DIGNIDAD

jueves, 13 de marzo de 2014

MIS MEJORES RATICOS DIARIOS



Hoy, como casi todos los días, he madrugado. Madrugo porque busco el rato en el que el silencio es todo, aunque a menudo todo quede en momento. Es cuando aún no ha llegado el estridor diario con sus estridentes noticias. Sus ruidos.

Hoy es un día especial para mí. Hace dos también lo fue, se cumplían los primeros 10 años desde el estruendo y el estupor del infierno en los trenes de Madrid. Hay curiosas casualidades: José Antonio Labordeta, aquel hombre bueno y humilde y sencillo, de quien tengo muy buenos recuerdos y a quien mucho añoro, cumplió 69 años el día anterior al del atentado. Desde entonces, uno que había sido alumno suyo, un botarate zascandil, un indeseable e insensato facineroso, no sé si estropeado o estorbado, o simplemente defectuoso de mollera, como muestran sus comportamientos –suscribió a Labordeta, sin avisarle, a una publicación maoísta-, ha estado continuamente achacando la autoría de los asesinatos de aquel 11 de marzo, y demás mutilaciones y secuelas, a quién sabe qué urdimbre judeomasónica, siendo consciente de que mentía. Como es imposible dilucidar para qué lo hacía, con un mínimo seguro de razón, digo que algún defecto ya tiene, ya.

Una vez la radio conectada, como anteayer y como mañana, muere la calma. Renace la cotidiana estridencia. La que hace que piense que el venezolano Maduro está verde para la democracia y sus contrincantes apetecen arrebatarle el poder, detentándolo pues. No creo que lo quieran para procurar la igualdad de todos los que allí respiran.

Se aplaude que en Ucrania, como pasó en Irak y en Egipto y en tantos otros lugares, sean derrocados los electos, sin escatimar en fuerza bruta: la cosa es que caigan. Se destrozan tierras creando guerras para vender armas y muerte, pero que nadie huya ni entre ni nos incomode en nuestros países.

Muchos desafueros y muchas mentiras. Y mucho olvido hipócrita ¡Qué estupidez, la humana! La única estupidez.


(Para no cansar, decido decir todo en trescientas cuarenta y tres palabras: siete por el cuadrado de siete. Me gusta el siete)