DIGNIDAD

viernes, 3 de julio de 2009

LOS CONFLIZTOS Y EL KONFLIKTO


Te dan, aquí y allá, cursos acerca de las habilidades sociales. En muchos casos se concretan en explicar habilidades comunicativas para resolver conflictos. Te dan pautas a machamartillo para que seas capaz de discutir con alguien y no acabar a mamporros. Se convenza el otro, te convenzas tú o ninguno se apee del burro, lo importante es que se haga de manera civilizada, procurando no herirse recíprocamente. La asertividad, por ejemplo, es uno de los métodos usados: tú dirás al otro lo que quieras decirle, sin que el otro se sienta ofendido... y sin ofenderle, claro. En resumidas cuentas, todo esto es para hacer ver que el hombre es capaz de convivir y entenderse con los demás sin tener que usar la violencia. Así pues, si no se consigue en el plano individual, se dice que se ha fracasado en estas habilidades. Vamos, que no sabes, que no eres hábil para relacionarte. Que te des media vuelta y no vuelvas a discutir hasta que no hayas adquirido esas habilidades que te faltan, so torpe, pero no arrees hostias o escupas al de demás.

Muchos no estamos de acuerdo en que, como en EE. UU., cualquiera tenga armas. En El Salvador, según tengo entendido, es bastante normal pertenecer a alguna “Mara”, que es una pandilla que se enfrenta a las otras maras casi como único objeto de existencia, pues ésta se basa en la preponderancia, en destacarse, en afirmarse como ente, agrediendo a todos los demás para vencerles. Los sesudos dicen que quien necesita recurrir a la violencia para hacer valer sus opiniones o sus “loquesea”, no tiene aprendidas las habilidades necesarias para negociar o discutir. Estoy hablando, hasta ahora, de los individuos y de grupos, pero, ¿y si hablamos de los estados, que todos tienen ejército –menos Costa Rica y algún otro, creo- y que, si no consiguen convencer cuando negocian con otros iguales, en lugar de dejarlo, tratan de disuadir con las armas? ¿Es eso un fracaso, cuasi permanente, de las habilidades sociocomunicativas de los macrogrupos que son los Estados? ¿No pueden darse media vuelta, pensar y procurar aprender a negociar, adquirir las habilidades, en lugar de pegar el zapatazo de aquí estoy yo y te voy a convencer por la fuerza, a ver si ganas tú, o quién gana? Para eso no harían falta ni los güínchester ni los tanques (perdón, Moi: carros de combate).

Esto ya hace días que lo tenía yo cavilado, pero no es por eso por lo que me he puesto a escribir esta vez, esta vez es porque anoche oí –y vi en la tele- a Arnaldo Otegi decir unas cosas... vaya cosas.

¿Habéis observado la cara que pone, bueno, o que tiene, no sé, de mala leche?, ¿de amargado? ¿de pendenciero? ¿Tendrá hijos?

Bueno, que me voy. En Estrasburgo han dicho que la panda de torpes asesinos a los que él pone voz y cara (¿habéis observado la cara que tiene, repito?) no están por la convivencia, ni por acatar las leyes ni sus actos son legítimos, democráticos y esas cosas. Como no le cuaca esa sabia declaración, dijo que la izquierda abertzale de Euskal Herría ha sido proscrita por Europa, que ésta ha dado un paso atrás y hace un apartheid, siendo los negricos ellos, esos torpes que digo. Ése es un mensaje o comentario aparentemente esquizofrénico paranoide. Obsérvese que no digo que él lo sea, sino que lo es su comentario, y en apariencia, pues no cree lo que dice, no es sincero: es mucha pachuchada semejante pachuchada. Él no, en realidad, a mí me parece que un rasgo de su personalidad es la amargura. Bueno, y otros dos, como consecuencia del anterior: el rencor y el odio. Éstos son rasgos conscientes, la esquizofrenia paranoide no. Creo que él es consciente de su amargura, de su rencor y de su odio, él sabrá –seguro- de dónde le vienen, por qué es un amargado y por qué y a quién odia. Y se pone a decir tonterías y disparates, representando a los torpes sicarios. Por cierto, quizá le gustaría, con ese tono chulesco provocador, ser un héroe, un almogávar moderno, un gudari, como dicen. Sin embargo, para alimentar su frustración, sólo lo metieron en el trullo, donde, por cierto, sus coleguitas lo olvidaron pues de poco les valía. Vuelve a salir y, hala, otra vez a tratar de ser héroe. Pobre hombre. ¡Cuánto añoraré a Mario Onaindía! Creo que voy a releerme sus libros Guía para orientarse en el laberinto vasco y El precio de la libertad.

Y otra vez me he ido por las ramas, pues lo que en realidad quería decir es que, cuando casi acababa su perorata, aludió a los ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herría. Me pareció un uso muy moderno del castellano, usó la moda, tan denostada por artificial, por horrible y por errónea, de decir los dos géneros. Y, ahora que lo pienso, no sé –nunca le he oído hablar en vasco- si en vasco también será moderno decir, si también se dirá, ciudadanos y ciudadanas, en lugar de un neutro que comprenda ambos conceptos... ni tampoco sé qué querrá decir este hombre cuando habla de ciudadanía. Él, el hombre que habla del “konflikto” vasco, el que lo resuelve con habilidad.

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