DIGNIDAD

sábado, 1 de mayo de 2010

FIESTAS Y ESO

Lurte en Tauste

Hoy no, hoy no he corrido con Mateo (he salido justo cuando ha llovido lo suficiente para acarrear por el barro de los caminos, más que maripís, zapatones de a quintal cada uno). Hoy he corrido con dos personas –de quienes no voy a decir ni el apodo, pero que son de mi mucha confianza y a quienes mucho aprecio- que se han incorporado al asunto y que, claro es, no podían acompañarme durante todo el rato, pues no son personas entrenadas aún para tanto correr.

Iba a decir algo acerca de las fiestas y me he puesto en el día 1, el de la duodécima Feria del Libro. Si eso, ya hablaré dello cuando acabe –la feria, digo-.

De mis acompañantes, una –persona- estuvo y vivió las fiestas y la otra no, no sé si sólo no pudo estar o qué. Yo las pasé muy bien. Las pasé tranquilas, con calma y con gusto. Asistí a los actos que me apetecía asistir y que quería que mi Roya conociera. A pesar de algún inconveniente, porque es que el día de la Virgen Pequeña me pegué un tozolón en el juzgado que me dejó baldadico. Luego, se postergó el Rosario de Cristal al día siguiente –por cierto, se postergó, que no suspendió, de manera unilateral, sin encomendarse quien sea, quien mande en el cotarro rosarial o rosarístico, o consultar, a nadie más, lo que provocó el cabreo, que comprendí, de más de uno, y de muchos danzantes-.

Les he ido comentando estas cosas. Hablaba de que, quizás haya algún motivo, no me pareció bien que el día de Rosendo se hubieran programado dos actos, cuyos públicos no creo que sean incompatibles, a la vez. Sí, porque Lurte, ese día, tuvo que esperar a salir más de una hora después de la programada. Luego, cuando actuaron en la esquina Berroy, al lado de las vacas, disfrutamos mucho de sus cosas. Y, por la tarde, otra vez lo mismo: se montan su recorrido, llegan a la Plaza del Brasil –la de los Almogávares, que tanto que ver tienen con su asunto- y tuvieron que parar la actuación porque venían en busca del Esclavo las autoridades y demás comparsa para darse la vueltica del Rosario con él, con su familia y con sus amigos. Y, seguidamente, cuando iban a iniciar la actuación en la Plaza, en la puerta del Ayuntamiento, que es cuando tomé la foto, empieza a atronar la megafonía con la “Soundtrack” del Rosario… menos mal que, no sé a quién, se le ocurrió silenciar, al menos, los altavoces de allí, para poder oírles a ellos –a Lurte-. Les decía a mis acompañantes que no sé la impresión que se habrán llevado de todo lo que les fue pasando los artistas que componen ese grupo, ese alud de música y otras cosas.

En fin, seguíamos charrando y no sé a qué fin hemos acabado hablando de sexo. Decíamos, estábamos los tres de acuerdo, que la mojigatería de la que adolece una buena porción de la sociedad en la que vivimos, la que dice que de eso no se habla, o piensa que hay cosas que no se deben hacer, decir o aprender, es un mal que tiene que ver con la maldad de quienes han montado la sociedad, la occidental, la “culta”. Ésos que no creen lo que propugnan, sólo lo dictan para poder tener al personal subyugado, embrutecido, amedrentado. Porque algo, el sexo, que es agradable y enriquecedor y humano por sobre todas las cosas, si se hace creer deleznable, sucio o pecaminoso, se consigue tener a quien así lo crea en un puño.

Decíamos también, respecto a la mojigatería o ñoñez, que no se nace así, nadie nace ñoño, nadie púdico. No, esas cosas se aprenden. Se aprende a ser cursi y se aprende a reprimirse –represión no es sinónimo de control, no señor-. Y quien eso aprende y asimila y lo interioriza de manera que lo hace suyo, se pierde, en el sexo y en otras muchísimas cosas, una parte importante de su vida. Porque pierde libertad y, por tanto, salud, pues pierde posibilidades de crecimiento.

Conveníamos, igualmente, que el sexo, puesto que es algo que, según los charlatanes que manipulan a sus creyentes, es algo inherente a la naturaleza humana, es decir, nos es dado por ese dios del que hablan, es contra esa naturaleza divina contra quienes van quienes la contravienen. En resumidas cuentas, pecan quienes no siguen los designios divinos, quienes atrofian esa faceta que nos ha proporcionado.

Estas cosas, más o menos así dichas, son las que decíamos mientras corríamos. ¡Qué corrida más interesante la de hoy!

Cuando nos hemos despedido, cada uno hacia su casa, estábamos convencidos de que teníamos razón los tres.

Y ya había dejado de llover.

martes, 20 de abril de 2010

VISPRA 2010

Espectadoras privilegiadas de la Andada

Esta mañana, antes del chupinazo, de cualquiera de ellos pues desde hace algunos años hay dos, he estado charrando con Don Miguel Salas –usease, Miguel Gato- de nuestras cosas, y de otras cosas, un ratico. Aún nos han quedado muchas por decir, pero ya nos las diremos, que hay días.

Luego me he ido a correr. Para no variar, se ha acoplado Mateo. Bueno, he sido yo quien se ha acoplado, que es que estoy muy desentrenado, que es que no puede ser. Pues bien, el jodido me ha dicho que había leído mi última entrada, mi último post, y que podría haber hecho la famosa cita de Cesare Pavese al principio, la que dice: “El modo de no cambiar es no pensar” y hubiera quedado el primer párrafo más sencillo, hasta más elegante. Hubiera hecho honor, me decía, a nuestro insigne paisano Baltasar Gracián con su famoso "lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo" ¡Joder con el Mateo y sus críticas! Como es natural, le he dicho que sí, que es verdad, pero que yo lo que quería decir, por ver si metía el dedo en el ojo de alguno, preferí decirlo así, tal como lo dije, además de que pretendía mencionar a Maricarmen… (¡y que no conocía la cita del Pavese, qué narices, lo reconozco..! claro, eso no se lo he dicho, al Mateíto los güevos ya, no iba a reconocerle que tenía razón, pues no faltaría más).

Nada, seguimos corriendo, yo echando las muelas y el liviano y él tan liviano, y le comento que el domingo pasado, el 11, hice la Andada y que, cuando llegaba a Canduero, oliéndolas antes, vi las güellas de la foto y me vino a la cabeza –u al esmo- una conferencia que di el 10 de marzo –me interrumpió para criticar, como hace mi amigo Josemari, que esas cosas se hagan a esas horas, se refería a que los actos del día de la Mujer y aledaños, días 8, 9 y 10 de marzo entre otros, se llevan a cabo entre las tres y las cinco de la tarde, horas en las que hay mucho personal que quiere pero no puede acudir, pero que yo no tengo la potestad de cambiar, ya se lo he dicho, aunque estoy de acuerdo… vaya con Mateo-. Pues eso, que le decía que una parte de la conferencia -que se titulaba "La Autoestima"- a la que quise dar énfasis, versaba acerca de la autoestima en la gente que tenía una cierta edad, los jubilados. Le decía, esperando que no me cortara, que hice hincapié en el asunto de que las personas que llegan a determinado momento de su vida, y que, encima, han aprendido a conocerse y apreciarse, a estimarse, puede que se encuentren con que los que están cerca decidan que están mejor en según qué sitios, sin que ellos hayan decidido nada, sin que hayan podido opinar siquiera. Siendo autosuficientes. Y, a lo mejor, ni precisan ir a esos lugares. Eso tiene que ser muy doloroso. Y es algo de lo que se tiene constancia hace mucho: el menosprecio que sienten muchas personas hacia sí de gente por quienes han hecho todo lo que han sido capaces de hacer les duele absolutamente, les provoca un dolor sin fondo, del que no suelen salir. Y, claro, pensaba yo que pueden pensar ellos, esas personas de las que hablo, a esas alturas de su periplo vital, que a lo mejor se han equivocado teniendo ilusiones, para luego acabar su vida estabulados.

Por eso he asociado las reses de Canduero con mi conferencia.

En fin, he conseguido parar el crono a la puerta de casa en 42’ 51’’, cosa que no está nada mal al fin y al cabo. Luego, tras comer celebrando la Vispra y el primer mes de casados, nos hemos ido a la Prueba del Dance y el Berdo se ha preguntado preguntándome que qué tendrá eso para gustarnos tanto y emocionarnos tanto y Bruce (Sergio) me ha hecho ver que lee todo esto. Así pues, aun con todo, pienso que mejor es que sigamos convencidos de que lo importante en la vida es ser felices… y poner manos a la obra y estar con quienes están donde no quieren, para hacerles pasar sus raticos de la mejor manera.

miércoles, 7 de abril de 2010

CIRCUNSPECCIÓN

Abdullah y Muhamad: dos marroquíes en Ualili (o Volubilis),
espectaculares ruinas romanas al lado de Meknes, en pleno corazón de Marruecos

Hace ni siquiera dos años yo tenía claro que no pensaba casarme. Sin embargo, Maricarmen Echegoyen, alguien de quien ya he hablado antes aquí, mientras conversábamos ella y yo una conversación de antropología y de historia y de psicología y de lo políticosocial, con el modo de razonar que la caracteriza, me hizo ver cosas en las que no había pensado. En resumiendo: que me hizo cambiar el chip (yo es que lo de los integrismos me lo paso por allí mismo). No es malo cambiar, al fin. Incluso es bueno. Claro está, cuando se piensa que es mejor el nuevo pensamiento o el nuevo razonamiento. Y más, además, si resulta ser de una coherencia aplastante con cada cual. Se lo dije a la Roya, a Mariajosé, y dijo que “pues hala pues, pues hala a casarnos”. Y eso hicimos el día 20 de marzo. Os quiero agradecer las muestras de cariño, los parabienes con que nos habéis deleitado quienes lo habéis hecho. Fueron unos prolegómenos divertidos y gratos y, el día D, tanto la ceremonia como la celebración fueron actos llenos de ternura, sorpresas y agradables momentos. Fue un día inolvidable.

Hace tiempo que no escribo: entre los quehaceres acumulados y la vorágine de todos los momentos vividos y que el ordenador no funcionaba, no ha podido ser. Discúlpenme quienes hayan querido leer alguna de mis chorradicas o cavilaciones. Discúlpame, Marisa. Espero ser más fiel o constante en lo sucesivo.

Después de la boda, nos fuimos al Magrib –según los naturales, así se llama Marruecos, y yo pretendo ser respetuoso con todiós-. Siguieron dándonos sorpresas, desde aquí –Latifa, nombre que significa amable, aunque sea de Marruecos, está aquí en Tauste, y la queremos porque es que hay que quererla- y, luego, allí: nos esperaba Abdullah en el aeropuerto y nos llevó a todos los sitios en seis coches distintos –se los prestaban, el suyo estaba en el taller-. Muhamad, su tío, nos acompañó y mostró cosas que no verán tan fácilmente ojos extraños a los ojos de allí, de Tánger.

No puedo hacer exhaustiva la crónica: sería enormemente larga. Tío y sobrino aman su tierra, su Tánger, como se debe. Y cada uno de manera distinta, y cada uno el mismo Tánger, pero según sus perspectivas. Muhamad, la historia y la calle y las gentes. Abdullah, la modernidad y su calle y sus gentes. Las dos vimos gracias a su generosidad, en ambas nos metieron, nos incluyeron. Y son críticos, que de pánfilos o cursis nada. Pero nos hicieron ver ese amor y nos mostraron lo amado.

Hay en Marruecos, como decía Muhamad, como en todos sitios, mala gente… pero poca. Y el natural de los lugareños, es decir, de la mayoría, de la buena gente, es amable y sonriente. Son tranquilos. Hay una frase, que ya ha aprendido también el foráneo, que dice mucho de ellos: “Prisa mata”. Es verdad, ¿qué prisa tenemos para acabar haciendo las cosas?

Como no quiero cansar, acabaré aquí diciendo algo que se me ocurrió, para resumir a mi Laura y Albert cuando me preguntaban acerca de aquello: en nueve días de Marruecos he aprendido más que en cinco años de carrera.

martes, 9 de febrero de 2010

DEL LACONISMO Y BELLOS ATROS DANDALOS



Las cosas como son, en esta tierra da pampurrias correr en muchos momentos, en los momentos –muchos y grandes y duros- del cierzo. Menos mal que me gusta hacerlo, a pesar de todo.

Ayer purniaba. Y corro yo con las garras al aire. Y las purnas de ayer no eran como las que pueden caerte en verano. Lo soportaba, pero iba jodido. Menos mal –siempre encuentro algo bueno, algún menos mal- que no me rafian la una contra la otra –las garras, digo-. Mateo me decía que debía ir como él, más tapado, más abrigado. Me estaba poniendo negro, con su sapiencia.

Ayer es que los hados estaban juguetones, porque, al poquico de salir, inopinadamente, nos encontramos con una variante cortándonos el paso. Allí estaba, recién inaugurada y atestada de vehículos. Uno de Horcona nos salpicó bien, aunque, claro, es lógico, porque había agüica en el piso y porque nosotros, si queríamos cruzar, que queríamos, teníamos que apostarnos bien cerca y atentos. Como si cruzáramos la emetreinta de Madrid, vamos.

Llegamos a un lugar en el que te pasan poncima unos cables muy grandes, entre dos torres de ésas del estilo de Eiffel, y nos quedamos mirando aturdidos: nunca habíamos oído tal ruido. Pasamos mucho por allí, pero jamás nos habíamos encontrado con ese estrapalucio. No nos asustamos, sólo fue sorpresa. Y ya no discutimos.

Ahí, en ese momento y sitio, me vino a la cabeza La cónica, alguien que ha entrado a comentar en la anterior –y escasica o escueta- intervención mía. Se me ocurrió que pudiera ser poeta, ella. Al fin y al cabo, la poesía entiendo yo que ha de ser algo parecido a eso, a brevedad, a laconismo. Más bien, quizá, concisión: se ha de saber decir mucho de manera escueta, de manera intensa. Y de la manera más artística de la que se sea capaz. No lo había leído Mateo, me dijo, pero coincidía con mis apreciaciones. Tampoco sé de ella yo, le decía, esto sólo es elucubrar: con ese nombre, nombre que se elige adrede, pudieran ir por ahí los tiros –luego, esta mañana he entrado por su perfil y me he dado cuenta de que atiné, creo-. Aún seguimos con el dandalo un rato. El caso es que, purnia purniando, a la vuelta malos esbarizones nos pegábamos, que casi paicía que patináramos, en lugar de correr, por culpa del chabisque que se había formado. Y, dandaliando, no sé a quién de los dos, le salió del esmo un escurrimiento: pudiera tener asociada la poesía una forma cónica. Por su pureza y sencillez de líneas –aunque, a la vez, tan difíciles de copiar, de perfeccionar-, por su apuntamiento directo y nítido hacia el cielo -¿estará el Parnaso allá arriba?-, por su base perfecta, que es, a la par, base y cobijo… en fin, no sabemos si nos influyeron los electrones locos de los cables enormes de alta tensión que parecían estar festejando algo gordo, o muy cabreados, cualquier cosa cabía, para entretener nuestras neuronas en tales devaneos.

Ya en Tauste, aún hubo una tontada que decir: si fuera en masculino, o sea, laconico –así, sin tilde-, podríamos decir que es un brazuelico del cerdo. ¿No?

Ya veis, esto es grato, después de todo: hay gente que quiero, pero que había dejado de frecuentar, que aparece gracias a este coso. Hace muy poquico, Feli Lagranja. Y mira que está cerca, pues vive en Zaragoza. Y mira que tengo su número de teléfono –sus, que el del fijo también lo tengo- pero, en fin, cosas que pasan. Eso es, que pasan o que pasamos.

Pues nada, esta cosa va dedicada a ambas dos, a La cónica y a Feli.

miércoles, 27 de enero de 2010

COSAS POCAS


Hoy estoy lacónico.

Pero aún diré que nos entretenemos, a veces, en tonterías. Y luego se nos escapa el gato.

Bien, tras tiempo sin producir, y por añadir a lo dicho en otro sitio, he aquí algo importante. Hay que hacer campaña, por supuesto. Si maese Manuel tuviera a bien dar el visto bueno, en su calidad de historiador en general, más que como fundador de la R.A.T.A., quedaríale agradecido.

Hoy estoy lacónico, lo sé.

lunes, 11 de enero de 2010

EL INVIERNO, QUE SIGUE


Pues sí. Desde el año pasado no lo veía yo. A Mateo. Y se nos ocurrió salir a correr a revueltas de barro y cierzo. Cosas nuestras: queremos preparar los 10 k del Roscón, una carrerica nueva que hacen en Zaragoza el día de San Valero. Por si nos sirve de preparación para el MAPOMA, más que nada. Pero también por disfrutarla, que el recorrido parece de muy buen piso, y por llevarnos un roscón a la calçotada en Tarragona, donde nos vamos esa misma tarde, allí, con Marialuisa y la tía Luisa.

Más o menos por la Canaletal Indio ya me había contado casi todas sus peripecias de la Nochevieja y alrededores. Y yo le fui contando lo que me gustó El Burgo de Osma. Lo que me gustó y lo que me hizo pensar. Y lo que me impresionó. Pero también le hablé de Ucero, que es donde nos hospedábamos, en la casa Turismo Rural de Ucero, y donde tan bien nos trató Rosa. También le hablé de los chipirones, denominación de origen, que nos papeamos en el Mesón de San Bartolo, allí en Ucero: todos los días, salvo el 1 –y porque cerraron- nos comimos una racioncica, con Juanabad y demás personal. La atención que nos dispensó Ángel, nuestro querubín, también es digna de encomio. En fin, aún estuvimos en San Leonardo de Yagüe, en la Ermita de San Bartolomé, ya en el Cañón del río Lobos, en el Mirador de Galiana, vimos lo que se podía del Castillo de Ucero… lo único que no pudimos hacer de lo que teníamos programado fue recorrer el Cañón, pero no por falta de ganas o disposición, sino porque era imposible hacerlo, tras tanta nevada y tanta agua. Volveremos, ya se lo dijimos a Rosa, ya. Por mayo o por ahí.

Ya llevaríamos unos cinco km. cuando iniciamos la vuelta a casa Mateíto y yo. Aunque había que mirar al suelo por los charcos, el cierzo nos daba de espalda, así que un inconveniente nos habíamos quitado, ya no éramos cheposos como a la ida. Y es entonces cuando se ve Tauste. Y se ve que a Mateo le recordó esa estampa algo de lo que habíamos conversado otro día: me dijo que si había leído lo que había escrito Jaime, comentando mi anterior entrada del blog. No había podido hacerlo aún, al estar desconectado en grado sumo. Me explicó algo de lo que había dicho y me dijo que él piensa que, en todo caso, las pegas que pudiera poner el famoso Administrador de la propiedad de Uno quizá tengan que ver con las peleas intestinas que mantiene con los Danzantes o con las políticas que mantiene, si no con la corporación municipal, con algunos de sus miembros. Y yo le dije que no sé, no sé, que no conozco al administrador ése. Él decía que interés, desde luego, no parece tener por arreglar la Iglesia de San Antón, pues fácil tiene acceder al informe que Jaime hizo y publicó en el boletín del Patiaz, para pasárselo tal cual a Otra cosa y, si Una cosa y Otra cosa dijeran que no, que no quieren ayudar, entonces podría criticárseles, a la vez que aplaudir a Uno y a su Administrador de la finca. Pero, por ahora, quien no hace lo que debe es esta última parte citada. Mateo cavila mucho. A mí sólo me queda decir que, mientras, aquí no se hace nada. Sea quien sea el causante -o el dejante-, San Antón va de culo.

Y, en fin, acabamos embarrados pero muy satisfechos, pues habíamos tardado, tras tirar de nuestros tóxicos acumulados estos días de tanta burrada, más o menos lo mismo que veníamos tardando en hacer ese recorrido con menos inconvenientes. Así pues, estamos en la buena senda para hacer el MAPOMA en unas tres horas y media.

¡Que 2010 sea el mejor año que hayáis vivido hasta el momento en cuanto a la felicidad!

martes, 29 de diciembre de 2009

CHARLANDO CON MATEO


Mateo y yo nos frecuentamos mucho.

Hoy, mientras corríamos, le contaba que uno tiene una propiedad que no usa. Hay a quien le gustaría que se usara. Si quisiera, podría adecentarla y, así, conservarla para que pudiera ser útil. Y para otros menesteres, hay quienes quieren que se arregle para otros menesteres. Pues bien, para ello, una cosa sufraga el 60 % de las obras necesarias. Otra cosa sufraga el 20 %. Uno, pues, sólo tendría que correr con el 20 % de los gastos. Cada año se le pasa a uno –o al administrador de sus fincas o como se llame esa figura- un papel para que lo rellene, escribiendo una memoria o proyecto o algo así, pues el gasto, tanto una cosa como otra cosa, han de justificarlo, son las peculiaridades de esas empresas. Cada año lo deja pasar, no sé si uno o su administrador, pero el caso es que nunca se responde a las empresas que correrían con el 80 % del coste de la obra. Mateo no se corta y me suelta que una de tres, Uno –o su administrador- es gilipollas o de mente torcida y ánimo avieso o un gilipollas de mente torcida y ánimo avieso.
Como sigo corriendo en silencio –yo es que de estas cosas no entiendo-, se vuelve hacia mí y me espeta: ¿hablas de algo que yo conozca? Y le digo:

Cast in appearance order:

-Uno: la Iglesia, o el Arzobispado de Zaragoza, vaya.
-Propiedad que no usa: Iglesia de San Antón.
-Quien: Casi todo el resto del mundo mundial.
-Una cosa: Degeá.
-Otra cosa: Ayuntamiento de Tauste.
-Administrador de la finca: Párroco de Santa María de Tauste".

lunes, 28 de diciembre de 2009

PARROT'S, VALDECARRO, FACEBOOK...

Cuadrillica del Parrots, antes de las lagunas

Nada, que no hay manera: había pensado escribir una a modo de crónica acerca de la fiesta del Parrots, del vigésimo quinto aniversario de su existencia, y no pude. No pude porque me faltaban muchos datos para que tuviera un mínimo de enjundia lo que pudiera escribir. Y porque no he conseguido averiguar mucho: eran –y son- muy parecidas las lagunas de aquellos a quienes he pedido ayuda con el fin de llenar las mías. Y porque dudaba mucho, al fin el Parrots es un bar, nada más. Así que ha pasado el tiempo y el blog paralítico parece.

Quería haber empezado a decir del tiempo pasado. Que yo casi vivía allí. Que Carlos Garcés, una vez que vinimos de ver un montaje sobre Maqui Navaja, hablando de los personajes, me dijo que me veía como a él, como al Maqui, precisamente –aún no sé si eso quería decir algo bueno para mí o lo contrario, igual se lo pregunto cualquier día-. Que Carlos Pérez controlaba el asunto de los elepés de una manera imposible de ver en otro sitio y a otra persona, por el gusto, por el acierto, por la velocidad y por la vista. Que allí, con mis disfraces, era el sitio en el que me desenvolvía; que aún recuerdo el primero, cuando aún había una barandilla, y me miraba el personal sin reconocerme y sin máscara que me ocultara.

Carlos y un cantante que cayó puallí

Que arreglábamos el mundo conociendo gente, creábamos cosas, revistas, escritos. Que lo hacíamos envueltos siempre en música, en música de verdad, de cualquier tipo, mezclados todos, mil gentes, universitarios y no universitarios, mil edades, mil ideas…

Que también aprendí a jugar (algo) al guiñote a parejas, al Trivial, al Pictionary. Al futbolín no: yo soy de la escuela de futbolín de Pichi y eso es suficiente, no tuve que aprender, sólo practicar lo sabido. A los dardos, electrónicos, sí, empecé a jugar en el Parrots.

No me cuacaba, ya digo, no estaba muy por la labor de hacer semejante homenaje, pero no me arrepiento: me he dado cuenta de que era un sitio distinto, donde no había distancia, donde todos cabíamos. Era ecléctico, libre, respetuoso con todo dios. Divertido, espontáneo. Imaginativo –no hay más que ver los eslóganes-, creativo. Y, sin embargo, sin alardear de grandes cosas… ahora bien, quien ha venido, ha vuelto: mis hijos, por ejemplo.

De todos modos, fijaos en que -ya lo he dicho antes-, a priori, no me parecía para tanto. Sin embargo, me apetece acabar diciendo que ni soy parrero ni parrotero, soy del Parrots (sin cosa de pertenencia o posesión).

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Os conellos escabecháus, feitos por Pepa y Pili respeutibamén
Días después, en Valdecarro, en un concurso de Conejo Escabecháu, quedaron en primera posición, ex aequo, los que presentaron Pili Rayado y Mariajosé Echegoyen, ambos de estilos diferentes y ambos exquisitos. En los postres, aunque no se había previsto concurso, se decidió que la tarta Turmann y otra de manzana, ambas creadas por Cristina Aragüés, merecían también una calificación de primer premio, así que se mencionan también.

Tarta Turmann y de manzana (from Cris, the Polita)

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Finalmente, aun habiendo sido sólo unos pocos de los muchos avatares de todo este mes largo que llevo sin escribir aquí, mencionaré a Facebook porque, bien empleado, sirve para muchas cosas: encontré –me encontró, mejor dicho- mi amigo Luis Garrido, que hacía 30 años que no sabíamos uno del otro; encontré a mi prima Macu, que también hacía algún diíca que no sabía de ella y, aunque tenía posibilidades llamando a mi tío Pepe, ha estado bien entrar en contacto por aquí. Y mi amiga Marisol, mi amiga, a pesar de haber sido compañera de curro, también me ha pillado, de manera que estaremos en contacto a partir de ahora.

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Y ya está, que Jorge me dice vago por no escribir y no es por eso por lo que no escribía: es porque me equivocaba, porque quería decir muchas cosas… y, seleccionando, no escribía ninguna. Porque se me ocurren demasiadas y, por no aburrir, las dejaba pasar. A lo mejor a partir de ahora lo hago de otro modo. A lo mejor.

sábado, 21 de noviembre de 2009

NO SÉ SI ESTÁN LAS COSAS CLARAS


Estaban ¿cómo decir?, enardecidos cuando llegué ayer a su altura, en el Parrots. Como que ni se dieron cuenta de que estaba allí.

Rafa decía que a ver si lo entendía Miguel, con un ejemplo. Proponía imaginar que en Cajiz celebran una carrera por aquellos montes de la Axarquía de 10 kms. En Iznate, que está muy cerca, a un par de km., celebran otra, el mismo día, y con una distancia igual como recorrido. Hay algunas diferencias. Por ejemplo, de Iznate se sale un poco más tarde, media hora más tarde, por ejemplo. Otra diferencia es que, mientras en Cajiz todo está organizado como en estos casos se suele, es decir, con un seguro contratado para que cubra cualquier accidente, ambulancias, etc, así como la entrega de premios a los tres primeros de cada una de las categorías –habiendo el mismo número de éstas para cada sexo- y una bolsa con productos de la tierra y una camiseta conmemorativa a todos los inscritos que lleguen a la meta, en la de Iznate sólo se conceden unos premios, mayores que los de Cajiz, pero sólo a los tres primeros que lleguen. Ni seguro, ni premios por categorías, ni nada más. Juan Antonio, uno que se conoce bien la zona, decide inscribirse a ambas. Sale de la de Cajiz, o al menos pasa por el control de dorsales de antes de la salida, pero se va, con una moto en la que le lleva Manolo, a Iznate, y llega a tiempo de salir corriendo. Pero, ay amigo, cuando llega el primero al repecho de “Los Claros”, se tuerce un pie. Menos mal que Manolo estaba pendiente de cualquier eventualidad, así que, como es una zona común a ambas carreras, aunque no pasen por el mismo lugar, le ayuda a pasar discretamente al recorrido de la carrera de Cajiz, en la que ese lugar es, ya, la parte final de la misma, sólo quedando unos quinientos metros de bajada hasta llegar a la meta, allí en la explanada de entrada al pueblo, en el mismo lugar desde el que se había dado la salida. Entra renqueando, le dan la bolsa del corredor, le tumban en la ambulancia, le curan y lo mandan al hospital de Málaga con el que la compañía aseguradora tiene concertada la atención a prestar a sus asegurados. Le hacen una maravilla de cura, con una férula de ésas que no pesan, hinchables… etc. Además, y mira qué suerte, como resulta ser el único inscrito de su edad, a pesar de no entrar en los primeros lugares, es, por ser el único, el primero, con lo que consigue 300 €. Claro, todo esto se conoció al cabo de los meses, pero no pudo demostrarse, y el siguiente año la compañía de seguros subió a Cajiz la prima, con lo que se tuvieron que rebajar los premios y regalos. Hubo quien hizo lo mismo que el año anterior Juan Antonio, volviéndose a repetir, pero con más listillos, el asunto. En esta ocasión, ni siquiera había lesiones, sólo que, cuando vieron algunos que no iban a conseguir nada en Iznate, se cruzaron a Cajiz. En la próxima edición, la aseguradora puso tan alta la prima, que la carrera no se pudo celebrar.

Intervine yo para decir que me venía a la cabeza un caso, y se lo iba a contar, para ver si yo había entendido lo que en esta parábola nos había contado a Miguel y a mí. Resulta que mi amigo Lifa trabajaba mucho –eso es verdad, era un currante tope, no era malfainero, no-, y ganaba mucho. Todo. Es decir, no cotizaba a la Seguridad Social ni a nada, era un obrero muy trabajador, pero nada más. Yo le decía que me parecía mal porque no consideraba que vivía en una sociedad que se basa en que todos hemos de sostenerla con nuestras aportaciones. Si queremos servicios, hemos de aportar algo para mantenerlos. Es, Lifa -le decía yo-, como si no siendo socio del Tauste quisieras tener los beneficios que serlo te da derecho. Él era muy displicente con esto cuando lo sacaba yo a colación. Decía que no quería mantener vagos. Pero, Lifa, le decía yo, piensa en ti, realmente en ti, no pienses en los otros si no quieres, tú querrás tener algo cuando seas viejo. Sin embargo, si no cotizas, te quedará una pensión muy baja, y eso porque funcionan los servicios, que realmente no te correspondería ninguna, pero hay, según creo, un mínimo. Él decía que quería los billetes ahora, que más adelante no pensaba. Mira por donde, y me jode, aún no tenía los cuarenta cuando se le declaró una enfermedad que lo dejó imposibilitado para trabajar. Cuando fui a verlo, en casa con sus padres muy mayores, estaba muy triste porque, con lo activo que él era, no podía sino estar allí quieto, moviendo, en un aparatejo rehabilitador, una mano y el brazo correspondiente. También, me miraba y me decía que le había quedado una pensión misérrima, me miraba con expresión de culpa. Al cabo, a Lifa volvieron a operarle el cerebelo y poco después murió. Lo sentí mucho. Era buena gente.

Tras un leve silencio, Rafa me dijo que sí, que venía a cuento mi cuento. Le dije que, por desgracia, no lo era, que era cierto. Y habrá más casos así. Le pregunté que de qué hablaban, por cierto, cuando llegué y trataba de hacerse entender por Miguel. Me dijo que por una cosa que habían leído en un periódico.

viernes, 13 de noviembre de 2009

PRENSAMIENTOS


Leo desde ayer en diferentes medios las declaraciones del portavoz de los obispos, Juan Antonio Martínez Camino, acerca del proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Entre otras perlas, entresaco una que dice este individuo: "Los católicos que mantengan que es legítimo quitar la vida, incurrirán en herejía y, por tanto, la excomunión". Por desgracia, aún soy oficialmente católico, así que, como mantengo que es legítimo el aborto y, según, él, eso es quitar la vida, estoy incurriendo, públicamente además, en herejía. Así pues, reclamo mi “pena”: excomúlguenme de una vez ya, que no hay manera. No, no tengo posibilidades de elección. No tuve la ocasión de decidir cuando, recién nacido, me incluyeron en su club. Y ahora no veo cómo borrarme, ahora que puedo tomar decisiones. Fijaos en que hasta Jorge Fernández Díaz, numerario del Opus Dei, dijo al hilo de las declaraciones-disparate arriba referidas, entiendo que con un atisbo de ironía, que “Creía que la Inquisición había desaparecido hace varios siglos".

Pero, puesto que no merece la pena seguir por estos derroteros, hablaré de otras noticias del club católico que también tuve ocasión de conocer ayer. En The Washington Post se leía que la Archidiócesis Católica de Washington había decidido chantajear a las autoridades de la capital estadounidense para que dejen de apoyar una ley que permita los matrimonios de personas del mismo sexo. ¿Cómo?, fácil: la Iglesia amenaza con dejar de prestar los servicios sociales que hasta ahora viene realizando. Susan Gibbs, portavoz de la archidiócesis, dijo al periódico que "Si la ciudad necesita esto, nosotros no lo podemos hacer" (que no pueden seguir prestando los servicios, si se aprueba la ley). Peter Rosenstein, que es una autoridad de esa ciudad en lo que a servicios sociales concierne dijo: "El problema aquí es que están utilizando los fondos públicos para permitir que la gente discrimine a las parejas gays". En fin, esto es un resumen. Así se las gastan.

Y se pueden ver más cosas, dichas por el club, ésta por el jefe supremo: se pronuncia en contra del uso del condón precisamente en África, justo antes de llegar a Yaundé, donde tanto infectado hay por el HIV –el virus del SIDA-. Hecha en el avión, es su primera declaración explícita sobre el tema, que incluso ha dividido al clero que trabaja con las personas contagiadas. ¡Tela!

También me enteré ayer -¡qué denso fue el día!- de que, orientada a jóvenes de entre 14 y 17 años, el Consejo de la Juventud y la Consejería de Igualdad y Empleo de la Junta de Extremadura han impulsado una campaña de educación afectivo-sexual, programa que se llama El placer en tus manos. Explican los responsables que las charlas tratan “la sexualidad y, sobre todo, la afectividad de forma objetiva, sana, sencilla y cercana”. Dicen que los contenidos de la campaña tienen como objetivo desmontar “los falsos mitos que surgen en los corrillos de los jóvenes” y la educación en la sexualidad de “forma sana y coloquial”. Además, el curso abunda en temas relacionados con “la autoestima y el autoconocimiento del joven”, trabaja la “no violencia” y explica “cómo tener una pareja de forma sana”. Para la consejera de Igualdad y Empleo extremeña, Pilar Lucio, el objetivo de la campaña es “fomentar la igualdad a través de la mujer” y “hacer educación afectivo sexual para prevenir embarazos” no deseados entre los jóvenes. Pues bien, diarios como La Razón rebautizan el programa como “los talleres de masturbación” de la Junta (supongo, sólo supongo, pues no he tenido acceso a pronunciamiento alguno, que también estarán en la misma onda la Iglesia Católica –me refiero todo el rato a la institución, al club oficial - y el grupo o colectivo que hay quien ha dado en llamar, junto al PP y los medios del estilo del mencionado, “la caverna”). Se podría decir ahora el consabido “sin comentarios”, pero no, no lo voy a decir, voy a hacer comentarios porque me viene todo ello al pelo para llegar a donde quería.

Pretendí dar un curso en la Casa de Cultura al que puse el nombre de “Emociones y sexo”. Expliqué que la pretensión es la de acercarnos a la sexualidad sin cuerdas ni mordazas, en libertad, para, con el conocimiento y la educación, manejar nuestras emociones y poder vivir de manera plena, placentera, satisfactoria, relajada. Para, en fin, ser lo más sanos y felices que podamos. Iba dirigido a personas de cualquier edad y orientación sexual, a cualquier persona que sienta la sexualidad como un aspecto más del desarrollo humano y personal, no sólo a jóvenes –que también-, como los extremeños. Sin embargo, no se va a impartir, pues no se ha alcanzado el mínimo indispensable de inscripciones para ello: diez.

Irónicamente se puede decir que el motivo es que todo el mundo sabe todo del sexo y, por tanto, a qué asistir. Creo, sin embargo, que la realidad es que el tema sigue inspirando lo que llamamos “respeto”, que sigue siendo tabú. Habrá quien se manifieste respecto a la noticia extremeña en contra de La Razón y, sin embargo, no acude a este tipo de cursos. Es más, puede que haya quienes quisieran pero, por el precio, no pudieran. No proclamo que sea obligatorio asistir como única e imprescindible manera de vivir. Sólo digo que pienso que es una pena porque creo que nos hubiera enriquecido a todos, pues no tenía pensado darlo en formato de lecciones magistrales, con argumentos irrefutables e ideas y recomendaciones directivas. Pensaba hacerlo de manera que todo el que asistiera participara de verdad, aportando visiones, interpretaciones, dudas, etc. Quería procurar, como suele decirse tanto hoy, la “interactuación”. Bueno, en cualquier caso, me hago cargo.

No he hecho enlaces para que no os distraigáis, pero podéis leer cada cosa a la que me refiero tracamandeando en el google, que sé que lo sabéis hacer.

jueves, 12 de noviembre de 2009

MON VOYAGE À PARIS


Un pedestal, sin inscripción alguna
y sin estatua alguna (están locos)

Mi querida, mi muy querida y añorada Mireille:

He estado callado, pero no quieto, durante todo este tiempo. Claro, ha habido bastantes cosillas. Como ya te he dicho, he estado en París, entre otras. En tu Paguí –hay que ver, cómo se pega el deje-. Y te envío imágenes que me parecen adecuadas (ad hoc, te acuerdas, ¿no?).

Nunca había ido yo por allí. Aunque soy muy de mirar, ver y disfrutar la arquitectura, amén de otras artes, fíjate que no me seducía tanto, quizá por haberlo visto en muchas fotos y películas, por resultarme tópico. En fin, que tenía ganas, pero no de lo típico.

Es verdad que es digno de ver, eso no lo voy a poner, siquiera, en entredicho.

Para empezar, nuestro hotel estaba en el corazón de Montmartre. Al primer sitio que fuimos –antes, incluso, de subir las maletas a la chambre à coucher- fue al cementerio del Norte, al Cimètiere de Montmartre. No soy mitómano, precisamente, pero me gustó ver la tumba de Truffaut, lo austera que es. Me gustan mucho sus películas –“Les quatre cents coups” bien sabes que es una de las que prefiero de toda la filmografía mundial del mundo-. Vimos también, cómo no –está en la entrada, bien grande- la de Zola. Y nos encontramos con las de Stendhal y Berlioz –ah, su "Symphonie fantastique"-.


La tumba de Truffaut, mi edad tenía cuando murió

Después nos asomamos al Mercado de las Pulgas. Luego, al Sacré Coeur. En fin, fuimos por zonas completamente turísticas. No me apetecía a mí ver tanto turista. Quería ver a los indígenas parisinos. Quería ver cómo se desenvolvían. Lo conseguí por la zona de la rue Lepic, cerca de la Place de Clichy –que, por cierto, menudos precios llevan los restaurantes que me recomendaste en esa calle, La Divette du Moulin y el Lux-. Allí abajo, en Pigalle, como parece habitual, el Moulin Rouge suele defraudar. Pero yo me lo esperaba, así que me dio igual. Sí que me fijé en algo de lo que no os había oído hablar, y que está al lado, le Musée de l’érotisme.

El día siguiente al de la llegada, como habíamos quedado con Christophe y Amélie en la puerta del museo de Rodin, pero por la tarde, nos fuimos por la mañana a ver cosas. Nada más llegar a les Tuileries, había una mani en contra de Lagerfeld, que exponía la moda prêt-à-porter de la primavera que viene. Decían las pancartas que tenía las manos manchadas de sangre. Y seguí disfrutando del modo de desenvolverse los indígenas parisinos –que, dicho sea de paso, llamo indígena al parisino de cualquier color, sexo o edad al que se le nota, y se le nota, no por el glamour, como me dijo alguien antes de ir, sino, no sé, otra cosa, otro estilo, quizá el indígena de París es “chic”-. Se les ve hasta haciendo deporte, hasta a una mujer mayor, a las mil y mona, paseando el perro por la calle Damrémont, sin preocuparse de que la miren. Y, además, las indígenas mujeres, jo, en general, qué guapas, qué atractivas son (fíjate en la reportera de la derecha de la foto de ahí abajo, la de la mini negra).


Bueno, que me voy del tema y va a salir muy larga esta carta. Te quiero reprochar que no me avisaras de que existe el museo de L’Orangerie. Menos mal que, curioseando la manifestación y las manifestantas, fotógrafas y modelas, vimos allí al lado una edificación y, como prisa no teníamos, nos acercamos a ver qué era. Menos mal. L’Orangerie, el templo, se me ocurre decir, de Monet. Disfrutamos de Les Nymphéas. Por supuesto, no menosprecio a Paul Guillaume, ni a Cézanne, Renoir, Rousseau, Modigliani, Matisse, Picasso, Derain, Utrillo o Soutine, ni, en fin a todo lo que hay allí, pero los Nenúfares, no sé si decirlo, lo eclipsan todo. Para mí, claro. En fin, lo disfrutamos. Y no nos cansamos: es pequeño y se puede ver con calma y por entero.

Después nos dimos la paliza de, andandito, acercarnos por la Avenue des Champs-Élysées hasta la Place de l'Etoile para ver el Arc de Triomphe. Luego de subir (dos veces) los no sé cuántos escalones que tiene, volvimos a bajar y nos metimos hacia Les Invalides, pasando por entre Le Grand Palais y Le Petit Palais, para atravesar el río por el Pont Alexandre III (algo hortera ya es, ya). Y de allí al Musée de Rodin. Éstos no habían llegado aún, así que, como era pronto y supusimos que lo conocían, nos metimos. Y, no te lo pierdas, algunas de las esculturas que faltaban están expuestas en Málaga hasta enero de 2010. A ver si aún me da tiempo de bajar y verlas.

Le Penseur

Cuando salimos, allí estaban los dos esperándonos. Y se sorprendieron de que apareciéramos por su retaguardia. Fue muy agradable nuestro encuentro, hacía dos años que no nos veíamos –bueno, con Amélie he estado este verano en el Pirineo, pero ésa es otra historia-. Fuimos paseando hacia L’Ile de la Cité, para ver Notre Dame y todo eso. Pero, lo mismo que les dije, te digo: sin quitar mérito, pues lo tiene, me cansaba de ver semejantes suntuosidades. Muy bien hechas, muy majas, pero, por un lado, tantas y tan similares y ordenadas, y, por otro, eso, tan suntuosas, me cansaban. Llegamos al Orsay y, jolín, qué decir, es difícil decir alguna palabra nueva, si no imposible, para calificarlo. En L’Ile, empiezas con La Conciergerie, sigues por la Petit Chapelle, le Marché des Plantes –por cierto, los periquitos allí están más baratos que aquí, las jaulas no, que son mucho más caras-, Notre Dame... qué sé yo, es todo una maravilla. Y, otra vez por cierto, se celebraba algún acto litúrgico y aquello estaba atestado, para que luego digas que aquí el personal es beato. Pero, en fin, mejor ir tranquilo y, por supuesto, no dejar de observar al personal, eso de ninguna manera –bueno, vuelvo a lo mismo: los turistas son, o somos, iguales en todos los sitios, yo me refiero, aunque me digas pesado, al personal de allí, los indígenas, los "chics" parisinos-.

La Sainte Chapelle chapada: había un concierto y
menuda forma -cutre- de anunciarlo

La parejita estaba fresca, y nos propusieron dar un paseíto por Montparnasse, barrio Latino y eso. Pues nada, emprendimos y por el Bvd. Saint Germain seguía alucinando viendo cosas y viendo gente, pero los kilos de metros que llevábamos andados estaban haciendo mella ya en nuestras piernas. Nos metimos en un Bistro –al que nos invitaron ellos, que nosotros vamos pelín escasos monetariamente hablando-, al lado mismo del boulevard, el Chez Toutoune. He averiguado –me lo dijo la loca de Amélie- de dónde procede la palabra Bistro –o Bistrot, como se prefiera-. No sé si sólo es una de las teorías o leyendas, sin que sea la segura, pero me la quedo, es la que más me gusta. Aunque no sé por qué, quizá por lo que signifique de eclecticismo, de lo contrario del chauvinismo, estereotipo tan parisino, por otra parte. Ya me dijo que tú también lo sabías. Nos recompusimos muchas partes del cuerpo, y charramos mucho y bien. Quedamos, además, en que el día siguiente ("al otrol día", no te olvidas, ¿verdad?) nos pasearíamos por algún otro sitio, conociendo nuestros gustos, para que no todo fuera ver cosas típico-tópicas. Eso sí, a partir de las cuatro o así, pues trabajaban. En el Toutoune no sólo es provenzal la comida: aún no nos habíamos sentado cuando empezó a sonar Les copains d’abord. El bueno de Brassens; me encanta que me aparezca hasta en la sopa –después de ella, famoso primer plato del lugar, nos comimos unos "moules" que para qué quieres más-. Y nada, hablamos de ti. Mireille, los cuatro estuvimos de acuerdo –aunque Mariajosé te conozca menos, también te conoce- en que, aun siendo tu amado Sète la leche, no parece que te esté haciendo bien seguir tanto tiempo allá. Todos creemos que, o te vuelves a Paris, o te vienes a Tauste, que son los sitios en los que has sido feliz y has estado en tu salsa. Sète es precioso. Es tranquilo. Es... muchas cosas es. Pero en Sète te consumes. De todo, de inactividad, de melancolía, de todo lo pasado y de ti misma. Te digo esto porque te quiero, no para fastidiarte.

Chez Toutoune


Bueno, que sigo. Nos acompañaron hacia la parada del metro de la rue du Bac. Justo antes de llegar, inopinadamente, apareció la iglesia de Saint-Germain des Prés. Nadie me había advertido y, chica, eso sí que fue un impacto. No me lo esperaba. Me dejó tocado. Muy impresionado me quedé. Es imposible saber qué me resultó de más maravilla, si el interior o el exterior (dentro de la iglesia, la Chapelle de Sainte Geneviève -es el nombre de mi madre, por cierto-, es la que ves ahí arriba).

Roberto y Mariajosé, en La Grande Place de Bruselas

Llovía a mares el siguiente día, así que nos fuimos en bus (por cierto, allí no vimos pagar ni a una décima parte de los indígenas, tan “chics” ellos, que se montaron. En Bruselas, donde también sucedía eso –bueno, allí no vi a nadie pagar, no al diez por cien, sino a nadie-, no me extrañó tanto. Bruselas, siendo también cosmopolita, la percibo joven o, quizá, más provinciana -aunque no estoy seguro de haberme explicado bien, sé que me entiendes- y, por tanto, ese acontecimiento es más de esperar. En Roma he oído que sucede lo mismo. También, y en este caso porque son italianos, bueno, romanos, es algo que no suena a inusitado, incluso, por el contrario, parece que piensas que así ha de ser. Pero París es ecléctico y no lo es desde ayer. Incluso Bruselas, aun contando con tantas culturas entre sus componentes, me parece que aún no ha llegado a asimilarlas todas, aún hay estanqueidades muy marcadas. En París, como toda megaurbe, habrá zonas e incluso “ghettos”, no digo que no, pero la cosa está asimilada, como te digo, la cuestión cultural existe no en lo uniforme, pero sí en cuanto a que existe el indígena parisino –que, por otra parte, no creo que tenga que ver con la patochada que a Sarkozy se le ha ocurrido con lo de la esencia de lo francés-, que es una persona compuesta de muchas culturas asimiladas que forman un ser completo y equilibrado o armonioso... aunque, pensando en “La elegancia del erizo”, se me viene abajo el "chambao"). Fuimos, como te digo, al Louvre y esas cosas, todas muy chulas. Yo, desde muy joven, tenía ganas de ver el Centro Pompidou. Y, por fin, lo conseguí. Días después, pocos, en el Caixa Forum de Madrid, vimos un monográfico de arquitectura y una sala entera fue para Richard Rogers, quien habló en un vídeo de Renzo Piano, y Gianfranco Franchini, los tres que lo habían diseñado. No me digas que no es casualidad. Luego, y aunque con no muchas ganas, nos encaminamos a Les Vosgues. Y, nueva sorpresa, el acceso, por obras, era a través del Jeu de Paume. ¡El Jeu de Paume! Sin buscarlo, sin haber programado verlo, me di de narices con él. Otra suerte. En Les Vosgues nos reímos viendo los precios de las casas, pero, sobre todo, por las comisiones de las inmobiliarias: había una que se vendía por tres millones y tres cuartos y la inmobiliaria percibía un millón setecientos mil. En serio. No sé cuánto podrá costar la casa de Victor Hugo, que está allí, en el número 6 me parece. Vente pa España, Mireille, que te lo puedes permitir.

Un pedacico del Jeu de Paume

Bueno, que he de abreviar. Nos encontramos a eso de las cuatro en la Place de la République, tras subir desde la de la Bastille.


Una lección de aparcamiento

Nos llevaron, tras pasearnos por el Port de la Rapée, nuevamente al Pont Neuf, donde nos montamos en un cacharro de la empresa, creo, "Les Vedettes du Pont Neuf" para dar la clásica tournée de una hora por la Seine. Y después, en su coche –tela, cómo conducen estos indígenas, si hay embotellamiento, que los hay cada dos por tres, se van al otro carril o lo que haga falta, eso sí, no vi mosquearse a nadie, aunque tocan la bocina rápido, pero sin acritud, en serio te lo digo-, fuimos a Jazz em Montmartre. Es una zona muy guachi en la Place des Abbesses, rodeada de árboles, en la desembocadura de la calle Vieuville a la plaza, ahí está ese rinconcico. Está enfrente, te lo digo porque me hizo gracia, del llamado Mur des je t’aime... Están al aire libre, que no te lo había dicho. Allí tuvimos la potra de ver el trío de free jazz que forman Andrew Cyrille, Oliver Lake y Reggie Workman. No me extiendo, porque no va a caber la carta en sobre alguno, pero ya hablaremos de ellos cuando nos veamos y nos dé por hablar de música. Sólo te digo ahora que lo pasamos de miedo.

Ahí, más arriba del metro, está la zona que te digo

Después nos dejaron en el hotel y nos despedimos, que salían para Berlín al día siguiente –no sé a qué congreso asistían- y, cuando volvieran, ya nos habríamos marchado nosotros. Quedamos en vernos, contigo, en breve, aquí o donde sea.

Al día siguiente, en fin, nos acercamos al Musée de L’érotisme. Tampoco había oído hablar de él, como te he dicho al principio. Está en Pigalle, por si lo desconoces –bueno, qué tontería: puedes buscarlo en internet-. También lo disfrutamos. Tomé nota de algo que había escrito allí. Te lo escribo, para ir acabando:

"Contrairement à l’Occident, où le plaisir a toujours été considéré coupable, en Orient, le sexe y était considéré comme source de félicité et de santé".

Ya sabes que me gustan los dessins de Barbe. Voilà

(vimos una exposición suya en Le Musée de L'érotisme)

Pienso volver a París. Espero verte, Mireille querida, allí.

Un beso.


Para quienes no sepan francés, ahí va la traducción del párrafo: "Contrariamente a Occidente, donde el placer ha sido siempre considerado culpable, en Oriente, el sexo era considerado como fuente de felicidad y de salud".

Y por si queréis saber o ver más cosas -Mireille las conoce todas, creo-, ahí pongo algún enlace:



sábado, 31 de octubre de 2009

MI PRIMERA TARAZONICA

Ahí estamos casi todos

Hace unos años, allá por el 2000, escribí en una revista que se llama CORRICOLARI una especie de crónica del primer Maratón Popular de Madrid (MAPOMA) que corrí. Hace unos días, el pasado domingo, el 25, corrí mi primer “Tarazonica”. Quedé con Rosa Angoy en que escribiría algo sobre ello. Y aquí va.

Primero he de decir que de Tauste fuimos unos cuantos: Rosa Angoy, Julio Bartibás, Salvador Borgoñón, Francisco Castillo –que no está en la foto-, Santos Cuartero, Luis García, José Manuel Lampre, Guillermo Martín –que tampoco andaba por allí cuando nos tiraron la foto-, Rodolfo Navarro, Moisés Pola, Jesús Ángel Salas, Luismi Sanjuán e Ismael Vallés. Todos ellos llegaron a Tudela antes que yo. En la foto aparece también el hermano de Luismi, José Antonio.

En 2002, y como solía hacer, dentro de la preparación para el MAPOMA de aquel año, corrí dos semanas antes el Medio Maratón de Málaga. Me lesioné en una pierna, por circunstancias. Erróneamente, sin recuperarme del todo, hice el MAPOMA, por lo que acabé de fastidiarla. Desde entonces, y aunque he ido saliendo a correr, pues me gusta, no he llegado a estar bien, no he llegado a estar como estaba –es decir, hacer carreras largas a una velocidad de entre cuatro y medio y cinco minutos el kilómetro de promedio-. Es algo a lo que aspiro llegar y pienso conseguir.

Desde entonces, o sea, hace siete años, no he hecho corriendo más de 10 kilómetros, ni siquiera entrenando. Quise apuntarme a la carrera del CSIC, que son 10 Km. por Madrid, pero el día 26 de septiembre ya no había plazas –y la carrera era el 18 de octubre-. Así que, como creía que, aunque algo justico, iba a tener tiempo de prepararme los casi 22 de la del Tarazonica, y no me fiaba de volver a quedarme fuera, me inscribí. Me fui a Paguí –ya os contaré-, estuve en Madrid, en fin, que la fecha de la carrera se acercaba y yo no estaba realizando una preparación en condiciones. Bueno, sí, técnicamente, pero me faltaban kilómetros.

Al final, las dos últimas semanas, hice un buen entrenamiento controlando mucho el volumen del mismo, y me lancé. Cuando íbamos en el bus desde Tudela a Tarazona, con Ismael a mi derecha, oyendo a unos que hablaban de hacer a cuatro veinte la primera mitad y a cuatro quince la segunda, me acordaba de otros tiempos y me acongojaba: si el control, como se decía, lo cerraban a las dos horas y cuarto, no podía subir de promedio de seis minutos el kilómetro. No las tenía todas conmigo, ya he dicho que llevaba siete años y medio sin subir de 10 km.


Esto es el inicio del inicio

En Tarazona me dijeron que, desde el Polideportivo hasta la salida oficial había alrededor de un kilómetro de salida neutralizada. Por tanto, decidí ahorrar al máximo: mi calentamiento iba a consistir en ir hasta la salida oficial, ni un metro más. Así que me quedé quieto y tranquilo, nos hicimos la foto, me puse el cachirulo... todo bien. Y Rosa me pidió que la acompañara, se ve que confiaba en mi experiencia. Yo, en cambio, desconfiaba de mi preparación. Es más, me estaba empezando a parecer una temeridad, una inconsciencia, tratar de recorrer 21 kms y pico.

Y empezó aquello. Rosa marcó el ritmo, yo controlaba los tiempos cada kilómetro. Ella iba de cine, yo, viendo los tiempos de paso, algo menos: hasta el 14, todos los hicimos en menos de 6 minutos –el que menos tardamos, el 4, lo hicimos en 5’ 12’’ y el que más, el 14, en 5’ 58’’-. Como ella iba bien, contenta, sobrada, y yo empezaba a notar algo, le dije que se fuera a su marcha, que era ella la que me había estado llevando y no al revés. ¡Qué gracia!: me hizo prometerle que llegaría. A partir de entonces, solo, iba haciendo lo que podía, y lo que podía era ir a entre 6’ 18'' y 6’ 35’’. A punto de llegar al 17, que fue el que hice en 6’ 35’’, vi que hay que subir y bajar un puentecillo sobre alguna carretera. Una vez abajo me di cuenta de lo que me pasaba realmente: llevaba la zapatilla izquierda demasiado apretada. Sólo me faltaban unos 4 kilómetros. Iba bien de todo, o sea, no cometí el error de hacer una carrera demasiado larga tras muchos años, tampoco el de cebarme con un ritmo que no pudiera soportar. No, cometí el error más tonto y de más novato que puede cometerse: atarme mal el zapato. El cabreo que pillé fue descomunal. Nada más pasar el 18 noté un dolor agudo, casi imposibilitante, en la pantorrilla derecha. Me asusté, pensé que ya había vuelto a lesionarme el tríceps sural derecho. Dudaba en parar a andar un poco. Pero pensé que, seguramente, no hubiera podido reanudar la marcha, así que decidí seguir. Cuando llegué al 19 vi que ese último lo había hecho en 7’ 04’’. Exclamé un joder que me salió del alma y busqué un modo de pisar en que no doliera la pierna o doliera menos. En esas iba cuando llegué al 20 y había vuelto a bajar de 7. Mira por donde, conseguí una pisada en condiciones cuando me puse a la par de un mozo, me dolía mucho menos, me encontré cómodo a un ritmo fuertecillo y acabé haciendo los últimos 1.642 metros –es lo que midió el GPS de Jesús Ángel- en 7’ 33’’, o sea, a cuatro cuarenta y siete.

Pobrecico, cómo acabó

El segundo dedo del pie izquierdo lo tengo hecho una piltrafilla: al atar mal la zapatilla, fue sufriendo microtraumatismos (uno cada pisada y fueron unas cuantas). Para compensar, la pierna derecha trabajó mal y más, de manera que se cargó. Si hubiera parado cuando la noté, no hubiera podido acabar, y no me he retirado nunca de ninguna carrera (pedestre, digo). Aparte, no creo que, por cuatro kilómetros, esté peor. Aunque no me hace gracia haber cometido ese error, me alegro de haber hecho lo que hice. Ni siquiera noté agujetas, a pesar de haber hecho más kilómetros de los preparados y de haber ido pisando mal: eso confirma que el entrenamiento fue bueno. Ahora espero recuperar pronto la pierna –no volveré a cometer el error de 2002, cuando corrí el MAPOMA dos semanas después de lesionarme-, no creo que llegue a tiempo de correr el Campo a Través de Tauste, pues es el día 15, pero reanudaré en cuanto pueda los entrenamientos para prepararme el MAPOMA de 2010, con la intención de hacerlo a 5’. Salgo de esta prueba convencido de que mi entrenamiento era bueno. Y, una vez más, de que en estas carreras andar bien de cabeza tiene mucho que ver con el rendimiento. Es más, me he acordado ahora de algo que suelo comentar, nunca he notado el famoso muro de los 30 en mis cinco maratones. Algo querrá decir eso, ¿no?

(Rosa, creo, como Jesús Ángel, que puedes tirar más, al menos, según te iba viendo hasta que dejé de verte... pero se puede arreglar, aunque tampoco hay que inflarse)

lunes, 28 de septiembre de 2009

UN BUEN DÍA


Bueno, pues ayer, por fin, fue un día bastante agradable.

Lo empecé con el grato regustillo que me había dejado haber visto la Contradanza de Cetina la noche del sábado, en Remolinos, como colofón del día de la Comarca de la Ribera Alta del Ebro, centrándome en el disfrute de las muestras de Dance de varios pueblos de la zona. Por cierto, recordaba que me parecieron comportarse de manera poco atinada los de las televisiones en los actos que se desarrollaron en Tauste como consecuencia del luctuoso suceso de la semana pasada –supongo que sólo es su trabajo, pero hubo momentos y lugares en que metían el micro y enfocaban la cámara que no me parecieron oportunos- porque no identifiqué a ninguna grabando los dances que se exhibieron en Remolinos. Hay un dicho que dice No news, good news (no hay noticias, buenas noticias). Pero, si le damos la vuelta: Good news, no news (buenas noticias, no hay noticias), dice lo que he hablado antes.

Bueno, a lo que voy: aún saboreaba el ritmo machacón de la música y la plástica de las mudanzas de los danzantes -¿o contradanzantes?- de Cetina, cuando leí en El Periódico de Aragón un titular en el que se resaltaba un comentario de Alberto Larraz, nuestro Consejero de Economía, que decía: "El decrecimiento este año irá de tres a cuatro puntos negativos". Desayunar leyendo eso me pareció lo mejor, porque, claro, si el decrecimiento es de puntos negativos, entiendo yo que eso significa que va a haber crecimiento, ¿no? O sea, si algo baja negativamente es que sube. De manera que, aunque no entiendo de economía, ni alcance yo a saber en qué me va a afectar que crezca, me parece que he de ponerme contento... ¿o me estaré equivocando?

Aún siguió el día dándome satisfacciones, pues el CAI Aragón ganó al Natur House Rioja, al que no había conseguido ganar en la pretemporada, y sigue habiendo ganado todos los partidos de la Asobal; el Tauste, haciendo un partido majete, ganó al Villanueva, y el Zaragoza, del que sólo pude ver la segunda parte, ganó con todo merecimiento al Getafe.

Así que no me quejo del día de ayer, no.

viernes, 25 de septiembre de 2009

AUNQUE LLUEVA


Leo un artículo de Ignacio Escolar, en la Contraportada del diario “Público”, en el que dice: “Aquellos que piden que PSOE y PP pacten los grandes temas de Estado pueden dormir tranquilos... Puede que ante cuestiones menores, como la educación o la justicia, el consenso sea imposible.” Habla luego de que la gran coalición siempre está ahí para salvar la patria y sus valores. Y cita cuatro ejemplos de esos asuntos de gran trascendencia: la regulación de la prostitución, el aumento de tropas en Afganistán, la no promoción de fiestas en las que se maltratan animales y la reprobación –que no- de las palabras del Papa contra el condón. No niego que sean importantes estos cuatro temas, pero, jo, llamar cuestiones menores a la educación y a la justicia, me parece temerario y me parece inconsciente.

Pienso en los libros de los que he hablado en la anterior charrada y pienso en el asesino –no presunto, joder ya, que lo vieron unos cuantos- de Benjamín Gracia el martes. Igual, a él y a otros así, les podría venir bien leer –y asimilar- ese tipo de libros. Igual esta sociedad tiene que reflexionar algo más y condenar algo menos –o condenarse a sí misma-, porque probablemente, a la vista de los asesinatos de tantas mujeres por sus parejas, de un chaval en el metro porque pensaba de manera distinta, de la chica de 16 años del otro día... o de Benjamín, a la vista de todo esto, como digo, concluyo que la que falla es la sociedad, que no ampara a sus miembros, que los hace víctimas y verdugos.

José Luis, el alcalde, cuando dijo en público que se suspendían las fiestas, habló de que había que reflexionar sobre lo sucedido. Y creo que sí, que se impone hacerlo. Seguro que tenemos todos un dandalo, un runrrún, cada cual el suyo, pero todos alguno.

La sociedad, pienso, es algo más que la suma de sus partes, es decir, que la suma de quienes la componemos. Sin embargo, también creo evidente que su entidad, la cualidad existencial y esencial, se la damos los individuos; en el fondo, es un ente abstracto que nos sirve para echarle culpas y quitarnos responsabilidades individuales. Por tanto, creo que hemos de reflexionar cada uno, que es, por otro lado, como únicamente se puede hacer eso de verdad. Una vez obtengamos alguna conclusión, tenemos que actuar con consecuencia. Así podremos conseguir que cambie el conjunto, el grupo que somos y que llamamos sociedad; la que juzga y condena a sus miembros, pero también la que los educa y por los que ha de velar. En todo caso, hemos de seguir preguntándonos por qué suceden estas cosas y cómo conseguir que nunca más sucedan. Y no inhibirnos en cuanto a comportarnos según hayamos decidido que debemos.

En el tanatorio, con Carmen Gracia Longás, recordábamos nuestros juegos de chicos por los graneros de su casa, yo, por la proximidad en cuanto a edad, con Jesús más bien, aunque también, y no poco, con ella. Durante el silencio en la Plaza, pensaba también en María Dolores y en los dos hijos que les quedan, Enrique y el pequeño, que no recuerdo su nombre... y, aturdido, sigo pensando en que habrá que pensar que algo pasa cuando alguien decide que va a matar a otro, y no deja de hacerlo. A lo mejor le pareció ser menos algo, menos hombre por ejemplo, si no cumplía lo que se había propuesto hacer. También éste es una víctima, aunque haya sido el verdugo.

No son asuntos de pequeño calado, pero no por ello hemos de reblar: hay que afrontar para ver de resolver. La familia no quiere venganza, malo sería. Hay que ayudarles, hay que estar con ellos; este chandrío nos atañe a todos. Igual la educación pudiera servirnos para saber convivir. No entiendo, insisto, cómo pueden ser temas menores la educación y la justicia, ni cómo pueden dejarlos en segundo plano quienes gobiernan. Así sí que vamos aviaos, desde luego.

(Veo que ha sido esto un batiburrillo, una tormenta de ideas y palabras, pero, como no me veo capaz de ordenar ni de expresarme mejor, supongo que por el agolpamiento de emociones y cavilaciones, y como no quiero dejar de decir lo que me pete, aquí -y así- lo dejo)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¿QUÉ ES LO MISMO?


El desbarajuste en el que me he visto inmerso a lo largo de todo este verano, acentuado en los últimos veintitantos días, iba acabando, dejando paso al sosiego que me es preciso para poder sentarme y decir cualquier cosa aquí delante, de modo que ayer iba a ponerme, por fin, manos a la obra. Quería decir acerca de las dobles morales y la autoayuda. Pero, al enterarme del asesinato de Benjamín, el estupor me dejó en silencio.

Hoy, algo más calmado, me pongo, a ver qué tal.

La doble moral, el doble rasero es palmario en lo que ha sucedido en Benidorm. Y no me refiero a que el PP critique ahora a otros lo que ese partido hizo allí mismo. El tema del transfuguismo me huele raro. Resulta que no es ilegal que alguien decida cambiar. Y, sin embargo, es vilipendiado como en otros tiempos lo hubiera sido un apestado: hay un pacto antitransfuguismo. Que se respeta, aparentemente, según convenga a los respetadores. A mí me da por pensar que no haría falta ese pacto si no fueran las elecciones mediante listas cerradas. Pero, ya que lo son, también me da por pensar que, quizá, la persona tránsfuga o desertora o como se quiera llamar, puede que cambie de ideas de manera real y sincera. Es decir, que lo haya pensado, que cambie porque su conciencia así se lo dicta. Porque, vamos a ver, eso que se llama disciplina de partido a mí me parece dictadura de partido. Lo más antidemocrático de una democracia es un partido, visto de esta manera. Y, desde luego, si la Constitución a la que tantas veces se refieren y tanto reverencian, según convenga, ampara estos hechos, contraviniendo, como se ve, ese pacto “conveniente”, habrá que deducir que, o no está bien hecha, o no se sabe –o no se quiere- aceptar las reglas que se inventaron para convivir en democracia. O esos pactos no son del todo democráticos, sociales, lógicos o humanos. O qué sé yo: en todo caso, he aquí lo que decía de los distintos raseros, las distintas varas de medir, la doble moral de los morales.

Hay muchos, pero muchos, muchos, que denuestan a los libros de autoayuda y a quienes los leen. Pues bien, quizá por mi profesión, he tenido que observar y analizar algunos de esos tratados. Y no todos merecen ser juzgados de manera peyorativa (me viene a la cabeza, por poner sólo un ejemplo, pero hay muchos más, el libro de Martin E. P. Seligman titulado “La auténtica Felicidad”, libro que nos recomendó en un curso Santiago Gascón, profesor de Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza). Hay personas a las que sirven, como puede servirles el Tao, por ejemplo. Les hacen conocerse y les ayudan a mejorar. El hecho mismo de intentarlo, el hecho de acercarse, de buscar, ya les da puntos a favor. Nos dice que esa persona tiene, por resumir, buenas intenciones y ganas de aprender y de crecer.

Quizá no hayan leído los tránsfugas de Benidorm ningún libro de este jaez, pero hayan decidido, de buena fe, que es mejor para su pueblo hacer las cosas como las han hecho. También puede que sí, que hayan aprendido cosas de esos libros y hayan sido consecuentes con los dictados de su conciencia. Puede que no obedezcan a dictados interesados, o de intereses personales y egoístas. ¿Por qué hemos de creer, en todo caso, que son unos frívolos mercachifles?

Yo prefiero creer en la buena fe del personal, me es más cómodo. Podéis pensar, también, que soy un ingenuo... y, joder, ahora que lo pienso al releer, que barro pal PSOE. Pues no, quede claro que no: no defiendo a ese partido, ni a ninguno. Lo dicho más arriba respecto a los partidos lo digo por todos.

martes, 1 de septiembre de 2009

... Y ALLÍ ESTUVIMOS

Bueno, pues sí, allí estuvimos unos cuantos.

Lo que leyó Fernando, ya lo tiene referido Marisancho. Creo que la jornada, el ratico aquél, estuvo bien. Hubo gente.

Yo firmé un papel en el que se decían cosas a reivindicar. No estuve en desacuerdo con esas cosas, por ejemplo, exigir que se firme un protocolo de actuación en estos casos. Al parecer, un par de meses no hace aún que se firmó uno, que no ha servido de nada, porque uno de sus puntos decía que tienen potestad para decidir que se entre en estos terrenos los torpes que ahora la han liado. Así que, en fin, estuve de acuerdo, como digo. Sin embargo, eché de menos pedir que se vayan, que se vayan los militares. Si no es posible que desaparezcan, que se vayan, aunque sea a la mierda. Pero no, no vi que se pidiera esto.

También vi que se pedían compensaciones... y vi allí a alguno que otro que no creo que tenga mucho que ver con los conceptos juntos de monte y comunal. O su desfachatez es mucha: tiene en el monte comunal de Tauste edificada una parcela para su uso privado. Edificada y vallada. Me parece que pertenece a un partido –o alguien significado de su familia- que estuvo reivindicando lo mismo que, en mi opinión, menoscaba con su actitud. Es más, hay tribunales que han sentenciado que ha de derribar y pagar una multa. Así pues, su presencia allí era una falacia. Y con la mía nada tenía que ver.

Me gustó la actitud en general, me gustó lo que leyó Fernando. Y que se plantara una sabina. Ya digo, eché de menos el apartado que digo en el papel a firmar y de más al individuo del que hablo.

Siento que no sea éste un escrito tan positivo o tierno como el de Marisancho. Pero lo que he dicho tenía que decirlo.