas…” Me ha recordado a mi padre, cuando me decía de pequeño, para definir la Historia: “Es la sucesión de los sucesos sucedidos sucesivamente”. Mi padre jamás ha dirigido un periódico en español. En esloveno tampoco. Y aquello que me decía, salta a la vista, lo decía jocosamente. No era en serio. Era para pasar el rato bien. Para que nos riéramos. Total, que se me ha vuelto a hacer presente algo que leí el otro día acerca del tema del que he empezado a hablar, el de la ortografía, y lo he buscado y encontrado. Al principio, una vez lo leí, y a pesar de que me disgustó mucho, pensé dejar la cosa así. Sin embargo, me he dado cuenta de que no, de que no debo hacerlo: no quiero permitir que se vayan de rositas algunos, que vivan con impunidad sus tropelías, que lo son, al fin y al cabo. Del artículo que cito quiero extraer la frase siguiente: "Es una nuevaOrtografía de la lengua española nacida desde la unidad y para la unidad". El uso de la preposición desde de esa forma resulta chocante y ha sido muy criticado. Por ejemplo, el paisano Fernando Lázaro Carreter, en su obra "El dardo en la Palabra", en la página 52 -si se accede al libro de la edición de la primavera de 1997- da cuenta de los desmanes que se venían produciendo, por aquel entonces en los foros políticos, respecto al desacertado uso de la preposición aludida; y Álex Grijelmo, en su obra “La gramática descomplicada”, viene a decir lo mismo: dice que entre los políticos españoles se ha extendido el uso de desde donde correspondería con. (En este caso, podría decirse: … nueva Ortografía de la lengua española nacida con la unidad como origen y destino o intención… o qué sé yo, pero no como lo pusieron). Y no son políticos, sino lingüistas, si no de oficio, de vocación. Además, como puede verse en el artículo, la frasecita de marras figura, reza, en el acta de la reunión. O sea, que ya está revisada y aceptada.

Esto sí que es para cabrearse. Esto y, como se dice al final, que revisen la Ortografía cuando no hace sino once años que salió la anterior. ¿Qué quiere decirse con esto, que velan por nuestra lengua con tal celo que han de sacar cada once años una o que se han dado cuenta del craso error cometido en aquélla y ha sido de tal enjundia que no se ha podido corregir con un anexo o adenda? ¿O, quizá, para justificar su existencia, han querido publicar, para así poder vender, ahora que llegan las navidades, otra obrica, lo mismo que el pasado año se hizo con la “Nueva gramática de la Lengua Española”?

Así pues, como puede verse, mi tibieza se acabó. Porque no se nos puede exigir el mayor nivel posible de corrección en el uso de la lengua a quienes no lo tenemos como profesión, pero a quienes con “menudos humos” nos reprochan nuestras carencias, por supuesto que sí.

No les afeo desconocimientos, sino conductas: la prepotente que tan insufrible les hace ante los normales. Como decía al principio, hay ganas que se acaban. A mí, desde luego, se me han agotado las ganas de aguantar la tontería, la chulería. Y esas ganas no son de las que tenga pensado reponer: además de que de ellas me parece que no andaba sobrado, no son las que me parecen más útiles, precisamente.

De paso, y aunque no llegué a ver el comentario anulado por mi admirado bloguero Miguel Gato, como parece que pudiera tener sentido decirlo aquí, me solidarizo con él. Es todo lo mismo: la tontería, la tontolabez, la tontolculez, la chulería, la cobardía… ya está, ¿no?


martes, 30 de noviembre de 2010

DIEZ DÍAS DESPUÉS

No hemos tardado demasiado en encontrarnos Mateo y yo, aunque no esperábamos que pasara, como sucedió ayer por la mañana en el Interfacultades de la Universidad de Zaragoza, antes que en Tauste. Esa fría o gélida mañana.

Esta madrugada, mientras contemplaba la nieve que caía blandamente mientras tosía sin cesar mientras escribía… os estoy contando que Mateo disfrutó y mucho de la celebración del día 20 pasado. Es verdad que le une casi todo conceptualmente al concepto del que hablé en la anterior entrada, al que alude a esas gentes de las que hablé entonces. Es verdad. Pero no lo es menos que el enorme gozo con el que vive sus días desde “el día” tiene mucho que ver con aquélla que mencioné apenas, la organizadora del acto. O una de ellas.

Hacía mucho frío y ambos habíamos rematado los asuntos que nos habían llevado al mencionado recinto. Así que nos fuimos a tomar un vino a un bar por el Paseo de Teruel –y yo una croqueta de jamón también-. El bar creo que se llama o se llamaba Cervecería Resacas y tiene una característica: hay dentro un fotomatón… seguramente por estar al lado de la comisaría, ésa en la que tantas colas veo a menudo formadas por personal que va a hacerse o renovarse el carné de identidad o el pasaporte.

Ya para entonces me había hablado de que la celebración había sido muy emotiva. Habían recordado que Federica Montseny, cuando supo que ese día 20 había muerto Buenaventura Durruti, lloró. Yo le dije que recordaba que, quizás en “La Clave”, su secretaria -o ella misma, no sé- dijo que también había llorado cuando, considerando que era necesario, tuvo que hacerse cargo 15 días antes del Ministerio de Sanidad, en contra, en parte, de su ideario. Así que los conflictos íntimos influían y de qué manera, en semejantes conflictivos momentos. Fue un noviembre triste aquél, el del 36, para más de un anarquista. Y para tantos otros, claro. Permanecía Mateo caviloso a cuenta de esto, según me parecía, como ausente. Cuando volvió a estar conmigo, me dijo que la vida es una insignificancia en el contexto mundo. Es decir, que, suponiendo que uno es tan afortunado que es conocido –y conoce- a unas 6.000 personas, la inmensa mayoría de la humanidad no es que no te conozca, es que ni sabe, ni sabrá jamás siquiera, que existes. O sea, al 0’0001 % nuestra cara le resulta familiar, le suena, en fin, que sabe que existimos. El 99’9999 % no tiene noticia de que seamos uno de los que competimos con ellos por meter oxígeno para ir tirando… me aclaró que esto venía a que la vida ni dura mucho ni tampoco es para tanto lo que sucede en ella. Así que lo mejor es no malemplearla, dedicar tiempo y esfuerzo a la felicidad, a lo positivo, a mejorar, y no a desgraciárnosla. O sea, sus cavilaciones acerca de lo insignificante de la vida no eran pesimistas en modo alguno.

Nos pasamos luego, pues había quedado allí con Lola –así se llama su correligionaria- para ver una exposición titulada “Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España”, en el Palacio de Sástago. La vi el día 12 yo. Y tuve la suerte de acoplarme a un grupo al que le explicó la exposición una mocica que allí estaba para eso. Y de que dentro del dicho grupo hubiera un hombre, hijo de un cenetista que vivió la guerra, que añadía cosas a las que decía la guía. Así que, aunque no me dijera mucho nuevo todo aquello de la exposición, entre lo entrañable que me resultó –quizá precisamente por eso, por serme muy conocidas las más de las cosas que contó la moza- y lo que de forma personal añadió aquel hombre, salí bien a gusto. Y os lo recomiendo, os recomiendo que os acerquéis sin dilación, pues que el día 8 se acaba. Me ha gustado Lola. En todos los sentidos. Antes de entrar ellos, aún hemos charrado una miaja, con enjundia, a pesar del momento presentacional. Decía Lola, que tiene hijos y Mateo no, que, pensando en lo de llorar la Montseny, lo mismo que si hablamos de llorar cualquier adulto que conozcamos, sin dudar asociamos el lloro al dolor, al dolor que ha provocado el llanto. Si nos atenemos a eso, y contando con que los niños lloran mucho a lo largo de la infancia, podemos colegir que eso significa que durante ese tiempo, al contrario de lo que solemos decir, incluso de la propia infancia en muchos casos, es un periodo en el que no se pasa tan bien. Es cierto, muy probablemente, que la persona infante sea tan despabilada que se cure, que se haga fuerte, olvidándose rápidamente de los momentos malos, pues podrían perjudicarle, o arrinconándolos. O sea, quedándose con lo aprendido, que es mucho y es bueno hacerlo, y mandando a paseo, o al baúl de algún desván, lo que ha ido haciendo daño… Yo, la verdad, no lo sé, les dije, una vez Lola hubo planteado todo eso y Mateo parecía estar de su parte. Yo no he pensado tanto tan rápidamente. Tendré que hacerlo… aunque, ya llevé así todo el día, recordando las infancias de mis hijos… no sé, quizá Lola tenga razón y los Piaget, Vygotsky y toda esta peña no tanta.

martes, 23 de noviembre de 2010

20 DE NOVIEMBRE


Estuvimos corriendo Mateo y yo, después de tiempo sin siquiera vernos, el pasado sábado, día de San Crispín. Nos encontramos al empezar el Caminico Estrecho. Ha estado algo tocadillo desde fiestas. Del corazón, me dijo, pero nada cardíaco. En fin, que parece haber sido un inicio de otoño similar para unos cuantos.

Tensábamos la marcha, teníamos ganas de camino. Dijo que aquella noche tenían –así, en plural- una celebración. Aunque me resultó chocante, dado el día en el que nos hallábamos, me cuidé de hacérselo saber: esperé a que contara algo más, a que me aclarara la cosa, si algo había que aclarar. Y si lo quería hacer, por supuesto. Una vez volvimos a ponernos a la par, después de trasponer por la Canaleta’l Indio –por donde se ha de ir en ringlera o fila india-, me dijo que conmemoraban las muertes, acaecidas ese día en diversos años, de Durruti y de Tolstoi. Porque ambos mostraban una inclinación, en lo ideológico, similar (anarquista). Empero, seguía hablándome, el primero no le hacía mucha gracia por lo, según dicen, bestia y pendenciero; por lo primario que, por lo que parece, fue. O sea, resumiendo, que no le cuacaba por las maneras. Tolstoi, en cambio, como pacifista librepensador y como coherente, tanto que incluso a Gandhi encandiló, le resultaba más agradable, le resultaba más cercano. Por supuesto, no despreciaba a ninguno de los dos. Cada uno hizo con su vida lo que consideró y ambos, para la causa anarquista –para la visión ácrata peculiar de mi amigo, se entiende-, le parecen válidos. Así pues, sin ser él mitómano o idólatra, incluso más bien tirando a lo contrario, a lo iconoclasta -creo yo-, consideraba que, no siendo de homenajes, una vez le hubieron propuesto la dicha cena y celebración, más que homenajear a dichos personajes, lo que realmente apetecía era mostrarse como vindicador de ellos, de gentes de ese calado personal e ideológico. Hacer expreso, por evidente, su ideario. Ya puestos, añadió, podríamos conmemorar un nacimiento, el de Voltaire, que es, según me parece, un digno representante de un talante contrario al fanatismo y era inteligente y culto y honrado y trabajador. Al fin, acabó confesando que, amén de todo esto, también había otorgado peso a la intención de acudir a la cena la presencia de alguna de las que la habían convocado. ¡Acabáramos!

Por eso tengo tantas ganas de verlo. Sabía que difícilmente íbamos a coincidir el domingo por los embarrados andurriales que frecuentamos para correr, pues la hora no parecía decente como postre de una buena noche. El vermú también parecía hora temprana, aunque, aun así, lo buscaba estirando lo que podía mi cuello y haciendo entrenar a mi visión lejana y cercana. Luego, en el cine, tampoco lo vi. Puede que estuviera por las butacas de arriba, pero lo dudo porque le había dicho yo que, una vez hube insinuado que iba a quejarme por escrito de cómo se lleva a cabo la exhibición de películas en el Salón de Actos de la Casa de Cultura, la directora me dijo que esperara, que había hablado con el Operador y le había dicho que hiciera lo que debe: exhibirla por completo, es decir, no cortarla en cuanto aparecieran los créditos del final. Y eso no sucedió. Esta vez dejó algo más de tiempo, pero cortó antes del final. Así que, de haber estado mi amigo Mateo, seguro que me habría dicho algo al respecto. Sigo sin entender por qué lo hace ese señor. Ya no considero yo que veo cine en plan barato: en Zaragoza es verdad que pago más, pero también lo es que elijo película, día y hora, me siento en buenas butacas, la exhibición no tiene problemas –que, en el caso que nos ocupa, raro es el día en que no hay un problema de luz, de sonido, de coordinación…- y, sobre todo, si quiero, la veo desde que empieza hasta que acaba, o sea, veo todos los créditos, todas las letricas.

En fin, mi amigo Mateo, que por ahora anda desaparecido, ha de contarme cómo fue su libertaria celebración del 20 N. Sé que habrá cosas que no podré decir aquí.

jueves, 4 de noviembre de 2010

OTOÑO YA

Cuando andábamos por Oporto, casi nada más “subir” la entrada anterior, murió José Antonio Labordeta. A partir de entonces se me han venido encima unos acontecimientos very jodidos. Cosas que deseo sólo a mi peor enemigo… bueno, y al mejor, con tal de ser enemigo. Que he estado bloqueado, impedido para esto de escribir aquí, vamos.

Empero, como siempre pasa, que es como debe ser, las cosas, tras realizar su función, en este caso, enseñar, van al lugar que les corresponde. Y la vida de cada cual continúa. En ésas estoy.

En cuanto a Oporto os diré que me encantó. No es de una monumentalidad que extasíe, tampoco es eso lo que voy buscando, aunque tiene sus cosas. Mencionaré sólo tres de sus emblemas: la Librería Lello e Irmao, el Café Majestic y el Mercado de Bolhao. Pero no me gusta dejarme otras, como la estación de San Bento, la Casa da Musica… Creo que, si queréis acercaros, puede seros de utilidad la siguiente web. También podéis preguntarme alguna cosilla, que, si la sé, con sumo gusto os contestaré.

Yo me voy a otra cosa. En cuanto a lo físico de la ciudad, lo que atrae es verla en conjunto. Ver o Douro que la separa de Vila Nova de Gaia, a la que la unen varios puentes, el más espectacular de ellos, quizá, pueda ser el de Luis I; verla desde allí, desde Vila Nova. Pasearla en un bus-terraza puede ser una buena opción: una vez la oteáis desde arriba, decidís en qué entreteneros más. En fin, como digo, estas cosas creo que vienen muy bien explicadas en la web que os recomiendo y en guías y demás. Dicen que es suficiente con tres días, para verla. Yo volveré. Porque, gustándome ciertas cosas que ya he nombrado, pareciéndome curiosas muchas, con lo que me quedo es con la gente. ¿Os podéis imaginar un sitio en el que hablas con muchísimas personas, todas esmerándose en hablar tu lengua, porque además la conocen y tú, en cambio, no tienes apenas idea de la suya, y sólo una no es amable? Es Oporto. Hablamos con gentes de todo jaez y sólo hubo una persona –no tomará olbrán, seguramente-, precisamente empleada en un puesto de información, que no lo fue, que no fue lo encantadora que es el resto de su vecindad. Es la gente más agradable y encantadora que he visto nunca. Pero no es servil aquel personal. Servicial, sí, pero servil no. Tampoco es pesado o empalagoso.

Me pegaría allí una temporadica buena. A pesar de que el centro, más que decadente, está decrépito, mugriento en algunos sitios. Se come mucho, se ha de pedir media ración, y te empapuzas, aún así. Pero no se engorda: si Tauste tiene cuestas, aquello ni te digo. Aquello es para patearlo, para pasear mirando todo, sobre todo, mirando a las personas y hablando con ellas.

No quiero alargar más esto. Me hace duelo, pero no quiero cansar. Así que acabaré con dos cosillas –que no tienen que ver, creo, con Oporto-:

La primera es que me he quedado escandalizado al saber que una candidata de los Republicanos estadounidenses ha ido haciendo campaña diciendo que la masturbación dentro del matrimonio es infidelidad… son raros, aquellos.

La otra, que me he quedado encantado al tener noticia de que se ha dado un paso muy importante para poder conocer y tener certezas acerca de la historia de Tauste, gracias al descubrimiento de ١لمقبرة (el cementerio, en árabe) en la calle Obispo Conget. Y tiene mucho que ver en ello el convencimiento y el tesón demostrados por Jaime Carbonel.