DIGNIDAD
domingo, 26 de julio de 2020
NEFANDA ESTÚPIDA SOBERBIA NEFASTA
lunes, 20 de julio de 2020
COMO UNA FUTESA... PERO NO
He salido esta mañana, por primera vez desde marzo, a andar y a
correr. Esto último no podía hacerlo de sopetón, no me lo permiten la carencia
de entrenamiento ni los kilos de más que arrastro. Así que, de los siete, he
corrido 3 kilómetros. Y me he enfadado y me he propuesto escribir por ello. Sé
que me pasaré de las 399 palabras, pero me da igual.
Iba con mi mascarilla, de las azules, similar a las que alguna vez me
tocó ponerme cuando andaba por los quirófanos. No iba mal mientras andaba, aunque
lo hiciera rápido. A los dos kilómetros he empezado a correr. Y sí, era tal la
dificultad, que me he enfadado.
Propugno hacer lo que se nos dice respecto a ese artilugio. Es decir,
usarlo: se me han muerto por el COVI19, que yo sepa, tres personas queridas y
otras tres, al menos, también muy queridas, lo han padecido, así que, si no
hubiera estado convencido antes… Hace unos días, un doctor en mascarillología,
trabajador de un comercio de aquí al lado, me llamó la atención porque llevaba
puesta yo una mascarilla como la que podéis ver en la foto. Me dijo que no era
útil. Al preguntarle que por qué, no supo responderme sino: “porque no piensas
en los demás”. ¡Vaya argumento! Yo procuré calmarme y hablar de manera educada.
Él seguía. E insistía, me daba cuenta, en tratar de indisponerme con los demás clientes.
Menos mal que nadie le hizo caso, ni siquiera su compañera de la otra caja. Lo
dejé. Y, como, días después, otro doctor del ramo, el de las mascarillas,
también me reprochó que la llevara, diciéndome asimismo que no sirve –quien, por
cierto, no portaba, ni siquiera en el bolsillo, tal objeto-, mi Pepa me pidió,
por favor, que no la usara más, que no tenía ganas de más enfrentamientos con este
tipo de “sabios policías”. Pero esta mañana me he cabreado y la usaré.
Voy a explicarme. Bueno, uebos me es decir antes que, al menos un juez
y la dueña de un comercio, aquí en Zaragoza, las usan. Y nadie les ha
recriminado por ello. La utilidad puede verse: es un material, plástico,
impermeable. No voy a explicar lo que hace 43 años estudié, sobre epidemiología
y profilaxis, ni sobre las gotitas de Pflügge y las de Wells. De modo sencillo
diré que, cuando nos sonamos, nos ponemos el pañuelo debajo de la nariz, con
muy bien criterio, pues los mocos van hacia abajo. Hacia el bigote, digamos.
Cuando hablamos, o escupimos, lo hacemos hacia delante –incluido el campeón del
mundo del deporte de escupir huesos de oliva-. Así pues, esa mascarilla,
construida con ese material, es más eficaz que la que portaba el primero de los
doctores en mascarillología, porque impide el paso de nuestros mocos y nuestra
saliva al ser barrera y al ser impermeable. Además, su limpieza es eficaz. Y
sencilla. Y me permite respirar con mayor facilidad. Por ejemplo, para hacer
deporte.
El señor trabajador que me quiso poner en evidencia llevaba puesta,
como digo, una de las azules, de las comunes. Yo di por sentado que no hacía 4
horas desde que la hubo estrenado. Y que la había manipulado correctamente. No
vi que se lavara las manos de ningún modo cuando, apareciendo desde el fondo
del establecimiento, se instaló en la caja, pero no supuse que hubiera habido
interferencias desde que lo hubo hecho, o sea, que no tocó algo que lo hubiera
podido contaminar y que me pudiera contagiar a mí. Este señor no sabe de mis
dolencias. Ni de mi mascarilla. No sé cómo se llama ni me importa. A él lo que
le preocupaba era que mi mascarilla es más cómoda –estoy seguro- e indisponerme
con las demás personas que había allí, lo que no habla en su favor. En cuanto
al trato con personas, tengo experiencia: no me costaba nada dispensar el trato
respetuoso que todos merecemos -y de ello puede dar fe Manolo Sarria-. Si
vuelvo a ese comercio –que frecuentaba y al que no he vuelto aún desde aquel
día- y me vuelve a decir algo, a lo mejor me dirijo a sus empleadores por su
bien, para que lo apunten a cursillos de habilidades sociales y mejore en su
desarrollo profesional. Y personal.
Mañana correré con mi mascarilla perita.