DIGNIDAD

sábado, 5 de mayo de 2012

DE MENTIRAS Y ACOJONES



Cada día empieza igual: mal. Malas noticias, mal humor y malas caras, tristeza…

Todas y cada una de las medidas tomadas, todas en el campo de la economía, significan o conllevan o acarrean un incremento en el deterioro del modo de vida al que estamos acostumbrados. Y eso supone bofetones a nuestra dignidad, incremento en la tristeza vital. El personal, me he fijado, ha cambiado el semblante, ya no se ven tantos risueños y ves más adustos. Incluso el color de las caras ha mutado, ahora a más pálido y a cetrino.

Todas y cada una de esas medidas, de esos cortes (en Hungría hay una palabra, postriziny, que me gusta cómo suena pero no lo que significa, por el “hoy en día”: tijeretazos), son errores: asfixian a los ciudadanos, o sea, asfixian la economía grande. Es así, si revientas la microeconomía (la hogareña, digamos), la repercusión en la macroeconomía es la consecuencia. El personal va a ir yéndose a la mierda. Se incrementará la mala leche y se incrementará el desánimo, lo que, como ya dije en otra ocasión, los psicólogos y esas gentes llaman la Indefensión Aprendida, o sea, se incrementarán los suicidios. A lo mejor, cuando vayamos viendo parejas de viejos muertos con una regularidad ampliada o con una frecuencia mayor que la actual, tengamos que sospechar otras causas, además de la “violencia de género”. Aunque al principio las empresas de pompas fúnebres sean las que mantengan algo el tipo, acabarán por arruinarse también, como todas las demás: ¿de dónde se van a sacar los dineros, que no se sabe dónde están, para pagar entierros, si los vivos viven peor cada día? ¿Quién va a poder pagar y qué?: se podrá acabar llegando a no poder producir qué consumir y eso porque no se puede comprar lo producido. Así pues, como digo, al garete se va la sociedad como la tenemos concebida y conocida.

El caso es que yo pensaba que esta sarta de estupideces se cometían porque los que están por ahí gobernando son políticos de bajo nivel, de baja estofa, en fin, políticos o gobernantes idiotas –por ser inteligente dijo Unamuno a su criada que no se metía a político cuando ésta le preguntó-. Sin embargo, no es el problema la idiocia en el caso de los Brey, la Hermana Nodriza, Luis, el Arruinabancos, etc. Es distinto el asunto de Angelines, la teutona tontona, pues su problema, procediendo de donde procede, teniendo la edad que tiene y habiendo vivido lo que le haya tocado, es un caso en el que resulta claramente apetecible ahondar a los profesionales del ramo, o sea, los psiquiatras, los psicólogos clínicos, los sociales, los antropólogos… No, la idiocia, ya digo, no es el único problema (es jodido ser idiota, ser malo, malo de mala persona, y tener poder): corten lo que corten, no servirá para arreglar la economía (los especuladores son con los políticos y el mundo en general como la Herta Frankel con Marilín, que, siendo “la perrita más lista del mundo”, era una marioneta) y se irá todo a tomarpolculo. Hay que salirse de esta rueda, hay que salirse de este sistema y, si nos quedamos, está claro que hay que meter mano al fraude fiscal. No me mientan más cada mañana y cada viernes. Que sí, que son una sarta de imbéciles, pero lo son sin buen fondo porque diariamente mienten y carecen de honradez, y esa combinación es muy mala.

Y lo acabo de decir, una de las medidas, precisamente, no sólo no es fastidiar a los funcionarios que hay, sino incrementar su número: son precisos más inspectores para que pueda desmontarse el fraude fiscal. Ése sí que es un problema y atajarlo conllevaría mejoras en la economía.

Si, aún así, son los especuladores –ya vale de eufemismos: llamemos a las cosas por su nombre- los que siguen dando órdenes al resto de títeres, no queda otra solución que reconocer algo evidente: este sistema, el capitalista, es funesto, ha fracasado y hay que ponerse a construir otra cosa.

Hoy estoy vehemente. Y más cosas estoy hoy.

1 comentario:

JAIME CARBONEL dijo...

Pues sí, Roberto. Es indignante lo que está pasando en el mundo. "Ellos" provocan una crisis de la que se benefician directamente, traen la hecatombe y, ahora, encima, hay que seguir echándoles millones a espuertas para que no se hundan a costa de que se hunda el resto del mundo. Una gigantesca macroestafa a nivel casi mundial, un feroz ataque especulativo por parte de unos pocos hacia millones y millones de personas. Lo que más miedo da no es la pobreza que se avecina, sino las barbaridades inimaginables de que es capaz el ser humano, que nunca aprendemos y siempre destrozamos cinco cosas con el pretexto de que hay que arreglar una y que al final ni la arreglamos. Eso sí, fútbol no nos falta.